Rufino Iturrate: Un grande del polo

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Tal como lo hace un científico en su laboratorio, este angelino prepara en su haras del Fundo Tatahue las mejores mezclas para obtener caballos poleros que recorran las canchas más importantes del mundo. Su experiencia de más de 40 años y el profundo amor que siente por este deporte, que tan exitosamente practican sus hijos y dos de sus nietos, le tienen asegurado un lugar de honor en la historia del polo nacional.
“Por favor no vayas a poner en la entrevista que soy amigo de la Reina Isabel y que me paso metido en Europa, como lo hicieron en otro medio, mira que mis amigos saben que no me he movido mucho de Los Ángeles”, nos advierte entre risas Rufino Iturrate Reyes, quien fuera en la década de los 60, junto a Gabriel Donoso Phillips (el padre del fallecido Gabriel Donoso, el mejor polista que ha tenido Chile) y Martín “Matucho” Vial, uno de los precursores del polo en el sur de Chile.
“Los internacionales son mis hijos”, continúa. “Ellos son los que se dedicaron profesionalmente al polo y los que habitualmente juegan fuera del país. Yo, en cambio, fui sólo un jugador del montón, de 3 ó 4 goles, no más”, sostiene. Pese a su modestia, la historia de este deporte tiene el nombre de Rufino Iturrate en un sitial destacado, por haber marcado derroteros en su desarrollo en el país.
Amante de los caballos, durante su juventud, Rufino se lucía en los campeonatos de rodeo más importantes del país. Eso, hasta que en 1964 conoció a Gabriel Donoso, quien llegó a Los Ángeles con los primeros caballos poleros y le enseñó la técnica de este juego.
La estrategia, la adrenalina, la precisión y la energía que requiere esta disciplina lo cautivaron y fue así como entusiasmado con este deporte se animó a conformar, junto a un grupo de amigos, el Club de Polo de Los Ángeles. Construyó una cancha en su fundo, que con los años se convirtió en un semillero donde se formaron varios de los buenos deportistas que ha tenido Chile.
Por supuesto, su primogénito José Antonio, “Tono”, y su hijo menor, Felipe, siguieron su huella y se iniciaron en el polo desde niños. De hecho, Rufino Iturrate y el “Tono”, tan sólo de 14 años, decidieron participar a mediados de los ’70 en la Copa Circuito de Chile, donde se enfrentaron a figuras nacionales consagrados. Dando un golpe a la cátedra, no sólo ganaron el torneo, sino que también mostraron la potencia que estaban alcanzando los equipos angelinos.
A esa altura, Rufino, que era reconocido por la calidad de los caballos para rodeo que criaba en su haras, ya había comenzado a experimentar con los primeros ejemplares especialmente entrenados para el polo.
La preparación de un viaje a una competencia en el sur fue el preámbulo de un hecho que cambió su vida. Mientras paseaba en su caballo, su hijo Felipe (en ese momento de 10 años), sufrió una caída que lo mantuvo en coma durante un mes. Para financiar los gastos médicos, Rufino llevó sus caballos poleros a Santiago para la venta. “Mis amigos me los compraron todos y me alentaron a dedicarme a este negocio en serio”. Pasadas dos décadas de esta decisión, el prestigio del criadero Iturrate en Los Ángeles ha traspasado las fronteras y hoy considera un patrimonio de más o menos 230 ejemplares, varios de los cuales tienen como destino los exigentes mercados de Europa y Norteamérica.
Hace unos años, los hijos de Rufino se asociaran para desarrollar un proyecto que buscará que Los Ángeles retome su lugar de antaño en el circuito polístico. Compraron un fundo, a sólo unos pocos kilómetros de la casa familiar. En 120 hectáreas, el Haras Tatahue promete convertirse en uno de los mejores criaderos del mundo, hasta donde llegarán compradores extranjeros atraídos por el prestigio que los caballos de los Iturrate han alcanzado en las competencias en el exterior. Allí también planean construir una cancha de polo y una casa de huéspedes que fomentará el turismo campestre, con actividades de caza y pesca por los alrededores de la zona.
Rufino se encarga personalmente de la operación de este criadero. Supervisa en detalle el cuidado de los caballos. Conoce las características de cada uno de ellos y se ocupa de las mezclas para lograr algún día el ejemplar perfecto. Tanto afán ya le ha dado réditos, porque una de las yeguas salidas de Tatahue fue una de las más cotizadas en Inglaterra. Por estos días comenzaron los trabajos para la construcción de la cancha de polo; ahí también esta él, vigilando y orientando para que todo resulte perfecto. Porque si hay algo que lo obsesiona es lograr buenos resultados. Conoce literalmente de patas a cabeza a cada uno de sus ejemplares, a algunos les tiene nombre, maneja su distribución en los potreros y con su ojo agudo ya tiene claro cuáles de ellos tienen futuros promisorios.
Y aunque ya no se sube mucho a los caballos, vigila los entrenamientos y las primeras carreras de estos animales que por años han llenado su vida.
El polo sólo lo practica a nivel de “pichangas”, sobre todo durante los veranos cuando llegan hasta Tatahue sus hijos y sus nietos, dos de los cuales, Martín e Ignacio, ya prometen seguir escribiendo la historia de los Iturrate en el polo chileno.

