Primera infancia: el verdadero desafío de una reforma educacional

Este año hemos sido testigos del mayor conflicto surgido en el ámbito educacional en la historia de nuestro país. El debate sobre una educación gratuita y de calidad, de exclusiva responsabilidad del Estado, se transformó en la piedra angular de esta discusión que traspasó la esfera de lo educacional y cobijó el descontento de diversos sectores de la sociedad, que ven en este movimiento una forma de canalizar su malestar ante la desigualdad y la falta de oportunidades que afectan a millones de chilenos y chilenas.
Esta situación, cíclica durante los últimos 20 años, desnuda la falta de una real política de Estado en materia de educación. En este contexto, diversos expertos han expresado la necesidad de concentrar los esfuerzos y recursos en una reforma que solucione los problemas de forma y fondo del sistema. Reforma que debería partir desde la educación de la primera infancia, bajo la premisa de que la construcción de un modelo educacional exitoso debe ser diseñado a largo plazo, a 15 ó 20 años.
Lo anterior constituye un enorme desafío para las educadoras de párvulos, quienes estamos llamadas a jugar un rol protagónico. La educación parvularia ha realizado un sustantivo aporte al sistema educacional chileno desde la segunda mitad del siglo XIX, recogiendo, en una primera etapa, diversas influencias pedagógicas, principalmente europeas y de modelos educacionales norteamericanos, para luego, en la segunda mitad del siglo XX, centrar su interés en la valoración de la cultura local, como un patrimonio esencial para la construcción de propuestas educativas, hechos que la han llevado a ser considerada como un referente a nivel latinoamericano.
Es por eso que hoy la experiencia y el aporte de la educación parvularia cobran una especial relevancia ante la posibilidad de replantear la educación del mayor capital que poseemos como sociedad, los niños y niñas.
Las investigaciones asociadas a otras áreas de la infancia respaldan el saber pedagógico construido en este ámbito, al punto de que las ciencias neurobiológicas han comprobado las posibilidades de cambio que se producen en la estructura cognitiva gracias a la intervención oportuna en los períodos denominados “sensibles” del desarrollo -comprendidos principalmente entre los 0 y los 6 años de edad- durante los cuales los niños y niñas logran conformar gran parte de sus capacidades sensoriales, cognitivas y sociales.
Desde la macroeconomía, también se observan evidencias que demuestran que apostar por esta propuesta es invertir en el futuro. Diversos estudios respaldan la inversión en educación parvularia, tras constatar sus evidentes resultados en los retornos generados en el capital humano, asociando ambas variables como una real y efectiva opción para alcanzar el desarrollo y progreso que todos anhelamos.
Es en esta etapa cuando podemos comenzar a solucionar los problemas de fondo de nuestro sistema educacional, implementado mejoras que permitan el acceso a una formación pedagógica de calidad desde la primera infancia. Con ello, a largo plazo, podríamos disminuir las brechas existentes y la evidente falta de oportunidades que hace meses cientos de miles de jóvenes denuncian a gritos por todo el país.
Andrea Garrido Rivera
Directora
Educación Parvularia
Universidad San Sebastián

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

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