Roberto Ampuero: "No soy un escritor del estado"

Su vida ha tenido un recorrido tan vertiginoso como sus novelas. Izquierdista en su juventud y firme anticastrista en la actualidad, hoy se define como un escritor de opinión “independiente al establishment cultural”, y se enorgullece de vivir “sólo de las rentas de su creación”. Las cifras lo avalan: según fuentes de sus casas editoriales, sus novelas sobre detectives y amantes latinoamericanos han vendido más de 100 mil ejemplares en Chile, mientras “El caso Neruda”, su última publicación, se mantenía (al cierre de esta edición) en el  tercer lugar del ranking de ventas nacional. Acá reflexiona sobre su vida y su visión del oficio
Concede entrevistas en el Hotel Sheraton y es una de las estrellas de la 28ª Feria Internacional del Libro de Santiago, celebrada en el Centro Cultural Mapocho. Mientras otros colegas suyos pasan tranquilamente la tarde, él se da tiempo para atender a las filas de visitantes que, junto a sus ejemplares de “El caso Neruda”,  esperan por su autógrafo. Roberto Ampuero (55) es, en la actualidad, un escritor masivo y exitoso, y lo asume sin complejos. Una trayectoria iniciada en 1993 con el lanzamiento de “¿Quién mató a Cristián Kustermann?”, su primera novela policial, que de inmediato cosechó buenas críticas y lo hizo acreedor ese mismo año del Premio de Novela de la Revista de Libros El Mercurio (otorgado por un jurado integrado por José Donoso, Jorge Edwards y Ana María Larraín). A partir de entonces, la zaga sobre las andanzas del detective cubano Cayetano Brulé sólo le otorgaría ventas y satisfacciones a través de los sucesivos títulos “Boleros en La Habana” (1994), “El alemán de Atacama” (1996), “Cita en el Azul Profundo” (2004), “Halcones de la noche” (2005) y su reciente “El caso Neruda” (2008).
Afable de trato y de un acento que aún conserva un sonsonete caribeño, por estos días la agenda de este Masters of Arts y profesor de la Universidad de Iowa de EE.UU., mantiene una intensa gira promocional que inició en Italia, siguió por Chile y que se extenderá por influyentes capitales latinoamericanas como Buenos Aires, Bogotá y Ciudad de México. La cobertura sobre la historia del detective que busca por el mundo a una hija perdida de Neruda también incluirá Europa (donde ya tiene firmadas traducciones al italiano, alemán y el portugués) y un lanzamiento en España en febrero. Tanta actividad puede deberse al gran aparataje promocional de Norma, su nueva casa editorial, aunque para Ampuero, el éxito simplemente recae en su buen manejo del relato: “Lo central es que las novelas abran una puerta para el lector y lo inviten a entrar a ese mundo que se le ofrece, y que el lector quiera permanecer en él, y que llegue a tanto, que en un momento se olvide del mundo real en que está viviendo y empiece a habitar ese otro mundo… creo que eso es universal, y en ese sentido pienso que las novelas mías abren una puerta, invitan al lector que entre y disfrute”, explica, sin falsas modestias.
-¿Cómo ha sido el encuentro con sus lectores? Muchos deben pensar que están conversando con el mismísimo Cayetano Brulé…
-(Ríe) Algunos. Hay mucha gente muy simpática, que dice que tiene información de Cayetano, nuevos casos para Cayetano. Me llegó ayer gente que dijo que había leído “El caso Neruda” y que ahora estaba comenzando a leer a Simenon (George, escritor de novelas policiales sugerido por Neruda a Cayetano en la novela, para que se iniciara como detective) y que andaba con un tremendo volumen de historias de Maigret (el detective protagonista de Simenon), ya que se habían dado cuenta que existía a través de Cayetano. Y me llegó otro lector que me dijo “mire, yo nunca había podio leer a Neruda”, porque nunca le había entrado. “Y ahora que me leí la novela me la fui a comprar”.  Es interesante ese diálogo que se establece.
-A diferencia de su generación, a mucha gente no le llega Neruda al comienzo, quizás porque se “institucionalizó demasiado”. Para iniciarse en poesía chilena, prefieren a Huidobro o Pablo de Rokha, y después, con el tiempo, re-descubren a Neruda.
-Pero a mí lo que me interesaba en el caso de esta novela era entrevistar al Neruda de carne y hueso, al Neruda real. No para ponerlo en un pedestal, no era una novela apologética, pero tampoco era una novela que lo demoniza. Es una novela que trata de rescatar o recrear al Neruda de carne y hueso que le gustó la vida, disfrutarla, que se metió en muchas cosas políticas, que tuvo muchos amores –fue un gran enamorado y un gran poeta, indudablemente- pero también con muchos yerros y aciertos de una persona, como todos, con luces y sombras.
