Por Natalia Messer Molina.

La cantante chilena Rosita Serrano lo tuvo todo: dinero, amor, admiración y éxito. Sin embargo, para el ocaso de su vida se había quedado sin nada. Hoy la figura de esta diva musical renace. Esa talentosa y aterciopelada voz se vuelve a escuchar y son sus propios familiares y cercanos los que quieren que se conozca más en Chile, tanto como lo fue en Europa. Ésta es la historia de una voz que un día enloqueció a los nazis, pero que también conmovió a los judíos.

Este artículo publicado en mayo de 2016, por lo que algunos datos podrían haber cambiado.

Rosita y su admirador

Una joven chilena, altísima y de grandes ojos color verde esmeralda puso un día con determinación sus tacones en la Alemania de los ‘30. Llegó a Berlín con una maleta cargada de ropa, medias de encajes, maquillaje y también consigo miles de ideas y sueños por realizar.

En Berlín, Rosita Serrano sólo quería cantar y ser escuchada por todos. No le importó tanto el idioma alemán, con su compleja gramática, que no manejaba a su llegada al país, porque tenía la convicción de que la música reunía a la gente sin importar la lengua. En ese entonces era una veinteañera, pero se veía muy preparada para su desafío y, sobre todo, descollaba por su elegancia. Era única en su estilo, y tendía un poco a recordar a otras divas coetáneas, como Marlene Dietrich o Greta Garbo.

En esta aventura también le acompañaba una fiel y curvilínea amiga, su guitarra. Rosita estaba convencida de que llegaría al estrellato, y fue tanta su seguridad que, al poco tiempo, lo logró.

Se presentó un día en la compañía disquera Telefunken, sin más aval que su voz. La escucharon, la aceptaron y la apoyaron. De hecho, el sello la convertiría en una de sus principales estrellas. En 1936, en el teatro Wintergarten de Berlín, hoy ya cerrado, llegó su consolidación. Se volvió ultra famosa y con ello comenzaron a llegar los contratos y el dinero. Se dice incluso que llegó a cobrar cerca de mil marcos por cantar una sola noche en cabarets y hoteles de Europa.

En el mismo escenario del Wintergarten cantó hasta 1942, y eso que la Segunda Guerra Mundial ya había estallado. Además de volverse conocida ahí, internacionalmente se ganó el apodo de “el ruiseñor chileno” (en alemán “Der chilenische Nachtigall). Este nombre lo adoptó por sus coquetos silbidos, similares a los que emiten los pájaros. Rosita deleitaba las orejas del mundo y acostumbraba a cantar en español, alemán, inglés, griego, francés, entre otros idiomas.

La joven de figura esbelta, pelo castaño y que venía de Quilpué había logrado el anhelado triunfo con interpretaciones como Roter Mohn, Schön die Musik o Küß mich, bitte, bitte, küß mich, entre un interminable listado de temas, y que hasta el día de hoy se recuerdan en Europa con un dejo de nostalgia y romanticismo.

Su fama la llevó a realizar una exitosa gira por toda Alemania. Ese éxito que logró en el país trascendió las fronteras y la hizo conocida en toda Europa. Hasta el entonces Embajador de Chile en Francia, Gabriel González Videla, quien después se convirtió en Presidente de Chile, ofreció en su honor una espectacular fiesta.

A estas alturas estaba claro que Rosita era un ídolo en Alemania y en toda Europa también, de la misma talla de las artistas germanas Zarah Leander y Marlene Dietrich. Pero a diferencia de esta última actriz y cantante, Rosita se mantuvo en Alemania y recibió la manifiesta admiración de altos jerarcas del Régimen Nazi, como Adolf Hitler, Hermann Göring y Joseph Goebbels, quienes no dejaban de elogiar el talento de la chilena.

Durante su carrera artística, que se extendió desde 1938 hasta 1976, Rosita llegó a grabar con diferentes sellos discográficos alrededor de 160 temas, aunque también tuvo una faceta de actriz y participó en varios filmes, donde casi siempre mostraba sus dotes de cantante. Con su primera compañía, y con la que más grabó, Telefunken, produjo alrededor de 81 temas, todos grabados en Alemania y Suecia. El compositor Michael Jary compuso especialmente para ella y dirigió la mayor parte de sus grabaciones.

