Recuperan la identidad tras nacer en un cuerpo extraño: Cirugías de cuerpo que liberan el alma

Aunque no hay estadísticas que aseguren cuántos transgéneres existen en Chile ni cuántos se someten a tratamientos, cada vez son más los que optan a cirugías de reasignación de sexo. La morbosidad siempre los vincula  al comercio sexual, pero aquí presentamos dos casos de profesionales exitosos que cambiaron el cascarón para dejar aflorar su verdadera identidad de género.
“Presentamos un cambio de sexo, desde mujer a hombre. En estos casos realizamos una reconstrucción microquirúrgica utilizando piel sensible del antebrazo. A esta piel se le da forma de pene y se conecta a los vasos de la ingle y a los nervios del clítoris, consiguiendo un nuevo pene sensible. Durante la misma intervención puede realizarse la extirpación de las mamas, del útero y ovarios, sin alargar el tiempo en quirófano, ya que esa parte se realiza al mismo tiempo que se fabrica el nuevo pene. La duración total de la intervención en nuestras manos es de 9-10 horas. Si está Usted interesado en este tipo de cirugía, por favor, contáctese con nosotros…”
Así publicita una de las más prestigiosas clínicas de cirugía reconstructiva en España una operación de cambio de sexo. Es una intervención que va mucho más allá de una transformación plástica, como muchos sugieren e insisten en designarle. Es devolver a una persona la naturaleza del ser, poner su vida en orden y hacer justicia a un asunto que quedó pendiente al nacer.
Este paso por el quirófano sí que es una cirugía de cuerpo y alma que cada vez se hace más frecuente en nuestro país y también en esta zona.
En abril de 2008 en el hospital Las Higueras de Talcahuano se produjo el “milagro médico”. Un paciente que entró al establecimiento público con vagina salió de allí con un órgano sexual masculino. Fue el punto culmine de un proceso que esta persona había asumido dos años antes cuando comenzó un tratamiento hormonal y psicológico que ya le había dado una apariencia de hombre, pero faltaba “lo último”.
El equipo médico multidisciplinario, dirigido por la eminencia en la materia, Guillermo Mac Millan, jefe de Urología del hospital Carlos van Buren,  hizo posible esta inédita operación en un hospital público de la zona que se conoció ampliamente en los medios de prensa.  Era la primera vez que se hacía la transformación de mujer a hombre, aunque ya se tenían los antecedentes de hombres que se habían sometido a una cirugía de reasignación sexual algún tiempo en hospitales del Gran Concepción.
“Nos llamó mucho la atención, porque no sabemos cómo el tipo llegó a hacerse esta cirugía que prácticamente no se hace en Chile. De hecho muchos no llegan a este punto de intervención, porque no existen especialistas que se dediquen a esta operación tan delicada”, señala Lukas Berredo, diseñador informático y activista del Grupo de Ayuda a Hombres Trans (GAHT), quien  ya se sometió a las dos primeras etapas de la reasignación sexual masculina.

Somos miles

“Es que el doctor Mac Millan es una eminencia mundial”, explica con su voz algo grave Isabella, quien hace algo más de dos años se puso en manos del especialista culminando un proceso largo  y delicado, por el que luchó y sufrió. Sin embargo, el resultado es justo lo que esperaba. Ahora es toda una mujer por dentro y por fuera.
“Lo que sucede que las personas no toman el peso de lo que lo que esto significa. La identidad sexual no es cosa que se le haya ocurrido a un par, sino un estado probado clínicamente. La naturaleza a veces se equivoca y nos presenta en un cuerpo que no tiene nada que ver con cómo nos sentimos. Surgen trastornos de identidad, hay incomprensión y mucho desconocimiento incluso de las personas que deberían ayudarte”, enfatiza Isabella, quien reconoce que en Chile el desconocimiento sobre esta condición es un abismo, respecto de lo que sucede en Europa, pero de cualquier modo indica: “somos miles”. De hecho, Isabela es una conocida activista transexual y sueña que algún día la Cirugía de Reasignación Sexual sea avalada por el Estado y sus pacientes puedan acceder con beneficios a ella.
“Accedo a contarte todo esto, porque me interesa que se sepa. Que la gente se entere que, sin menospreciar a los homosexuales, no es cosa de niños mariconcitos, sino que un estado que perturba y que sólo puede ser intervenido con especialistas y el apoyo de la familia”, asegura.
Isabella tiene algo más de 30 años y es una exitosa empresaria del agro. Para nada quiere comentar cómo fue llamada al nacer. “Prefiero que me conozcan así no más”, comenta entre risas, mientras asegura que siempre le gustaron las mujeres, desde que era un hombre. Aunque suene excesivo, es lesbiana y eso viene a probar que la identidad de género no tiene nada que ver con la opción sexual.  “Puede parecer raro, sí es verdad. Pero  la identidad sexual es una condición cerebral que está probada científicamente. Uno simplemente tiene una identidad de género que no corresponde con el envase, pero eso no determina la opción sexual”, declara.
“A partir de los cuatro años tuve la noción de estar en un cuerpo equivocado, porque me vestía de mujer, pero lo confuso era que me gustaban las mujeres”, explica agregando que hasta antes de asumirse mujer tuvo pololas e hizo todo lo posible por obedecer a los cánones sociales, pero siempre  estuvo consciente de  que su verdadero sexo era otro, distinto al que se manifestaba en sus genitales.

