Saltarse la fila no ayuda a cuidarnos entre todos

Durante un fin de semana y por WhatsApp, el presidente de la República solicitó a las autoridades de su confianza (ministros, subsecretarios, intendentes y gobernadores) respetar el calendario de vacunación contra el Covid-19, es decir, la precedencia por edad y comorbilidad definida en el proceso. Un llamado a dar el ejemplo, en medio de un panorama donde se conoció de 37.306 vacunados que no pertenecían a los grupos definidos como prioritarios para ser inoculados contra el virus.

Este mensaje del primer mandatario se sumó a la resolución con la que el ministerio de Salud, días antes, había advertido a los municipios de la posibilidad de iniciar sumarios sanitarios si no se ceñían al calendario establecido.

37 mil y tantas personas que, como se ha dicho, se saltaron la fila porque, también, alguien les facilitó el trámite. Algunos jefes comunales justificaron sus determinaciones como parte de cierta flexibilidad que se les había entregado desde la autoridad central, para establecer sus priorizaciones, o por un protocolo que careció de especificaciones para definir, por ejemplo, quiénes estaban entre los funcionarios que desempeñaban funciones críticas para el Estado como para recibir primero la vacuna.

Las razones esgrimidas no explican la totalidad de la cifra ya mencionada, pero sí indican
que el mensaje “Entre todos nos cuidamos”, aún no es asimilado por ciertos grupos de la población. Saltarse el turno para vacunarse, siendo una persona joven y sana es tan cuestionable como aquellas fiestas clandestinas donde grupos, de jóvenes especialmente, se exponen irresponsablemente a contagios masivos.

Estas conductas reflejan una escasa conciencia de que una de las principales medidas para disminuir la gravedad de esta pandemia es resguardar, primero, a quienes ya se sabe tienen un riesgo mayor de enfermar gravemente y de morir en caso de infectarse: los adultos mayores y los enfermos crónicos. Si bien los primeros encabezaron la lista y su inmunización ha sido rápida, los segundos no han tenido la misma prioridad, como sí otros grupos que fueron inmunizados durante las dos primeras semanas del proceso. El reclamo de los crónicos que aún permanecen en la fila tiene como sustento el hecho de que para ellos las vacunas tienen un efecto protector mayor. Como consecuencia no solo está salvar sus vidas, sino también disminuir las hospitalizaciones y así descongestionar la sobreexigida red hospitalaria.

Cuidarnos entre todos es un mensaje que no debe olvidarse, aun cuando se esté hablando de que por primera vez desde iniciada la pandemia, los casos van a la baja a nivel global. Es una buena noticia. Sin embargo, debemos tener cuidado de que los árboles no dejen ver el bosque, pues en Chile, ya se anunció un Plan Otoño por un posible rebrote que se produciría una vez finalizadas las vacaciones. Una ola cuyas dimensiones desconocemos, pero que encontrará a un grupo importante de la población todavía sin una vacuna.

El respeto, la empatía y la solidaridad con el otro siguen siendo esenciales en esta pandemia. Requerimos una actitud sensata y menos individualista, pues está demostrado que el egoísmo en estas circunstancias no solo no ayuda, sino que agrava la situación.

Todos necesitamos estar protegidos contra el coronavirus, pero hay prioridades. Los menos expuestos a los riesgos vendrán luego. Y mientras llega su turno, también necesitarán de la solidaridad de quienes ya se inocularon contra el coronavirus, pues estas vacunas no son un seguro que impidan un contagio, sino que operan como una herramienta para defenderse de mejor manera.

Las medidas de protección no se acaban cuando un grupo ha ya recibido ambas dosis de vacunas. Ni para ellos ni para quienes aún no han tenido esta oportunidad: mascarilla, distancia social, lavado frecuente de manos y evitar reuniones masivas serán conductas que nos seguirán acompañando el resto del año. Al menos, como han dicho las autoridades, hasta que se alcance la inmunidad de rebaño o colectiva, que ocurre cuando una población puede protegerse de un determinado virus si se alcanza un umbral de vacunación. En el caso de Chile, el ministro de Salud reconoció que esta se lograría en julio, cuando estaría vacunada el 80 % de la población susceptible.

Mientras, el cuidarse entre todos sigue siendo una consigna que no puede soslayarse, porque, sabemos, que el cuidado personal redunda en el bienestar de otros, sobre todo, de los que esperarán pacientemente su lugar en la fila.

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