Rodrigo Díaz, intendente del Biobío: “Sólo si trabajamos unidos sacaremos adelante a esta Región”

Y la forma de hacerlo es con acuerdos, diálogo y recuperando el capital social.

“Llegó el momento de dejar las trincheras como si estuviéramos en silos de desconfianzas gremiales, políticas o de otra naturaleza”, advierte.

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“El inmediatismo y el cortoplacismo contaminaron el ambiente político y el quehacer público de esta Región”, dice el intendente del Biobío, Rodrigo Díaz Wörner, mientras observa, desde la ventana de su oficina, los últimos preparativos de REC, el festival de rock en Concepción que aquel sábado 7 de marzo tendría su primera versión.

Luego sabría que REC fue un éxito, que congregó a 25 mil personas que disfrutaron gratuitamente de un espectáculo de calidad y envergadura, como hace tiempo no se veía en la zona y que, como él mismo esperaba en la previa del evento, confirmó que fortalecer el capital social o la confianza entre las personas para emprender acciones en conjunto, es uno de los ejes que puede devolver el orgullo y la identidad que en el pasado caracterizó a la Octava Región.

Dice que al asumir como jefe regional, tras su paso por el mundo privado y algún tiempo fuera de Concepción, se encontró con una Región donde se había instalado un ambiente de desesperanza, de desconfianza y, sobre todo, una preocupante falta de ánimo para colaborar en la búsqueda de soluciones a los problemas que la afectan. Éstos no son pocos, y tienen características de estructurales, como el desempleo, la falta de crecimiento, la pobreza de algunas de sus comunas y los pendientes de un proceso de reconstrucción luego de una de las catástrofes más devastadoras que haya azotado a la zona, como fueron el terremoto y maremoto del 27 de febrero de 2010.

“Por eso mi propuesta como jefe regional partió con hacer un cambio de switch para generar las modificaciones que necesitamos. Estamos claros que no podemos conformarnos con las soluciones que nos da el Gobierno Central, sino que éstas deben venir del trabajo mancomunado de todos los actores regionales llamados a contribuir con este desafío; de ideas y proyectos propios que surjan de nuestros talentos, de las fortalezas de nuestra academia, de la experiencia del mundo privado, de los gremios, de las organizaciones sindicales, y del conocimiento de las necesidades que imperan en esta zona que tienen nuestros líderes sociales”, explica Rodrigo Díaz.

Una de las principales vías para concretar esa idea será la Estrategia Regional de Desarrollo Biobío, una hoja de ruta para los próximos 15 años que, según manifiesta, aportará una visión de Región a largo plazo.

“Tengo la convicción de que es un error creer que el corto plazo es el que nos tiene que marcar, porque así nos equivocamos sistemáticamente y no vislumbramos el horizonte. El cortoplacismo nos hace ir de un lado para otro, hace que cambie un gobierno y cambien también los énfasis, hasta convertirse en un problema estructural que, siento, explica en parte la falta de resultados exitosos en el Biobío. Las estrategias tienen que bajar a planes, y realizar intervenciones concretas y atendibles en los períodos propuestos. En este caso, 15 años y, en los hechos, cuatro gobiernos”, enfatiza.

En forma inédita en este trabajo -que es dirigido por la UBB como secretaría ejecutiva- participa un equipo de expertos formado por profesionales de diferentes casas de estudio superiores de la Región (UCSC, UdeC, USS, USM Concepión, UDD), que se encargará de recoger y plasmar en ejes las inquietudes de la comunidad. Se espera que esté aprobada por el Consejo Regional durante el primer semestre de este año.

 

“Dejar las trincheras”

-¿De qué manera asegurarán que se cumpla lo planificado? Las estrategias pasadas no tuvieron los resultados esperados y por eso seguimos hablando de los problemas estructurales que afectan a la Octava Región. 

“A partir de las experiencias incluimos un sistema de control y de autogobernanza. Una estrategia necesita continuidad y no estar sujeta a los cambios que pudieran suscitarse en los gobiernos venideros. Haremos una estrategia marco lo más consensuada posible, y eso le dará sustentabilidad en el tiempo. Lo importante es el acuerdo, dejar de vivir en trincheras como si estuviéramos en silos de desconfianzas gremiales, políticas o de otra naturaleza; sólo si trabajamos unidos sacaremos adelante a esta Región”.