Se dice que de todo el material que dejó la cantante, la única persona en el mundo que logró reunir todas sus películas y discos grabados, fue el barón alemán Erhart von Schenck, uno de sus más grandes admiradores.

La chichi y su “mamacita”

Pero Rosita no siempre fue Rosita. Sus orígenes son importantes para entender cómo se hizo una artista. Nació un 10 de junio de 1914 en Quilpué bajo el nombre de María Esther Aldunate del Campo. Sus amigos y cercanos preferían llamarla simplemente “chichi”.

Rosita14Sobre cómo llegó a adoptar el nombre de Rosita, se sabe que durante su niñez y adolescencia pasó mucho tiempo con una familia amiga en Quilpué: los Serrano Palma, gente originaria de Tomé y relacionada con la Sociedad Nacional de Paños Oveja Tomé.

Mientras estuvo en Brasil acompañando a su mamá -cuando ya daba sus primeros pasos en el canto de manera profesional-, se le conoció como “la chilenita”. Fue ahí cuando decidió adoptar “Rosita Serrano”, nombre de una de las hijas de la familia con la que compartió varios momentos en su infancia.

A Rosita desde pequeña le atraían las artes. A temprana edad comenzó a pintar y a cantar, como ella bien cuenta en algunas entrevistas, la mayoría concedidas a medios alemanes. Desde que era una niña también le llamaron la atención los silbidos de los pájaros. Común era escuchar en sus presentaciones un ¡fiuuu, fiuuuu!, muy repentino, y que imitaba a la perfección el canto de un ruiseñor.

Este talento que parecía como una bendición que le cayó del cielo, justo a ella, también arrastraba un historial genético. Es que se lleva “Die Musik im Blut” (la música en la sangre), decía la cantante, ya que su mamá –o mamacita como le llamaba- fue entre los años 1916 y 1930 una conocida y talentosa cantante de ópera. Asimismo, su abuela también fue una virtuosa pianista, y su bisabuelo, un fabricante de instrumentos.

“Sofía del Campo, la madre de Rosita Serrano, hizo su carrera como soprano en Estados Unidos y en algunos países de Europa. Se dedicó a dar conciertos y recitales muy exclusivos. Hoy, sus discos son muy apreciados y buscados por los entendidos en la materia”, cuenta Juan Dzazópulos, quien fue además amigo de Rosita Serrano y un eterno aficionado -de ésos con pasión-por la ópera.

Una de las grandes razones por las que también Rosita partió a Alemania es justamente siguiendo a su “mamacita”, quien se había casado en segundas nupcias con un millonario empresario de apellido Salvaj, quien vivía en Berlín, y además se encontraba ligado al Régimen de Adolf Hitler.

“Resulta curioso, porque si uno mira desde afuera podría decir que Rosita fue un poco abandonada por su madre, aunque ella jamás tuvo ese resentimiento. Ella tenía un amor incondicional hacia su mamá”, cuenta Isabel Aldunate, sobrina de Rosita y cantante como ella.

¿Tía, eres nazi?

En la actual vida como cantante de Isabel Aldunate hay mucho quizás de Rosita Serrano, su tía querida. La abogada y solista, quien comenzó su carrera en plena dictadura, cantando temas de protesta, recuerda hoy a la exuberante estrella con mucho cariño, pues vivió parte de su adolescencia con ella, cuando Rosita regresó a Chile, por un tiempo, en la década de los ’60.

rosita8Como cuenta Isabel, a su llegada a Chile, en aquella década, con su tía se hicieron muy cercanas. Ambas compartieron pieza y durante mucho tiempo fueron una especie de yunta. Conversaban mucho, se contaban todo, y Rosita invitaba a Isabel a viajar imaginariamente con todas sus aventuras, ¡que por cierto no fueron pocas!

