Primavera de Praga: Despegue definitivo

cultura-primavera-pragaDiciembre de 2002, siete AM: cuatro adolescentes acompañados de su comitiva de amigos, oriundos de Los Ángeles, Octava Región, llegan a Santiago a bordo de un viejo furgón para participar en la final de la segunda versión del Festival Nacional de Bandas Jóvenes de Balmaceda 1215. Apretados, entre el sueño y la sorpresa, aún no tenían muy claro el objetivo de su viaje. Apenas salidos del colegio, gracias a su tema “Sonidos del silencio” habían clasificado entre los finalistas de lo que prometía ser una entretenida aventura. Lamentablemente, la prueba de sonido se atrasó y la jornada se transformó en una tediosa espera hasta el momento de subir a tocar. Pero la lata valdría la pena, pues esa noche Primavera de Praga lograría el primer triunfo importante de su carrera musical.
“Antes de tocar estábamos muertos de cansados, con sueño, y no había ningún sillón donde tirarse, nada. Estábamos sentados detrás del escenario, acostados a la pared,  Cristian Soto -el batero de esa época- y yo durmiendo, y las bandas tocando a todo chancho. Y de repente, cuando quedaban sólo dos bandas nos despiertan. Subimos a tocar y ganamos”, recuerda Pablo Freire, bajista del grupo.
La banda se repetiría el plato dos años más tarde, obteniendo nuevamente el primer lugar del concurso Bandas de Chile. El impulso motivó que Leo Saavedra (Voz, teclado y guitarra), Carlos Beltrán (Voz y guitarra), Cristián Soto (Batería) y Pablo Freire (Bajo) optaran por profesionalizar sus carreras radicándose en Santiago en 2005, y aunque el entusiasmo no les faltó, aquella vez las cosas no resultaron: tras el primer semestre, el baterista Soto decide abandonar el proyecto y Pablo Freire opta por retomar sus estudios en Ingeniería Ambiental en la Universidad Católica de Temuco.
“No nos fue como esperábamos. Igual sacamos el primer disco independiente que se llamó “Antología” y por entonces tocábamos en el circuito ultra-mega-independiente, en bares chicos”, recuerda Freire, el bajista. “Además, tampoco conocíamos a la gente que acá movía la cosa”, acota Leo Saavedra, el líder. Sin embargo, las ganas y la fe en su propuesta podrían mucho más, y en 2007 la banda nuevamente decide intentar el éxito en la capital, ahora con Boris Ramírez a cargo de las baquetas. La decisión no estuvo exenta de riesgos: tanto Freire como el guitarrista Carlos Beltrán debieron abandonar definitivamente sus carreras universitarias.
“La otra vez hablé con un sonidista que lleva años en esto del rock chileno, y me decía que estos eran los peores años que había visto pasar en materia de platas en la industria. Nosotros estamos empezando, tratando de salir de un pantano. Es difícil, pero ya tomamos la decisión, y lo que más nos importa es que a la masa le guste nuestra música. Estamos confiados en que de aquí en adelante todo será mejor aún”, asegura Leo Saavedra.
En esta segunda apuesta la suerte  les sonreiría: La Oreja y su sello Feria Music deciden incorporarlos a su catálogo de artistas principales, firmando un contrato para editar tres discos con la banda, más apoyo en difusión, marketing, y management profesional. El primer fruto de esta nueva alianza es “Primavera de Praga”, su segunda placa compuesta por catorce canciones de sonido mucho más consolidado y trabajado, de la cual sobresalieron singles como “Advertencia” y “La peor noche”, de inconfundible cadencia inglesa, motivada por su declarada admiración a grupos como The Beatles, Supergrass, Radiohead o discos como “Modern Young” de los Silverchair.
Y ya se anuncia una tercera placa para el primer semestre de 2009 -en la que se rumorea que podría participar el propio Álvaro Henríquez en la producción- más una intensa promoción que incluiría una presentación en Concepción a fines de abril, la realización de clínicas para bandas emergentes y una gira por el resto de la Octava Región durante mayo.
La tecnología digital y el soporte legal de descargas gratuitas en la web también serán una estrategia clave en la promoción del nuevo disco. Y los planes de la banda ya buscan la internacionalización de su carrera como ya lo hicieron otras agrupaciones de su zona como Los Bunkers o De Saloon. ¿Una suerte de casta musical, o simple coincidencia? El tema a esas alturas cansa un poco a los Praga, aunque no dudan en tomárselo con humor. “Hay como un triángulo energético entre San Carlos, Chillán y Los Ángeles”, asegura Leo entre risas. Sin embargo, luego medita con más profundidad: “en Los Ángeles, cuando tenía cinco años podía estar hasta tarde jugando con mis amigos; el clima es un poco diferente, uno estaba mucho tiempo en la casa, y ahí escuchaba la radio, muchas canciones. Porque, para qué estamos con cosas, para que a una banda le vaya bien, independiente que sea de Conce u otros lados, tiene que focalizar la composición en las canciones. Acá en Santiago, en cambio, hay mucha más experimentación (…) La música popular tiene que ver con una estructura, una canción y eso es lo que buscamos nosotros, con eso nos criamos”.

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