POLÍTICA BRUMOSA

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Prof. Dr. Marcelo Contreras Hauser. Master y Dr. en Derecho y Ciencias Políticas y Sociología.

Independientemente de los estados climáticos que nos comienza a ofrecer este 2017, el año anticipa densas brumas para la política y los políticos chilenos, porque los habitantes de esta larga y angosta geografía siguen demostrando su cansancio y lejanía con la denominada clase política, sus instituciones y sus acciones.

Todas las encuestas ponen a los políticos y a la política criolla en los últimos lugares de la evaluación general que importa a la sociedad chilena. Voto de castigo que se viene repitiendo ininterrumpidamente desde hace años a la fecha.

Es que chilenas y chilenos abjuran del hacer político. Se cansaron del sinfín de promesas incumplidas. Se agotaron del arcoiris propositivo jamás cumplido y, a poco andar, sin ton ni son. Esa perplejidad frente a lo baladí alejó definitivamente el alma nacional de los hechos políticos que -a fin de cuentas- terminan interesando sólo a políticos y  a sus escasos secuaces.

Para quienes somos profesionales de la política en serio, con mayúscula, ésa que configura un acto humanitario, nos duele el trato que a la misma le dispensan los grupos de presión y, en determinados casos, los propios grupos de interés, tantas veces disfrazados de partidos políticos.

Históricamente en el mundo hubo voces que hicieron esfuerzos para prevenirnos al respecto. Así ocurrió con S. Neuman y algunos otros de la escuela francesa que, sin estar a su lado en un comienzo, se fueron acercado a su posición, entre otros Maurice Duverger.

Hoy, sin embargo, aquel enciclopedismo político va quedando en el pasado. Como diría Abraham Maslow, las urgentes necesidades sentidas obligan a individuos y familias a recordar la vieja e indiscutible ecuación política italiana: “Primero está el mangiare y después está el filosofare”. Lo anterior evidencia que el hombre actual -en nuestra sociedad criolla- desea ser actor y no un mero espectador de las vivencias de su tiempo.

Quizás por eso hoy los ciudadanos se preguntan ¿Y de qué me sirven los políticos? O ¿por qué como ciudadano debo pagar en dinero a representantes políticos que no me representan?

La paciencia se agota. La ciudadanía sigue progresivamente evaluando pésimo a los políticos profesionales. Tal vez la abstención continúe siendo la única fuente de respuesta para esta indignación nacional latente.

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