-Cayetano Brulé ya llevaba una zaga de cinco novelas ¿Cómo nació la idea de llevarlo a su juventud, a los inicios de su oficio e involucrarlo con el más famoso poeta de habla hispana?
-Exactamente el 2002, y lo recuerdo perfectamente. Ese año se celebraron los 50 años del lanzamiento de “Los versos del capitán”, inspirados y dedicados a Matilde Urrutia, cuando ellos eran amantes. El estaba casado todavía con Delia del Carril, esto fue en Capri. Y yo leyendo ese libro -una edición idéntica a la original- descubro un poema que se llama “La Pródiga”, donde Neruda dice: “Y yo te pregunto: ¿Dónde está mi hijo?”, y ese poema termina diciendo “devuélveme a mi hijo”. Eso me pareció a mí un grito al cielo, un llamado desesperado de Neruda y hablaba de algo que es muy central en la vida de todo ser humano con respecto a su descendencia, qué va a dejar cuando desaparezca, cuando muera. Y que nadie lo había tomado en cuenta, porque nosotros tenemos una imagen de Neruda que está basada fundamentalmente en el hombre de mucho éxito, muy famoso, con premios, mujeres, amigos, dinero, tenía todo lo que un poeta podía imaginar, también compromiso político. Sin embargo, como que nadie quería ver, entre comillas, esas otras debilidades del poeta, cosas que no logró. Y yo dije, esto es una obsesión, y lo seguí buscando en otros poemas. Hay uno que se llama “Enfermedades en mi casa”, donde habla de Malva Marina, la hija que tuvo con María Antonieta Hagenaar y que murió de hidrocefalia en 1943. Tú te das cuenta del dolor que para él significó que su hija haya nacido enferma y que no tenía arreglo y que iba a morir tempranamente. Ahí hay un par de temas que se repiten, en relación a qué descendencia dejo. Él sabía que hay otra trascendencia que te la da la sangre, no la tinta, sino los hijos. Yo creo que eso a él lo obsesionó, pero no se lo dijo a mucha gente, pero sí en los poemas aparece de vez en cuando. Y ahí dije: “esta es una historia muy interesante para desarrollar”.
-¿Y en lo personal, usted comparte esta suerte de “ética artística” aplicada por el poeta, en la cual la sublimación de la carrera y el talento propio justificarían abandonos amorosos y familiares?
-Ah, ok (suspira). A ver, uno en realidad hace muchas cosas para escribir. Por ejemplo, mi vida yo la he organizado a partir  de un momento y gracias al apoyo de mi mujer, que ha sido comprensiva y solidaria en eso. Por ejemplo, para mí es muy importante el desplazamiento, pero no como turista, sino para ir a otro mundo. Y lo he hecho y lo he seguido haciendo, por eso he cambiado tanto de países…uno pone en función de la escritura muchas decisiones en su vida, es verdad. Obviamente hay límites, si uno escribe una novela sobre la infidelidad no vas a ser infiel para escribir sobre eso; puedes conversar con mucha gente, o recordar tu experiencia cuando más joven y no estuviste casado (…) en la novela, a mí me interesa como arrojar una luz, no didáctica, sino una luz de decir “miren, esto se puede ver desde otra perspectiva”. Y fundamentalmente, con respecto a las pasiones humanas, esto en los últimos años me ha intrigado mucho, con “Los amantes de Estocolmo” (2003), “Pasiones griegas” (2006), y esta misma novela; los celos la infidelidad. Cómo somos capaces de hacer muchas cosas que ni siquiera nos imaginamos y después viene el asunto del arrepentimiento o la justificación, que también es interesante.
-Muchos consideran brillante a Neruda en lo literario, pero un mal hombre en lo personal por ciertos episodios de su vida, como el abandono de su esposa María Antonieta y su hija Malva Marina, lo que repetiría después con Delia del Carril…
-Mira, pienso que, para escribir… (se queda pensando) uno tiene que tener una estabilidad. O sea, primero haber tenido una vida muy de cumbres borrascosas, haber conocido el mundo, pero en un momento uno tiene que haber tenido un stop y decir “a ver, voy a empezar a escribir esto”. Y para eso necesitas estabilidad, tranquilidad. Una vida bastante ordenada. Porque la escritura es bastante disciplina… pero debes haber vivido antes.

