San Sebastián de Yumbel, símbolo de fe popular

Prof. Andrés Medina A. Licenciatura en Historia UCSC.

Entre las peregrinaciones masivas más importantes que exhibe la religiosidad popular chilena se encuentra, sin duda, la que convoca en la ciudad de Yumbel la figura de San Sebastián, quien pocos saben que en sus inicios fue venerado como el Santo invocado contra la peste. Por ello, qué mejor momento para conocer o recordar su historia que tras un año en el que una plaga moderna ha afectado a todo el mundo causando muerte, dolor y confusión.

Una breve semblanza del personaje nos enseña que Sebastián fue un soldado de las legiones romanas, nacido en la ciudad (hoy francesa) de Narbona. Distinguido en su desempeño militar, llegó a comandar la guardia pretoriana a cargo de la seguridad personal del emperador, ante quien mantenía oculta su adhesión a las enseñanzas de Jesucristo.

Una vez descubierto, y ante el dilema de renunciar a su fe o sufrir el castigo que significaba ser cristiano, Sebastián optó por el camino del martirio, una elección que le significó ser llevado dos veces al cadalso.

En la primera instancia se le condenó a morir asaeteado. Fue atado a un poste y sobre él cayó una lluvia de flechas; pero, a pesar de sus heridas, logró sobrevivir. Al insistir en sus reproches al paganismo de la sociedad romana y a la persecución religiosa del Imperio, fue condenado nuevamente por su fe. Esta vez, Sebastián fue azotado hasta perder la vida, falleciendo el 20 de enero del año 288 d.C.

El recuerdo de su fortaleza ante la adversidad, y la creciente amenaza de una plaga, rápidamente hizo que comenzara a ser invocado por los cristianos, quienes le solicitaban su intercesión ante Dios para librarse de esta calamidad.

En tiempos en que no existía la canonización, el alejamiento de la peste dio origen a una santificación natural de Sebastián en la comunidad cristiana, y al desarrollo de una veneración que desde Roma pasó a España, y que en el siglo XVI llegó a tierras americanas.

Así, el culto a San Sebastián se masificó rápidamente a través de varios países europeos y se hizo visible en toda América prácticamente desde la llegada de los españoles. En Chile, en tanto, la imagen del Santo, de 73 centímetros de alto y tallada en madera de cedro, en España, fue instalada primeramente en Chillán.

Sin embargo, en 1655, luego de algunos ataques a la villa que le daba alojamiento, fue trasladada al fuerte de Santa Lucía, en Yumbel, para evitar que fuera profanada

Es oportuno señalar que la veneración de imágenes religiosas fue común en la mentalidad del soldado español de la época, y que en 1747 este fervor se extendió del círculo castrense a los habitantes de Yumbel y sus alrededores, cuando se invocó la protección del Santo ante un incendio desatado que amenazaba la villa.

La contención a tiempo del fuego fue atribuida a la intercesión de San Sebastián ante Dios, y generó las primeras peregrinaciones de las poblaciones vecinas los 20 de enero de cada año.

Las crónicas fijan a 1878 como el momento en que la santidad de San Sebastián trascendió la provincia, año en que la imagen del Santo fue semidestruida y que el obispo de Concepción, José Hipólito Salas, se preocupó de restaurarla y devolverla a Yumbel.

Desde fines del siglo XIX, la fama de “milagroso” y de “cumplidor” de San Sebastián arrastra a miles de peregrinos hasta la pequeña villa que, cada 20 de enero, se ve invadida por fervorosos creyentes. La tradición popular afirma que, ante la petición de una persona comprometida con su fe, el Santo servirá como aval ante Dios para recibir la gracia solicitada. La religiosidad del pueblo representará en la “manda” la forma en que se pagará el favor recibido, lo que masivamente se concreta los días 20 de enero, fecha de conmemoración de su muerte o, eventualmente, el 20 de marzo, denominado “20 chico”.

Al respecto, en 1927 el talentoso historiador religioso Reinaldo Muñoz Olave nos entregó luces en torno a esta curiosa doble festividad: “Las visitas al Santuario tienen lugar principalmente en los meses de enero y febrero. El mes de enero lo llaman comúnmente el mes de San Sebastián… y el día 31 de enero lo llaman ‘San Sebastián chico’. Ya están perfectamente marcadas varias fechas en que concurren peregrinaciones numerosas, formadas por gremios o colectividades de personas que no pueden acudir el día del santo: son ellos los mineros, los argentinos, los segadores y los vendimiadores”, explica.

Esta versión se complementa con testimonios que indican que el “20 chico”, hoy celebrado en marzo, fue establecido por la autoridad religiosa como una forma de dar la posibilidad de concurrir a mostrar su fe a los campesinos y agricultores, quienes no podían ir en enero por estar en plena faena de cosechas. Así, con la festividad original y esta nueva versión en marzo se consolidó la veneración de San Sebastián, dando origen a una de las celebraciones religiosas más importantes de Chile.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial de Revista NOS.

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