“Rosita era única e irrepetible, como digo yo. (…) Hay muchas mujeres bellas en el mundo, pero ella se imponía con su presencia, con esa altura y delgadez. Tenía una actitud muy firme, muy invasiva. Cuando llegaba a un lugar, ella se adueñaba, porque tenía una personalidad muy fina y avasalladora”, describe Isabel.

Esta estrella del pasado, que parecía disfrutar tanto el canto como si lo bailase, vivió en los ’60 por un tiempo con la familia Aldunate en Santiago de Chile. Lógicamente la Rosita de ese entonces, que seguía siendo tan diva como la de Alemania, llamó la atención de los compañeros de colegio de Isabel, que no dejaban de mencionar que la artista había cantado para los nazis, y que por eso también era una nazi. Ante estos comentarios, Isabel no se aguantó y enfrentó a Rosita, a pesar de que era su tía querida, la que hablaba ocho idiomas, que usaba pañoletas en la cabeza y lentes de sol gigantes.

– ¡Tía Rosita! Me dijeron que usted cantaba para Hitler, Goebbels y Göring. Dígame, ¿es verdad?, encaró Isabel.
– ¡Sí, mijita!, y mientras yo cantaba para los nazis escondí a cientos de judíos en mi casa.
Isabel describe a Rosita como una mujer directa, breve y precisa, porque como decía la propia cantante “el arte jamás podía estar mezclado con la política”. Por eso, su sobrina también piensa que para muchas personas puede resultar fácil juzgarla, pero hay que entender bien las decisiones que ella tomó, y que si bien cantó para los nazis, no se puede desconocer que también lo hizo para niños judíos, lo que le valdrá más tarde una acusación de espía en su contra.

“Cuando uno ve la historia alemana y sabe de tanta gente que estuvo aparentemente a favor de ese régimen… ¡es que algo tuvo que ser demasiado horroroso!, porque no puedo creer que hubiese tanta sumisión, tanta anulación de la voluntad”, dice Isabel.

Mata Hari chilena

Vivir bajo un régimen autoritario, como lo fue el Tercer Reich, no debió ser fácil para Rosita Serrano, incluso para ningún artista de la época. Resulta todo un dilema, por un lado, tener la admiración de altos jerarcas nazis, como Goebbels o el mismo Hitler y, por otro, no compartir las ideas nacionalsocialistas.

Eso vivió justamente Rosita Serrano, a quien después de haber cantado para los nazis, se le acusó de ser una espía a favor de los aliados. Una orden emitida en Berlín, un 5 de noviembre de 1943, señala que Rosita tendría un vínculo con un judío extranjero en Suiza, a quien le escribió una carta.

rosita7El documento también indica que se ha emitido una orden de arresto para la cantante, quien en ese momento se encontraba en Suecia, pero que, de volver a Alemania, se comenzaría una investigación por espionaje en su contra.

Su amigo, Juan Dzazópulos, cree que esta acusación que recayó sobre Rosita también se dio porque ella cantó sin distinción, tanto para partidarios como para contrarios al régimen.

“Rosita siguió cantando en hospitales para heridos de guerra, aliados y alemanes, pero en 1943 tuvo que huir de Alemania junto a su madre, antes de que comenzaran los bombardeos sobre Berlín”, relata.

Para cuando dejó Alemania, Rosita se tuvo que olvidar de todas sus pertenencias, como cuenta Juan Dzazópulos: “Entre ellas un Mercedes Benz, hecho a la medida y con el tapiz ‘del color de mis ojos’, como decía”.

En Suecia tuvo que recomenzar. Los nazis sólo le permitieron sacar sus maletas y la suma de 10 marcos.  A pesar de esta caótica situación, la cantante ya había construido una carrera y tenía admiradores esparcidos por toda Europa.

De hecho, según antecedentes que aporta la familia Aldunate, se dice que mientras Rosita estaba en Alemania hacía vuelos nocturnos clandestinos para cantar a los judíos que se encontraban protegidos en Suecia.