Declarado anticastrista

Su historia pareciera cruzarse muchas veces con sus propias ficciones. En “El caso Neruda”, un joven Cayetano Brulé busca por Ciudad de México, La Habana, Alemania Democrática y La Paz a una hija perdida que Neruda habría procreado con una de sus amantes durante su periodo en México en los 40, Beatriz Bracamonte. Por su parte, Ampuero se ve forzado a huir del país tras el golpe militar de 1973. Primero se radica en Cuba hasta 1979, donde estudia literatura; a continuación se marcha a Alemania del este (1980 a 1983), pasando a continuación a “un cambio de ambiente” que lo situaría en Alemania Federal (1984-1994), Suecia (1997-2000) y desde el 2000 en Estados Unidos. Pero, su época marcada a fuego corresponde a su estada en la isla de Castro, periodo que le sirvió como inspiración para su célebre obra “Nuestros años verde olivo”. La historia, de fuerte tono autobiográfico y muy crítico en cuanto al régimen imperante en la isla, le otorgó resonancia  internacional y será próximamente llevada a la pantalla grande por la productora Roos Film.
Pero no todo ha sido de dulce para el escritor nacido en Valparaíso. La primera edición de “Nuestros años…” en 1999 le valió el furibundo ataque de su ex suegro Fernando Flores Ibarra, un ex diplomático acusado por la oposición castrista de haber enviado entre 1961 y 1964 -sus años como fiscal de la revolución- a cientos de “contrarrevolucionarios” al paredón, acuñándole el triste apodo de “Charco de sangre”. En la novela, es representado por el personaje del comandante Ulises Cienfuegos. Pero Ampuero -cuyos cambios de militancia política le han valido ataques de ambos frentes ideológicos- tiene sus convicciones muy claras tras toda la vorágine vivida en los 70 y 80. “Estuve recientemente en Ferrara presentando esa novela, una editorial italiana de “izquierda caviar”, muy progresista, de mucho prestigio, que me publicó el libro. La historia ha cambiado, la visión sobre Castro ha cambiado, y en ese sentido la historia le ha dado la razón a “Nuestros años verde olivo”, asegura.
-¿Temió represalias por parte del castrismo cuando publicó “Nuestros años verde olivo”?
-No, más que nada ellos trabajan tratando de desprestigiarme, que yo soy agente de la CIA, que soy malagradecido, como si vivir en un país significa que uno tuviera que ser para siempre leal con el gobierno de ese país. Pero no, no tiene ningún impacto, las novelas siguen funcionando, siguen leyéndose, siguen teniendo nuevas ediciones, siguen pirateadas y siguen teniendo muchas traducciones.
-¿No sintió cargo de conciencia tener de suegro a un tipo tan terrible y con un pasado que le dio el apodo  de “charco de sangre”?
-No sabía yo. No conocía muy bien la historia, te voy a confesar. En la novela “Nuestros años verde olivo” voy contando incluso lo que por de pronto la gente se atreve a contarme. Porque en el sistema cubano nadie te podía decir eso, porque pensaban que yo era un tipo “duro”, casado con alguien de ese nivel. Entonces, gradualmente, gente que me agarra confianza en un momento y está en la novela (como Heberto Padilla, poeta opositor a Castro, que también figura en “El caso Neruda”), me dice ¿Tú sabes que ese tipo…?, y descubro. Yo creo que lo esencial es que yo tuve clara conciencia de que cuando estaba viviendo en Cuba me dije esto solamente lo puedo contar a través de una novela. No se puede contar de otra forma.
-¿Por qué ha señalado que está en la “lista negra” de los jerarcas de la cultura metropolitana? ¿Tiene que ver con su postura crítica hacia la izquierda y el castrismo?
-Yo tengo una postura crítica hacia todos los regímenes dictatoriales, sean de izquierda o derecha. Lo que exigí para Chile cuando en este país gobernaba la dictadura, lo exigí también y lo exijo para quienes viven en otros países, sojuzgados por regímenes de izquierda o derecha. Hay que ser consecuente y defender la democracia en todos los lugares, también exigirla para Cuba, y con la misma firmeza con que la exigimos para Chile. Soy independiente (expreso mi crítica, porque un escritor debe ser independiente y plantear su voz sin hacer cálculos), nunca he recibido un peso de fondos públicos para escribir o viajar, soy independiente del establishment cultural oficial, de los fondos públicos, vivo de mi obra única y exclusivamente. Hay algunos que me critican por vender mucho y vivir de mi trabajo. Lo curioso es que muchas veces quienes me acusan de eso viven de premios, becas, pegas y subvenciones estatales. El escritor sólo se debe a sus lectores. No soy un escritor del Estado.
-Finalmente ¿Cuál es su sueño secreto como escritor, su meta máxima en cuanto a realización?
-Mi sueño es poder seguir escribiendo hasta que me muera. Cuando ya no pueda escribir ficción, no quisiera vivir.

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