Ellos sufren más

La literatura médica indica que la disforia sexual es el disgusto persistente por algunas o todas las características físicas o papeles sociales que connotan el propio sexo biológico. El  cerebro de la personas tiene una identidad de género, pero sus hormonas tomaron otro camino.
Para las mujeres que se sienten hombres el proceso de reasignación sexual es mucho más difícil. Por lo menos en el país lo que se hace es, aparte del proceso hormonal, a lo menos tres operaciones para completar el cambio: la mastectomía (extirpación de las mamas), la histerectomía (extirpación del útero) y la cirugía genital.
“En Chile prácticamente la operación de varón no se hace y hay muy poco registro de eso, porque las técnicas aún no están muy bien desarrolladas. Hasta el cirujano más famoso por realizar este tipo de intervenciones cree que todavía hay que mejorarla”, explica Lukas Berredo. En su organización trans hay 17 personas y algunos están todavía en la fase de diagnóstico psiquiátrico. Algunos se realizaron la mastectomía, ya que lo que más les desagrada es tener pechos. Pero ninguno de ellos  tiene operación genital. En este círculo se mantiene gente de Santiago, La Serena, Concepción, Chillán, Talca y otras provincias.
Lukas tiene 22 años y descubrió que su condición tenía un nombre, “disforia sexual”, casi a los 16. “Cuando fueron a hablar del tema al colegio, recién ahí me cayó la ficha”, explica sonriente. “Siempre tuve la idea de comenzar con este proceso, pero tenía miedo por mis papás. A los 19 empecé a buscar ayuda. Hice mis gestiones solo y comencé con hormonas en 2006. En noviembre del año pasado hice la mastectomía y hace dos meses, la histerectomía”,  agregó.
Lukas explica que el conflicto más duro en lo personal fue asumirse él mismo como hombre. “Después de eso, todo se hace mucho más fluido y más fácil. Uno se siente tan contento, que no está preocupado tanto de lo que dicen los demás. Mis padres, mi familia sabían que había algo distinto, pero no podían explicárselo. Cuando les conté no obtuve la reacción esperada. Creían  que si a mí me gustaban las niñas no tenía por qué vestirme como hombre. Pero sucede que la identidad sexual es algo que uno hace para sí y no para buscar pareja”, aclaró.

Mi padre militar

El rigor de la formación del padre de Lukas como militar hizo más tenso el proceso de adaptación a su resignación sexual. “Pero era algo que tenía pendiente conmigo. Pasé mucho tiempo con psicólogos, terapias y puedo decir que ya estoy bien  y que mi autoestima está bien. En especial mi padre es el que tiene que trabajar para enfrentar mi decisión”, enfatizó.
El hermano menor de Lukas fue el primero en dar apoyo a su condición. “Él sabía incluso antes que yo mismo lo que me pasaba y lo utilizaba como una forma de irritarme, pensando que podía  herirme. “Por qué no aceptas que eres hombre”, me decía desde muy chico,  y para él no fue algo muy novedoso cuando le confirmé que empezaría con el tratamiento. Siempre fuimos como dos hermanos, jugábamos como hombres, nos gustaban las mismas cosas, las mismas películas y las mismas niñas”, aseguró.

El comercio sexual

Isabela y Lukas tienen la gran fortuna de ser profesionales y exitosos en lo que hacen, pero gran parte de los transexuales y, sobre todo “mujeres en cuerpo de hombres” se encuentran ligadas al comercio sexual por un asunto de necesidad. “Muchas quisieran tener una vida calmada, pero no pueden. Uno queda perdido,  porque para trabajar se exige documentación que en nuestro caso es dificultoso mostrar, para cambiar nuestra cédula de identidad se piden todas las cirugías de reasignación sexual, pero el sistema público no las costea. Es contradictorio. Es complicado y lo que lamento es que siempre de una u otra forma tenemos que estar probando qué somos nosotros”.

Sentir, ver y funcionar

Isabella se ve y se siente regia. Es alta, crespa, curvilínea y su operación fue un éxito. “Aunque debo decirlo, no siento nada distinto a lo de antes en la intimidad. Lo que sí me siento mujer todo el tiempo y eso es lo más importante”, enfatiza.
No obstante, los que atraviesan el proceso para convertirse en hombres ven un poco más difíciles las cosas. “En ninguna parte del mundo se asegura que alguien quede perfecto. Unos quedan bien, pero no se siente tan bien. En general, la persona quiere las tres cosas, ir al baño, tener relaciones sexuales y tener el órgano sexual masculino. Pero si sólo tienes dos de esas tres, entonces, como que no vale la pena someterse a tanta operación. A veces antes de operarse hay que ver el costo y beneficio, porque no vale la pena tener algo que no te va a servir”, dice Lukas Ferredo.
-Y entonces cómo lo haces con tu pareja.
– “La mayoría de nosotros  tenemos el problema de resolver quién nos va a querer antes de comenzar el proceso.  En mi caso, yo tengo una polola hace dos años, heterosexual, y lo que logré con ella es la capacidad de ver lo que otra gente no ve en mí.  Ella asume lo hombre que soy. Tengo el cuerpo de un hombre no tan común, pero hombre con todas sus letras al fin”.
Lukas espera viajar a ver a sus padres esta Navidad. No lo han visto con barba ni tan masculino como se muestra ahora. La ansiedad del reencuentro es tan grande como las expectativas que tiene con su nueva vida. Sueños hay muchos, pero independiente que se concrete el último paso en su cambio con una operación genital, su principal anhelo ya se cumplió. Se demostró a sí mismo que tiene la valentía, voluntad y las agallas para vencer cualquier miedo, más allá del sexo y de los otros. Como todo un hombre, hecho y derecho.

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