Ponerse en el lugar del otro

Empatía. Ponerse en el lugar del otro. Esa, dicen los expertos, es la actitud que más se necesita en momentos de crisis. Al detenerse en esta reflexión, la idea de ponerse en los zapatos de los otros no sólo para entender su actuar, sino para saber qué es lo que ese otro necesita, cobra mucha importancia en situaciones donde el desempleo y la disminución del poder adquisitivo cala muy hondo en el diario vivir de las familias chilenas.
Las marcas entendieron rápidamente el mensaje respecto a la necesidad de empatizar con sus consumidores y por eso comenzamos a ver cómo las grandes del retail no se quedaron en las ofertas veraniegas y formaron alianzas con empresas de distintos rubros para premiar la preferencia con promociones que, en palabras simples, decían a sus consumidores: “compre con nosotros acá y le regalamos consumo allá” y así ayudarles a optimizar su presupuesto.
Las inmobiliarias también entraron en esta dinámica con sus ventas especiales -nocturnas o de fin de semana- en las que ofrecen importantes descuentos para estimular la compra de casas y departamentos.
Esta empatía puede llevarse más allá de un beneficio económico concreto y estar presente al interior de las empresas que necesitan recortar gastos para sortear la recesión o evitar el cierre. Aquí compromisos entre propietarios y trabajadores del  tipo “hoy por ti, mañana por mí”, pueden ser muy útiles para evitar despidos masivos. Acordar vacaciones anticipadas, terminar con las horas extras o reducir ciertos beneficios con el compromiso que se recuperarán una vez pasado el vendaval son opciones que algunas empresas han explorado con bastante éxito.
El Gobierno también ha hecho lo suyo, anunciando medidas para mitigar los efectos sobre el empleo, como el Plan de Estímulo Fiscal y el subsidio al empleo para trabajadores jóvenes. Pero la sola ayuda fiscal no basta en un país donde de cada 100 empleos, 11 los da el Gobierno y el resto los entrega el sector privado. De allí el llamado hecho por La Moneda a los privados, que si bien en su forma puede tener algún grado de cuestionamiento, contiene una verdad de fondo, que es la necesidad de que este sector sincere al resto del país cuáles serán sus compromisos para contener los efectos de esta crisis. Es la voz que falta en este panorama donde la incertidumbre es reina y la variable que adquiere más peso a la hora de decidir paralizar o avanzar en nuevas inversiones. Los efectos de la crisis de a poco ya comienzan a notarse, y en este escenario si no hay empatía o no existe  la disposición para ponerse en el lugar del otro, antes de tomar decisiones, el golpe puede ser aún más fuerte.

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