“Eso tenía que ser porque ella era íntima amiga del Rey Gustavo de Suecia, quien la visitaba a ella y a mi tía Sofía con frecuencia en Alemania. Como anécdota, la guitarra de Rosita estaba firmada por el mismo Rey, que era un gran admirador”, dice Isabel Aldunate.

El encanto del Oriente

Sólo mucho después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, Rosita pudo reencontrarse con Alemania. Lo hizo recién en la década de los ’50, pues su situación ya era un tanto diferente. Ahora la cantante se encontraba casada con el egipcio Jean Aghion, un encantador abogado dueño de una fábrica de cristales, e hijo del “Rey del Algodón”, a quien conoció en una gira que realizó por países de Oriente en 1947.

Con este hombre millonario, egipcio-francés de familia judía, fijó residencia durante muchos años en Alejandría, Egipto. Allí continuó con su carrera artística e, incluso, en 1948 se dio un respiro para venir a Chile y dar un recital en el Teatro Municipal de Santiago.

Acompañada de su esposo, hijastro y secretaria privada, además de sus seis perros, Rosita se alojó en el Hotel Crillón de Santiago, ocupando tres departamentos. “La prensa de la época comentó su fabuloso equipaje de pieles y vestidos….traía tenidas como para vestirse seis meses sin repetirse”, relata Juan Dzazópulos.

Todo el glamour y encanto que le proporcionó el Medio Oriente -además de su cercanía con el rey Faruq I de Egipto- se vino abajo cuando en julio de 1952 ocurre el golpe militar del coronel Gamal Abdel Nasser, y que terminó destronando al rey Faruq. Bajo un nuevo orden se confiscaron casi todas las empresas de ese país, incluidas las del esposo de Rosita, quien volvió nuevamente a perderlo todo.

Para 1957 la cantante se encontraba otra vez en la incertidumbre, pero ya había salido de Egipto. A su esposo le costó un poco más, ya que por ser sefardita no se le permitió salir (el régimen de Nasser perseguía a esa rama de descendientes judíos). Sin embargo, y tras varias gestiones, pudo escapar de Egipto y se radicó un tiempo en Italia, donde también perdió parte de lo que le quedaba de fortuna en los casinos. Falleció en 1963 en París, y para Rosita un matrimonio de 15 años se había acabado.

Pero las puertas del amor siempre están abiertas y los hombres guapos son siempre bienvenidos. Ése era también parte del discurso de Rosita Serrano, quien no se ponía colorada si tenía que decir que “la música, el amor y los hombres atractivos son lo mejor de la vida”.

Eso sí, su vida sentimental no fue tan intensa como la de Elizabeth Taylor o Zsa Zsa Gabor. En su vida aparecen tres hombres, con los que se casó. Un primer matrimonio que solo duró un año, sucedido en Brasil, con Carlos Villegas Matthews, hijo de un diplomático. Luego vendría el egipcio Jean Aghion y, finalmente, el último amor que se le conoció, el dibujante, pintor y cineasta alemán Will Williams.

Rosita11Sunset Boulevard

“Sigo siendo grande, son las películas las que se hicieron pequeñas”, decía Norma Desmond, interpretada por la actriz Gloria Swanson, en la película Sunset Boulevard, de Billy Wilder, y que muestra el ocaso de una estrella que brilló en el cine mudo.

La vida de Rosita se parece un poco al guión de Sunset Boulevard, obviamente guardando las proporciones, y dejando de lado esa sobreactuación de la Swanson, para mostrar la decadencia de los actores del cine no hablado.

Pese a que el panorama no se veía alentador para Rosita, después de lo ocurrido en Alejandría, con Will Williams, su último esposo, aparecieron unos halos de esperanza para volver al mundo artístico, ya que Williams tenía muchos contactos en Hollywood, pues se dedicó  a pintar posters de películas tan conocidas en la época, como Der Blaue Engel (El ángel azul), con Marlene Dietrich, y otras producciones donde aparecían actores como John Wayne, Humphrey Bogart y Marilyn Monroe.

