Profesores y calidad educativa, lo ausente

Roger Sepúlveda Carrasco,  Rector de Santo Tomás Concepción
Roger Sepúlveda Carrasco,
Rector de Santo Tomás Concepción

Hoy en día, vivimos un complejo escenario donde, desde el nivel político, y como respuesta electoral a la presión ciudadana, se habla de hacer cambios profundos al sistema educativo. Sin embargo, por lo que conocemos de este tema a través de los medios de comunicación, nos percatamos de que se ha presentado más de algún tropiezo, pues estas modificaciones generan dudas y temores en muchos sectores, especialmente en colegios particulares subvencionados -con o sin fines de lucro-, colegios de iglesia o confesionales, particulares privados, incluso entre los estudiantes, los apoderados y sus organizaciones.

Recordemos que la finalidad de esta Reforma es mejorar sustancialmente la calidad educativa y disminuir la brecha entre la formación que reciben los más ricos y los más pobres de nuestro país. No obstante, hay elementos que no han estado presentes de manera consistente en el debate o, al menos, no con la fuerza necesaria. Así tenemos, por ejemplo, el rol de los docentes y su valoración social. En otros tiempos, se trataba de una figura respetada, un modelo. Hoy, lamentablemente, gran parte de eso se ha perdido, los referentes infantiles son otros, quizás un futbolista o una figura de la televisión. 

Es fundamental recuperar y dignificar la importante tarea que los profesores desempeñan. Para ello, es necesario discutir en profundidad temas claves como la formación docente, específicamente la formación inicial de los profesores, cuyos resultados hasta ahora han sido, a lo menos, más que discretos; el perfeccionamiento académico que brindan las universidades y que, en ocasiones, no es pertinente para mejorar dichos resultados de aprendizaje, tanto en contenido como en forma; la carrera profesional docente, que requiere de mayores y mejores estímulos materiales e inmateriales; la política de remuneraciones, que en muchos casos obliga a los profesores a estar “pluriempleados” para obtener un sueldo medianamente digno, y cómo impactan el conjunto de estos aspectos en el objetivo final que es la pretendida calidad educativa.

Si bien me parece correcto el análisis de los especialistas en términos de los elementos ideales que deben interactuar, reconocemos que no se trata sólo de inyectarle más recursos al sistema, pues ya han implementado esta medida todos los gobiernos sin el éxito esperado.

No es un secreto que la profesión docente es desgastante y sacrificada, por algo los estudios indican que el 40 % de los profesores nuevos la abandona definitivamente al quinto año de estar trabajando (Valenzuela, 2014). Por ello, el cambio requerido no puede venir sólo comandado desde arriba, sino que debe traducirse en medidas más concretas, que impacten esta labor en el día a día, en la sala de clases, en el trabajo in situ que realizan nuestros maestros y educadores.

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