El año pasado un equipo chileno se coronó como campeón mundial de polo. No hubo grandes celebraciones ni tampoco festejos masivos de adeptos por esta hazaña. Porque si bien Chile puede considerarse como una potencia mundial de este deporte y uno de los pocos países donde se practica profesionalmente, su ámbito de acción es restringido y, por lo mismo, los logros de los poleros chilenos son poco difundidos. “En Argentina, tú encuentras canchas por todos lados y por esos son los mejores del mundo. Allá los apoyan, en cambio en Chile, las autoridades del deporte desconocen el potencial de nuestros jugadores, los que por un asunto de recursos y de proyección de sus carreras emigran hacia Argentina o a otros países”, comenta Rufino Iturrate. El proyecto Tatahue tiene también como objetivo difundir esta disciplina y descentralizarla para transformar a su complejo en una alternativa para torneos y campeonatos de polo.

Cuando Rufino Iturrate habla de la carrera de sus hijos su cara se llena de orgullo. José Antonio es uno de los jugadores chilenos con mejor handicap -de 8 goles, el máximo es 10- y de los pocos que ha alzado la Copa de la Coronación, en 1998, trofeo que es entregado por la propia Reina Isabel.
Felipe, por su parte, integró el equipo chileno que obtuvo el cuarto lugar en el Campeonato Mundial, en Alemania 1989, y también fue ganador del Mundial de Polo en Nieve de Bariloche. Los dos hermanos tienen además a su haber -en distintos años- las victorias del Abierto de Ecuador y del Abierto de Chile, entre otros torneos. Con excelentes ubicaciones en el ranking nacional, ambos siguen jugando en Chile y el extranjero y, habitualmente, son partners de empresarios y figuras del cine o la televisión que deciden formar equipos contratando a jugadores expertos. Las historias de José Antonio como compañero de equipo de Silvester Stallone durante cinco años, y sus encuentros con el príncipe Carlos y sus hijos a quienes conoció en el ambiente del polo, son cautivantes. El episodio de la lesión que el “Tono” le causó a Stallone durante un entrenamiento, que lo obligó a suspender una grabación de Rambo III, es una de las historias más contadas de este polero nacional que trata de “Sarita”, a Sara Ferguson, y que se ha enfrentado más de alguna vez en un partido con Carlos y sus hijos William y Harry. Los contactos del polo le permitieron tambien integrar equipos junto a Oussama Aboughazale, el dueño de la exportadora Del Monte, con quien ahora es socio en un proyecto para criar caballos fina sangre.

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