Patricio Navia: “No conozco a ningún concertacionista que sea un entusiasta apoyador de Frei”

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El primero de octubre marcó un hito para la campaña presidencial de Marco Enríquez Ominami. Ante un salón del edificio Telefónica repleto de conspicuos integrantes de la taquilla nacional, el hijo de Miguel Enríquez asistió al lanzamiento de “El díscolo”, libro dedicado a su persona, y presentado por dos colosos de la intelectualidad local: el historiador Alfredo Jocelyn Holt -su amigo- y Patricio Navia, el autor. Al primero ya lo entrevistamos; con el segundo, conversamos sobre las motivaciones que lo llevaron a registrar una serie de entrevistas con el hiper-ventilado candidato y los por qué de su público apoyo a su campaña.

Conversar con Patricio Daniel Navia Lucero (39) es sinónimo de auscultar las elecciones presidenciales con un médico autorizado. Probablemente, buena parte de su visión de mundo se origine en una infancia y juventud itinerante, que incluyó el pasar por diversos colegios de Punta Arenas, Los Ángeles y Concepción, para finalmente radicarse junto a su familia en Estados Unidos (su padre era un pastor adventista). Allí se graduó en Ciencias Políticas y Sociología en la Universidad de Illinois, donde quizás asimiló algunas de las ideas liberales que moldearía con el tiempo; aquellas que principalmente descartan la presencia de un Estado omnipotente que indique a las personas cómo manejar su vida, desde sus ahorros previsionales hasta sus costumbres y hábitos personales.
Así las cosas, en pocos años, este Master of Arts en Ciencias Políticas de la Universidad de Chicago y PhD en la Universidad de Nueva York se transformó en una de las voces más creíbles del análisis de la coyuntura política nacional, como imperdible panelista invitado en programas de debate al estilo de “El termómetro” o “Tolerancia Cero” o escritor de columnas publicadas en medios como La Tercera y Revista Poder. Incluso, su currículum mediático incluye medios extranjeros, en célebres programas de la TV gringa como Weekends with Connie and Maury de la MSNBC e intervenciones para, CNN en Español, y “Desde Wall Street” de CNN.
Quizás por todo su perfil analítico y mateo (es profesor asistente adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Nueva York y director del magíster en Opinión Pública de la Universidad Diego Portales), es que a más de alguien le extrañó que Patricio Navia, el cientista político de la TV, decidiera entrar de lleno en la actual carrera presidencial apoyando de manera declarada al candidato díscolo del sistema: el ex PS Marco Enríquez Ominami (MEO).
-Usted donó un millón doscientos mil de pesos a la campaña de MEO ¿No teme que su público apoyo a este candidato afecte su credibilidad como politólogo?
-Un millón doscientos mil pesos que no es nada; las campañas presidenciales deben costar como dos mil millones. O sea, el hecho de que yo haya donado un millón -que para mucha gente es mucho- es también para subrayar un punto: un millón de pesos no hace nada. Para que la campaña se financie, Marco, Frei o Piñera necesitarán más o menos 10 mil donantes como yo. Y no los hay. Por lo tanto, hay gente y empresas que van a donar mucho más.
-Las empresas siempre han apoyado a quien estimen, convenga a sus intereses.
-Pero las empresas no votan, votan las personas. Las empresas no tendrían por qué donar plata.
-Es entendible el punto de que el financiamiento sería más transparente y sano si fueran las personas quienes votan y no las empresas. Pero, si bien en Estados Unidos la mentalidad es diferente respecto a estos temas ¿no cree que en Chile sí podría afectar su credibilidad el mostrar su apoyo hacia un candidato?
-Te lo voy a plantear de la siguiente forma: ¿tú crees que hay analistas políticos que no tienen preferencias políticas? ¿Crees que esos analistas políticos sacan sus preferencias políticas cuando hacen análisis? Intentan hacerlo, concedamos. Pero nosotros no sabemos cuáles son sus preferencias.
-Pero no es generalizable… en el caso de El Mercurio, es evidente la tendencia de cada uno de ellos. Y al mismo tiempo hay muchos, como Fernando Villegas, por ejemplo, que han preferido no abanderizarse con un sector político, sino más bien actuar como un francotirador.
