Salarios y consumo: Endeudamiento de los hogares y la hipótesis de inestabilidad financiera

Keynes, el padre de la Macroeconomía, advirtió de los problemas de la falacia de composición: es decir, bajos salarios “agregados” implican bajo consumo agregado.

Dr. José Barrales Ruiz
Jefe Departamento de Economía FACEA UCSC

Siempre se ha hablado de que la inversión es la clave para el crecimiento, lo cual es innegable. Sin embargo, el consumo de los hogares, que representa aproximadamente un 60 % del PIB nacional, es también una fuente fundamental de generación de ingresos. En teoría, es bien sabido que mientras los percentiles más bajos de ingresos gastan la gran mayoría en consumo, los últimos utilizan gran parte de ellos en ahorro y, por lo tanto, en la adquisición de activos financieros.

El caso chileno no es la excepción, pero tiene algunos matices que vale la pena destacar. Primero, somos el país con mayor desigualdad de la OECD, aunque a nivel latinoamericano nos ubicamos por debajo del promedio.

Segundo, según la encuesta de presupuestos familiares, EPF, (ver Figura 1), en regiones los hogares que pertenecen a los primeros ocho deciles no alcanzan a cubrir sus gastos y solo los últimos dos deciles de ingreso per cápita son capaces de ahorrar. Es así como el primer decil gasta más del ciento por ciento adicional a su ingreso, mientras que el primer quintil, aproximadamente el 80 por ciento.

El comportamiento de los primeros ocho deciles, que deben contraer nueva deuda para pagar deuda presente, nos debería recordar a la Hipótesis de la Inestabilidad Financiera (HIF) desarrollada por Hyman Minsky (1964, 1970, 1975, 1982). El principal objetivo de Minsky fue estudiar el efecto de la deuda de las empresas en la economía, aunque HIF también puede ser aplicada de forma análoga a los hogares (ver Stock and Pressman, 2019).

En pocas palabras, HIF indica que, luego de una crisis, las instituciones financieras se vuelven conservadoras y prestan dinero solo a aquellos capaces de pagar sus deudas. Sin embargo, a medida que el periodo de estabilidad se extiende y, por lo tanto, las expectativas de estabilidad se consolidan, las instituciones financieras harán préstamos cada vez más riesgosos y las empresas estarán dispuestas a tomar más riesgo. Con el tiempo, aquellos que podían cubrir sus créditos con facilidad podrían comenzar a tener dificultades para hacerlo debido al debilitamiento de su situación financiera. Al final de este ciclo, cualquier shock dificultaría el pago de deudas lo que podría desencadenar una crisis de proporciones como, por ejemplo, la gran recesión en EE.UU. en 2008. Para Minsky, la estabilidad es desestabilizante.

Como muestra la Figura 1, la situación financiera de muchas familias parece estar bajo constante estrés. Por lo tanto, cualquier shock económico o familiar podría dejarlas sin mucha capacidad de maniobrar. En este contexto, debiéramos poner especial atención a qué grado de “estrés” financiero están siendo sometidos los estados financieros de nuestros hogares.

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