Se abre a temporada de golpes de Estado

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Por Mario Ríos Santander.

Cada 50 años se abre la temporada de Golpes de Estado. Se inicia con “golpecitos”, para luego seguir con el premio gordo: el palacio de Gobierno.

Por estos días, los “golpecitos” son algo más fuerte en Caracas. Desconocer un Poder del Estado es un “golpe”, y eso Maduro lo practica todas las semanas.

Un Golpe de Estado es “vulnerar la legitimidad institucional establecida en un Estado”. En nuestros países latinoamericanos, campeones mundiales de la vulnerabilidad, a estos actos intimidatorios o “golpecitos” se les denomina “acto de protesta”.

Y tienen razón, porque se inician sólo protestando, pero, a poco andar, comienzan los llamados a desconocer la estructura institucional, se vocifera la “ilegitimidad” de tal servicio o institución del Estado para “tomarse” una parte del país, eliminando las libertades de sus habitantes y proclamando otras autoridades conductoras para, finalmente, aseverar que “se llegará hasta las últimas consecuencias”.

Recuerdo que al comienzo de los ‘70 en Porvenir, Tierra del Fuego, se elevó la bandera Argentina. Golpe de Estado a todas luces. Sus organizadores se libraron, porque sin saberlo, en esos mismos días se izaba la bandera chilena en Ushuaia, Argentina, protestando por lo mismo, el centralismo de ambos gobiernos. Uno de los líderes del lado chileno señaló que, “si hubiésemos sabido que los argentinos estaban en eso, habríamos declarado la independencia patagónica de ambos gobiernos”.

Hoy, reitero, cuando se está abriendo la temporada latinoamericana de “golpecitos”, en Brasil, Dilma Rousseff defiende su cargo señalando que su expulsión fue un Golpe de Estado.

El Presidente Lugo, de Paraguay, dijo lo mismo, y ahora lo proclama Maduro, agregando un ingrediente: que el Golpe de Estado que se quiere dar en Venezuela se ha fraguado en Washington”.

En Argentina comienza a actuar el Poder Judicial y “Cristina” llama a “rebelarse de este poder que no nace del pueblo”, alentando otro “golpecito” o un golpe de proporciones mayores.

Si las encuestas dicen la verdad, en Chile el ciudadano simplemente está desconociendo al Poder Legislativo. Le resta a diario toda legitimidad y, a sus miembros, sin excepción, los moteja de “corruptos”.

El Poder Judicial corre por otro carril en condiciones similares. Es decir, la institucionalidad se ha marginado de tal manera que, según comentan nuestros “honorables”, han debido retirar las placas parlamentarias de sus vehículos para que no les quiebren los vidrios. ¿Simplemente incultura ciudadana o disposición a terminar con todo?

En América Latina las constituciones duran menos que las leyes. Si quieres que algo perdure, procura una Ley. Pasará inadvertida, en cambio, la Constitución te la eliminarán, dije una vez en Lima, alegando que cada gobierno se considera “fundacional”. No hubo respuesta. Y estos “golpecitos” o vulneraciones a lo dispuesto por el Estado ayudan para tal efecto. De eso no hay duda.

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