-Fernando Villegas es fundamentalmente un opinólogo que gana su sueldo de esto, el vive de esto. Yo llego a dar clases a la universidad y escribo en el diario explicando ciencia política; perfil académico, y como académico, tengo derecho a hacer estas cosas. Fernando Villegas se encasilló, lamentablemente, en esta idea del columnista díscolo, que está contra todo siempre. Por lo tanto, su propio personaje no le permite que tome posiciones, de hecho él tiene que estar siempre contra todo. Yo, desde que comencé a hacer análisis político que defiendo el libre mercado, la democracia y la competencia, y a partir de eso planteo mis posturas políticas (…) yo anuncié en el diario que apoyaba a Hillary Clinton porque en Estados Unidos todas las personas que colocan plata para las campañas lo tienen que hacer públicamente. Los diarios en Chile se pusieron a buscar quién había votado por quién, en Estados Unidos es al contrario, las cosas son mucho más transparentes. O sea, a mí me encantaría que existiera eso aquí en Chile, y que sepamos que Ascanio Cavallo trabaja en una empresa con Eduardo Frei y que, probablemente, Ascanio Cavallo ha votado siempre por la Democracia Cristiana. Y está bien, es perfectamente legítimo. O Fernando Paulsen que es Concertación, y que fue yerno de Belisario Velasco. Toda esa parte de la historia debería ser pública, y la gente decide si le cree o no lo cree. Yo no pretendería no tener posición política, es como que a un comentarista deportivo no le guste el fútbol.
-Justamente esta especie de doctrina por intentar una posición asceta se replica en el periodismo deportivo chileno: aunque es evidente que los comentaristas apoyan a determinado club deportivo, muchos aún tratan de ser lo más ecuánimes en sus relatos.
-Déjame seguir con la figura de la selección. Si la selección está jugando mal, Pedro Carcuro puede decir “ojalá que juegue mejor”, pero no puede decir “la selección está jugando súper bien”. Yo no te puedo decir como analista “Marco Enríquez Ominami le está ganando a Frei”, porque las encuestas muestran que no le está ganando a Frei. Te puedo decir, quedan 60 días, su curva es ascendente, pero tiene que ser ascendente más rápido para poder ganarle a Frei. Y eso es objetivo, eso es un dato de la causa que puede ser demostrado. Entonces, hay componentes del análisis político que son independientes de quién te gusta a ti.

“El díscolo”

Publicado por la editorial Random House-Mondadori, “El Díscolo” es un texto que reúne conversaciones realizadas entre Patricio Navia y MEO, en las que el diputado ex PS se refiere tanto a aspectos de su vida personal como a temáticas políticas, que incluyen su evaluación de los gobiernos de la Concertación o lo que haría en su primera semana de gobierno. Como introducción, Navia analiza a Enríquez como el “hijo ilegítimo” de Bachelet (tesis furibundamente rechazada por Jocelyn-Holt durante el lanzamiento) y el fenómeno de los “díscolos” que, asegura, será creciente en la política.
-¿Cómo conoció a MEO? La historia cuenta que fue durante el estreno de “Los héroes están fatigados”.
-Eso es falso, yo conocí a Marco el 2003, a los 30 años del golpe, en una fundación de Sergio Bitar que se llamaba “Aire libre” (o algo así). Él organizó un foro en el que participamos Marco y yo. El foro se llamaba “Chile la alegría ya viene: a 15 años del No”. Ahí nos conocimos y fue un exitazo, intentamos ser muy provocadores. El 2003 estaba toda la crisis de Lagos por el MOP Gate, los dos fuimos muy críticos de la falta de renovación de la Concertación; Tomás Moulián había escrito en 1997 “Anatomía de un mito”, así es que no era nada nuevo. Ahí la Revista Cosas de hecho nos invitó a los dos y nos hizo una entrevista y desde entonces hemos tenido una relación relativamente cordial, pero nunca nos veíamos mucho. El 2005 supe que fue candidato, pero nunca hablé con él; lo encontré un par de veces el 2006, siempre tuvimos como buena onda, pero no una amistad. Después interactuamos un poco más el año antepasado, cuando salió el libro “Las armas de ayer”, de Max Marambio, que me invitaron a presentarlo junto a Felipe Lamarca y Carlos Ominami (…) Y a fines del 2008, cuando estaba todo el desorden de candidatos de la Concertación, me junté una vez con Marco a conversar, y desde entonces fui uno de los más entusiastas promotores de que él se presentara a las primarias de la Concertación. Después me fui a Nueva York y ahí la Concertación decidió no hacer primarias, y recuerdo que le enviaba correos electrónicos diciéndole “tienes que participar, defiende tu derecho a participar, y si no te dejan, ándate por fuera porque la gente tiene derecho a decidir quién es el candidato de la Concertación”.
