Prohibido prohibir: Un viaje cinematográfico

Este es un film de esos que, desde aquellos primeros planos subjetivos -muy kubrickianos- sabe seducir y mostrar clase. Una película de vieja escuela con sentido y objetivos claros, cuyo talento y finas terminaciones marcan de inmediato la diferencia respecto del universo de remakes, homenajes a video juegos y películas por encargo que saturan las carteleras de hoy.
La trama de esta película se sitúa en dos planos. En el primero, es una historia de dos amigos universitarios, Paulo y León, que a pesar de sus grandes diferencias comparten la casa y se quieren como hermanos. Paulo (Caio Blat) es un estudiante de medicina adicto a la cannabis y las pastillas, sacador de vuelta y mujeriego; León (Alexandre Rodrigues, de “Ciudad de Dios”) estudia sociología, es metódico, esforzado, y mantiene un romance con Leticia (María Flor), una bellísima estudiante de arquitectura. Como toda historia clásica, la personalidad desenfadada de Paulo terminará por despertar el interés de Leticia, lo que desembocará en una fuerte tensión entre los tres. Pero esto es sólo el inicio, pues el segundo prisma de la trama se originará en la amistad que surge entre Paulo y Rosalina (Edyr Duqui), una paciente desahuciada del Hospital Universitario, que sufre por el destino incierto de sus dos hijos extraviados en las favelas. A pesar de las peleas y celos, los tres amigos intentarán ayudar a la pobre mujer, lo que los obligará a sumergirse de forma directa en la violencia de la ciudad.
El film está impecablemente narrado: la dirección planea con una correcta y clásica dirección de planos y gran angulares -que entienden la importancia de la arquitectura urbana como un elemento que se relaciona directamente con los protagonistas- y  maneja un ritmo que no decae jamás. Y no deja de ser una grata sorpresa constatar que tras la dirección y guión se encuentra un realizador chileno, Jorge Durán, un verdadero top one del cine nacional ¿extrañamente? inadvertido en nuestras tierras. Su trayectoria habla por sí sola: antes de partir a Brasil en 1973, fue primer asistente de dirección de Aldo Francia en “Ya no basta con rezar”; trabajó como guionista en “Pixote”, de Héctor Babenco (uno de los clásicos de la denuncia social en el país carioca); en 1986 rodó “El color de su destino”, uno de sus tres largometrajes, e hizo la adaptación de “El beso de la mujer araña”, también de Babenco, entre otros títulos destacados de la filmografía del Brasil.
“Prohibido prohibir” juega durante todo su metraje a las dualidades, los opuestos. Es un viaje a los dos polos de Río: a ratos, asistimos a la promesa de un paraíso juvenil de belleza y ritmo extasiante; por otro, a la crudeza de una favela que no es otra que la de la sobrevivencia, a punta de marginalidad, trafico y policías corruptos, la misma de “El Amor y la furia” o “Mi nombre es Tsotsi”, pero sin caer (y se agradece) en tentadores clisés, pues esa no es la intención de Durán; su film nos invita a un viaje mayor. Es sobre la pérdida de la inocencia, partiendo por la célebre consigna de Paulo que da título a la película, y por esa escena de antología en que, junto a su musa, grita “tierra a la vista” frente al “mar de favelas”; es el grito del niño llegando al puerto de la realidad. Por supuesto, esta dialéctica de contrastes también se manifiesta en el cruce de clases sociales entre universitarios y los habitantes de las favelas, un tópico que también exploró -aunque de forma mucho más cruenta-  “Tropa de Elite” de José Padilha.
Los numerosos premios internacionales -que incluyen mejor película, director y del jurado en festivales como Biarritz (2006), Habana (2006), Huelva (2006), San Sebastián (2005), y Viña del Mar (2008), hablan solos sobre cómo la cinefilia internacional ha recibido el nuevo trabajo de Jorge Durán. Perfectamente se podría catalogar a “Prohibido prohibir” junto a “Ciudad de Dios” y “Tropa de Elite” como parte de una trilogía de lujo del cine brasileño, que explora a través de diferentes dimensiones la tensión social apenas contenida de Río de Janeiro. Sin embargo, lo que, a mi criterio deja un paso adelante a “Prohibido Prohibir” es su objetivo final, que trasciende a la mera trama, al nivel denotativo; mientras “Ciudad de Dios” es un formidable relato coral que nos invita a conocer cómo se iniciaron las mafias en las favelas, y “Tropa de Elite” abarca el desarrollo de la corrupción y la extrema violencia, “Prohibido Prohibir” mete todo esto en un colador: tras darle suficientes vueltas e inspirados ingredientes, finalmente nos ofrece un viaje hacia el crecimiento interior. Desde hoy, “Prohibido prohibir” no sólo es una consiga histórica de mayo de 1968, ni una famosa canción de Caetano Veloso; también es el nombre de una nueva joyita cinematográfica made in Brasil.

PROHIBIDO PROHIBIR

Dirección: Jorge Durán.
Países: Brasil, Chile y España, 2006.
Duración: 105 min.
Género: Drama.
Interpretación: Caio Blat (Paulo), María Flor (Leticia), Alexandre Rodrigues (León), Edyr Duqui (Rosalina), Adriano de Jesus (Cacazinho), Luciano Vidigal (Mario), Raquel Pedras (Rita).
Guión: Jorge Durán y Dani Patarra.
Fotografía: Luis Abramo.
Montaje: Pedro Durán.
Dirección artística: José Joaquim Salles.

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

SÍGUENOS EN NUESTRAS REDES SOCIALES