Paula Jaraquemada, heroína de nuestra Independencia

Prof. Andrés Medina Aravena
Facultad de Comunicación, Historia y Ciencias Sociales
UCSC.

Entre las mujeres que aportaron al esfuerzo emancipador de Chile se han mencionado especialmente Javiera Carrera, Rosa Riquelme, Ana María Cotapos y Rosa O’Higgins, todas ellas vinculadas familiarmente -por lazos de sangre o de parentesco- con las familias Carrera y O’Higgins.
Sin embargo, también hubo otras mujeres que -ante los peligros que se vivieron en los años que la guerra sacudió el territorio nacional- mostraron un temple y decisión notables en defensa de los ideales independentistas. Incluso, no temiendo poner en riesgo la vida y seguridad propia, así como las de sus familias, al mostrar públicamente su adhesión al bando patriota.
Una de ellas fue Paula Jaraquemada Alquizar, quien nació en el seno de una acomodada familia de la elite agraria de Santiago, el año 1768. Sus padres, Domingo Jaraquemada y Cecilia Alquizar -ligada por lazos familiares con los Carrera-, le entregaron la mejor educación que en esa época podía recibir una mujer, y se casó con Francisco Martínez de la Torre, con quien tuvo siete hijos.
Doña Paula formó parte del sector dirigente santiaguino que simpatizó desde un inicio con las ideas independentistas, y durante el periodo de la reconquista española se ganó el reconocimiento y afecto público por la ayuda prestada a quienes sufrían la represión de las fuerzas españolas.


En este sentido, hay dos episodios que dan cuenta de la fuerza de su carácter, y demuestran por qué la valentía de esta heroína ha trascendido hasta nuestro tiempo. El primero ocurre en 1818, cuando doña Paula -que ya bordeaba los 50 años- estando en su hacienda de Buin recibe la noticia sobre el desastre que había sufrido el ejército patriota en Cancha Rayada y el forzado repliegue que las tropas realizaban hacia la capital.
En su tránsito, un destacamento de soldados, que se supone marchaba al mando del propio San Martín, llegó hasta la hacienda de esta patriota, quien rápidamente los acogió y les brindó un lugar para refugiarse. Los alimentó, permitió la asistencia de los heridos y les entregó pertrechos para que pudieran recuperarse. No conforme con eso, también les entregó caballos e incentivó a sus propios trabajadores para que se unieran a este ejército, permitiendo así que se reagruparan para organizar la resistencia contra las tropas españolas.
La leyenda de este batallón de 120 soldados, que encontró refugio en la hacienda de Paula Jaraquemada, ocupada hoy por las instalaciones de la Viña Santa Rita, habría dado origen a uno de los vinos más emblemáticos de la marca: el 120, de Santa Rita.
El otro episodio que le atrajo reconocimiento y admiración popular se produjo cuando una patrulla realista llegó hasta su hacienda de Buin donde, de entrada, el oficial a cargo le exigió la entrega de las llaves de las bodegas para apropiarse de los productos allí guardados.
La valiente mujer se negó a entregarlas, ofreciendo a cambio brindar voluntariamente alimentos y pertrechos. Ante esto, y aunque estaba rodeada de sus hijos más pequeños, doña Paula fue amenazada de muerte. Pero lejos de intimidarse, la aguerrida mujer acercó desafiante el pecho a la bayoneta que la apuntaba, dando a entender que prefería morir antes que ceder el control de su casa y sus bodegas.
Sorprendido, el oficial decidió cambiar de táctica, y le ordenó a viva voz a sus soldados quemar la hacienda. “¿Quiere fuego? Ahí tienen fuego para quemar la propiedad”, gritó doña Paula, volcando un brasero encendido que estaba cerca. Nadie se movió y los soldados españoles decidieron retirarse al ver que no obtendrían nada poniendo a prueba el temple de esta mujer.
Este episodio fue narrado por el ahijado de Paula Jaraquemada, Manuel Montt Torres, presente en el incidente, quien más tarde llegaría a ser Presidente de la República.
Terminada la guerra y ya consolidada la independencia de Chile, esta distinguida y heroica dama dedicó su tiempo a ayudar a otros, colaborando con hospitales, hospicios y cárceles. Sobre todo, trabajó para mejorar las condiciones de la cárcel de mujeres de Santiago, y finalmente creó una organización que realizaba actos de caridad.
La vida de esta mujer, que cooperó valientemente con la resistencia patriota y que fue una importante figura de la lucha independentista, se apagó en septiembre de 1851.

 

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