-Concluyo que estoy conversando con el arquitecto de la opción presidencial que le aguó la fiesta a la Concertación.
-No, no, yo sólo lo insinué a partir de los datos que mostraban las encuestas, la gente estaba pidiendo esto. Marco estaba en el trampolín y estaba viendo si había o no había agua en la piscina y yo creí que sí había agua. Pero aquí la valentía y la osadía fue de Marco.
-¿Por qué en un momento determinado decidió apoyar a MEO?
-En un comienzo, porque creía que la Concertación tenía que establecer mecanismos más democráticos de participación. Después, el mensaje de MEO me pareció un mensaje correcto. Yo tengo diferencias importantes con MEO: en el libro Marcos habla de la educación pública, a mí me da lo mismo si la educación es pública o privada en tanto sea buena. En el libro el dice que quiere un régimen parlamentario; yo no, yo quiero un sistema presidencial. Pero, apoyo a MEO porque sus sueños de Chile son mis sueños de país. Un país con igualdad de oportunidades, con mucha más justicia social, mucho más democrático, y eso no lo veo en Frei.
-Esos anhelos también están en los discursos de los otros candidatos.
-A Marco le creo. Yo siento que Marco es mucho más honesto que los otros candidatos. No sé qué quiere decir Frei, y en buena medida porque Frei ha estado cambiando su discurso dependiendo de lo que le conviene. A mí me encantaría saber lo que piensa Frei. Mi impresión, es que Frei, en el fondo, quiere cosas parecidas a las que yo quiero. Me gustaría que fuera lo suficientemente valiente para decir las cosas que él piensa y no lo que le dicen sus asesores (…) Y creo saber lo que piensa Piñera. Y lo respeto, pienso que es un tipo que le hace bien a la derecha en Chile, y si yo tuviera que escoger a un líder de la derecha para ser Presidente en Chile, Piñera estaría entre los nombres que yo seleccionaría. Pero creo que la derecha no entiende que necesitamos un país mucho más justo.
-Ud. ha señalado que Marco Enríquez “necesita demostrar que es el elegido de Bachelet para así superar a Eduardo Frei y medirse en la segunda vuelta con Sebastián Piñera”; un objetivo “difícil, pero factible”, asegura ¿Cómo podría lograrlo cuando lógicamente la Presidenta está alineada con el candidato de la Concertación?
-En todas las telenovelas pasa eso, hay un hijo ilegítimo que está por fuera y se tiene que ganar la confianza de la familia, y una vez que se la gana se convierte en el hijo oficial. Obviamente Bachelet no lo va a apoyar en la primera vuelta, pero si pasa a la segunda, se va a convertir en el candidato de la Concertación.
-¿Cree que en su corazón la Presidenta está más inclinada por Marco Enríquez o por Frei?
-Yo creo que a Bachelet no le va a costar absolutamente nada, y lo va a hacer con una sonrisa de oreja a oreja salir a apoyar a Marco si le gana a Frei. No así para Camilo Escalona y otros, pero entre el más entusiasta de salir a apoyar a Marco va a estar Bachelet. Acuérdate de los diputados caza-Lagos de la DC que terminaron apoyando a Lagos. En política esas cosas pasan (…) Si MEO le gana a Frei, va a ser el candidato de la Concertación, porque él va a gobernar con la Concertación.
-Cuesta imaginárselo, ha generado anticuerpos en muchos sectores oficialistas.