Pero estos proyectos que involucraban a Rosita y a Hollywood se quedaron estancados y esta vez las luces se apagaron para siempre. Con ello todo partió: la fama, las riquezas, los perfumes de Nina Ricci, que ella tanto adoraba.

Rosita se radicó definitivamente en Chile en noviembre de 1991, sin dinero ni la fama que la antecedió. Vivió por mucho tiempo en casas de amigos hasta que algunos de ellos le ayudaron a arrendar un departamento en la calle Catedral con San Martín, en Santiago Centro.

Rosita5Isabel Aldunate, la sobrina, cuenta que al final de sus días a su tía la “agarró” una bronquitis crónica que la llevó directo al hospital del tórax en Santiago. “Al último tiempo yo me enteré que estaba enferma (…) La visitaba casi todos los días, hablábamos y ella con tubos de oxígeno y mascarillas me decía: ¡mijita, tráigame barquillos! obviamente yo no le podía llevar eso, porque se alimentaba con sonda”.

Pese a su enfermedad, la cantante se mantuvo siempre firme y con buen humor, como recuerda Isabel: “Me tiraba la talla hasta muriéndose y me hacía bromas…Yo creo que quería verme feliz porque yo era una niñita más bien triste”.

Rosita falleció el domingo 6 de abril de 1997, a las 16.20 horas. Para el último tiempo su situación financiera no era la mejor. El reconocimiento en Chile no llegó nunca, pese a que, como cuenta Isabel, mientras se encontraba en Egipto, porque se había casado con un diplomático chileno que allá residía, trató de recuperar algunos dineros que Rosita dejó en ese país. “Sólo conseguí una cuenta con 700 dólares, que a esas alturas ya no era nada”, dice.

La pensión de gracia en Chile tampoco llegó, pese a que la misma Isabel y cercanos a Rosita trataron de gestionarla. “La presenté al Ministerio del Interior. Me tramitaron mucho y cuando me avisaron que había salido, que por lo demás era una suma miserable, yo les dije muy seca: muchas gracias, pero mi tía se murió hace tres meses, hasta luego”.

Amapola Roja

Tras la muerte de Rosita el recuerdo ahora se hace presente en sus canciones. Una de sus interpretaciones más recordadas: juanita de rojoRoter Mohn, la amapola roja en castellano, se convirtió también en el título de una película que ahora prepara el cineasta chileno Pablo Berthelon, sobrino nieto de la cantante.

“Conocí a Rosita como a los siete años. Fue un personaje que me llamó siempre la atención. Un poco excéntrico, un poco loco, del cual se colgaban muchos mitos”, confiesa Pablo.

A mediados de 2000 el joven cineasta se interesa más por la historia de su tía abuela y con la era del Internet se encuentra con la verdad de frente: ¡sí había sido una súper estrella!
Para conocer más a fondo la vida de su excéntrica tía abuela, Pablo decidió realizar una pieza documental en 2012, la que tuvo mucho éxito a nivel nacional e internacional. Rosita, la favorita del Tercer Reich, cuenta toda la vida de la cantante a través de los ojos de familiares y amigos que tuvieron la oportunidad de conocerla.

Juan DzazópulosY como la vida de su tía parece un guión de película, Pablo decidió recientemente que llevar su historia a la pantalla gigante sería una buena idea, “para volver a colocar en el sitial que merece la figura de Rosita, como algo que nunca tuvimos, pero que sí existió”, sentencia.

Por ahora, se planea filmar la película a mediados de 2017 y las locaciones serían en Alemania. El guión, por su parte, ya se encuentra escrito. La historia se centrará en su período de vida en Alemania, desde que llega a Berlín, en busca de su madre, hasta que es expulsada porque la acusan de espía.

Quien también busca revivir la figura de Rosita es su propia sobrina, Isabel. Aún recuerda cuando se enfurecía porque su tía le decía: ¡usted tiene que ser cantante, porque lo hace bien! Y las vueltas de la vida tienen hoy a Isabel Aldunate justamente en el canto y planeando también un repertorio de canciones de su tía, pese a que reconoce que es difícil igualar en garbo y en voz al ruiseñor chileno.

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