Y esta mirada de futuro se traduce, asegura, entre otros objetivos, en potenciar las ventajas de la Región y en abrir nichos de desarrollo: mostrar a los exportadores las ventajas del polo portuario del Biobío, fomentar la industria logística, el encadenamiento de los puertos, diversificar las industrias creativas y consolidar las ventajas competitivas, como, por ejemplo, el Centro de Inspección de Frutas a EE.UU., que en dos años ya estaría funcionando en la comuna de Cabrero. “Permitirá certificar más de 5 millones de cajas por temporada, por lo que entregará grandes ventajas a los exportadores por su cercanía con los puertos del Biobío”. En esa misma línea destaca el trabajo de hermanamiento con la provincia de Hubei, China. Éste abrirá nuevos mercados para la Octava Región, pero también potenciará la colaboración en ámbitos tecnológicos, científicos y educacionales. “Tener una estrategia implica saber hacia dónde ir, para no andar dando tumbos, pero eso no quita que al mismo tiempo estemos haciendo cosas concretas para hacernos cargo de las urgencias de la Región”.

-La provincia de Arauco es parte de esa realidad y de esas urgencias. ¿Hacía dónde apunta la intervención que se hará como parte de su condición de zona de rezago?

“Esta condición significa, por ejemplo, que los organismos estatales tendrán facultades para evaluar los proyectos considerando su rentabilidad social y no parámetros que son ajenos a la realidad de la provincia. Además, estamos trabajando en serio para crear un ánimo de cooperación y de trabajo conjunto. Firmamos un acuerdo político por el desarrollo y la paz social en la provincia de Arauco, que fue ratificado por los cuatro senadores de la Región y los dos diputados del distrito. También suscribimos convenios de desarrollo con todas las unidades indígenas aledañas al Lleu Lleu, de Cañete y de Los Álamos, y estamos avanzando en un trabajo para firmar convenios de cooperación que significan concentración especial de recursos a la medida de lo que los habitantes de esas zonas requieren y de lo que nosotros como Estado podemos dar para cambiar la realidad”.

 

Reconstrucción integral

Finalizar la reconstruccion en los plazos comprometidos por el Gobierno es otra de las metas para la que trabajan afanosamente en la intendencia del Biobío.

Una tarea prioritaria es la erradicación de los tres últimos campamentos de damnificados posterremoto que existen en la Región, específicamente en Tumbes, cuyos habitantes, según lo informado por el ministerio de Vivienda -y que fue refrendedado por la entonces delegada presidencial, Paula Forttes, en su última visita a la zona- recibirían sus viviendas definitivas antes de este invierno.

“Nuestro empeño está focalizado en cumplir ese compromiso”, asegura Rodrigo Díaz, aunque advierte que en esta materia hay otros desafíos que también apremian.

“Cuando asumimos el proceso de reconstrucción nos encontramos con una realidad donde, reconozco, existían importantes avances, como las 59 mil viviendas entregadas sin ningún tipo de problemas, pero catastramos que más de 16 mil no contaban con recepción municipal; que 5.600 construídas presentaban problemas, algunos de ellos mayores, y que un poco más de 7 mil todavía estaban en proceso de construcción. Un tercer desafío al que nos enfrentamos fue que 2.066 viviendas aún no iniciaban su edificación por la escasez de terrenos disponibles. Para 640 de ellas ya encontramos una solución”, destaca.

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La tarea, dice, se ha centrado en ordenar el proceso y en solucionar los problemas hallados, pero también en hacer que esos nuevos barrios sean amigables, que cuenten con equipamiento comunitario, con áreas verdes, con sedes vecinales e incluso que sus habitantes sientan que su historia personal se construye sobre suelo sólido. Por eso este año iniciaron un plan de intervención psicosocial en 90 proyectos donde se construyeron nuevas viviendas.

Sin embargo, ahí no se agota el problema, recalca. Quedan pendientes temas en el ámbito patrimonial, en salud, en educación, donde el desafío es reemplazar las escuelas modulares por establecimientos definitivos, o la reconstrucción de instituciones como Bomberos y Carabineros. “En cada uno de esos ámbitos hay trabajo que se está desarrollando, donde se ha avanzado a partir de lo ya construido por el gobierno anterior. Nuestra aspiración es que a fines de este gobierno el proceso quede cerrado, y eso significa que cada una de las personas, instituciones y organizaciones que resultaron afectadas por esta tragedia puedan estar mejor”.

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

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