-La Concertación se ha tragado sapos mucho más grandes que apoyar a MEO. La Concertación en pleno salió a defender a Pinochet en Londres. Si la Concertación pudo hacer eso, apoyar a MEO no va a ser un tragarse un plato, va a ser comerse un plato. Y lo van a hacer con alegría, felicidad y entusiasmo. Se van a liberar finalmente si gana MEO, van a salir con tanta alegría, que van a aparecer estos nuevos conversos que lo van apoyar en las esquinas.
-¿No cree que de ganar Sebastián Piñera, Marco Enríquez Ominami arriesga demasiado su capital político? Podrían acusarlo de ser el destructor de la Concertación y el culpable de que la derecha haya llegado al poder.
-En el fondo va pasar uno a segunda vuelta. Si Frei no es capaz de ganarle a Piñera no es culpa de Marco Enríquez. Yo siempre digo que MEO es un poco “viagra” de Frei: al entrar garantiza una segunda vuelta. Sin Marco en carrera, Piñera podría ganar en primera. Con Marco en carrera, es segura la segunda vuelta. Le puede ganar en primera, pero si lo hace es culpa de Frei, no culpa de Marco.
-¿Qué gravitación proyecta Ud. que jugará el rol de Karen Doggenweiler en el resultado final que obtendrá la campaña de su marido?
-Yo creo que Karen puede ser muy importante para llegar a los sectores populares donde Marco menos consigue intención de voto, y también es muy importante para llegar a la gente mayor. Marco tiene muy poco apoyo entre las personas mayores, en buena medida por su juventud. Entonces la pareja, acompañada de sus hijas, le suma varios años encima, “no sólo soy un joven rebelde, también soy un padre de familia”, y eso como imagen le puede ayudar mucho entre la gente de más edad que estaba un poco temerosa de apoyarlo.
-Justamente los sectores que más apoyan a Frei.
-Es la votación más dura de la Concertación. Ahí hay un argumento sobre Jorge Arrate que creo que es importante destacar. Jorge Arrate saca muchos más votos entre las personas de más edad que entre los jóvenes. Entonces, no es que Arrate “suba” a costa de Marco, los votos que sube Arrate son a costa de Frei. En cierto modo, porque son candidatos de la Concertación.
-La idea de cambio de MEO está fuertemente vinculada en incorporar a los jóvenes, en tener un Gobierno conformado por jóvenes. ¿Por qué insistir tanto en este punto a la luz de la fallida experiencia que tuvo el “Gobierno Ciudadano” de Michelle Bachelet y sus sistemas de cuoteos en el Gabinete, que daban la sensación de des-gobierno?
-Yo me pregunto lo mismo en el libro. Te puedo contestar lo que él dice. Señala, “existe un riesgo de que a mí no me funcione. Pero el costo para mí de asumir ese riesgo es mucho menor que la certeza de saber que la Concertación no lo va a hacer”. O sea, en otras palabras: si votas por Concertación sabes que no van a hacer nada, si votas por mí hay una chance de que pase (…) No hay ningún Gobierno que esté libre del riesgo de la ingobernabilidad. Imagínate lo que va a pasar con la aprobación de Frei en junio de 2010. Yo no conozco a ningún concertacionista que sea un entusiasta apoyador de Frei. Conozco a muchos que votarán por él, porque sienten que es lo que hay que hacer, pero de verdad que no hay nadie que yo vea -y conozco a mucha gente- que diga “Frei me produce cosas”. Frei es como estos personajes de las telenovelas que dicen “vas a aprender a amarme” (risas).
-¿Qué opina de este análisis publicado en Infolatam?: “Para algunos analistas “MEO es lo novedoso, porque representa lo irreverente, pero nada más, sin sustancia, es la atracción del rebelde. Inteligente, por cierto, más atractivo que Frei, quien lo duda, pero carente de propuestas concretas que no sea lo de un discurso contestario”.
-Esas son siempre respuestas de la elite. Decir “mira, no nos satisface a nosotros, y por tanto no le va a satisfacer a la gente”. Claramente tiene un mérito, y es un mérito que varias otras personas intentaron asimilar como presidenciables, pero no llegaron a ninguna parte. Por otro lado, esto de que no hay un relato que no me satisfaga a mí, no significa que no haya un relato que no satisfaga a otros. Al final del día, el que haya un 20% queriendo votar por él, significa que hay un 20% que sí se siente satisfecho por el relato.

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