¡Se acabaron las vacaciones!

Cambia el switch. Otra vez de vuelta: colegio, instituto, universidad, trabajo. Es que en el curso del año calendario como sistema universal en los cinco continentes vivimos en medio de subsistemas muy marcados. En esta parte de Occidente a los chilenos nos resultan meses de oficios desde marzo a diciembre como regla general. Nada más promediar febrero debemos preparar vituallas físicas, espirituales,  psicológicas, para el nuevo período de ser y hacer en aquel mundo propio, exclusivo y excluyente que marca nuestra singular ruta preñada de sueños, esperanzas, nobles perseverancias, momentos buenos y de los otros.
Particularmente el 2009 a nivel mundial nos ha saludado desde el rincón menos deseado, el de la crisis financiera mundial que en un mundo globalizado ejemplifica bien el efecto dominó, producto de la inexistencia de fronteras en el tránsito de las ideas, mercancías, productos y servicios en el camino de los hombres. Si hoy ocurre un conflicto en el Medio Oriente sube el precio de las nalcas en Lebu y el de los porotos burritos en Cherquenco. Es que vivimos el orbe de las más absoluta dependencia -no entendida como la vieja teoría aquella de los años sesenta que particularmente sociólogos y economistas hacíamos nuestra- sino en el sentido más brutal y directo del recién acotado ejemplo: el conflicto del Medio Oriente eleva el precio del petróleo, sube el de las nalcas y el de los porotos burritos acá en el otro lado del mundo. Brutal dependencia. Mundo globalizador, mundo copión.
Cultura instantánea y cibernética que progresivamente  de manera uniformemente acelerada nos ahoga. El menú es cada vez más y más universal. La moda viste con matices globales. La religión en tanto esencia se va estandarizando a partir del bien y del mal. En fin, en minutos y segundos la tesis de “la mayoría manda” produce un jaque mate a las adecuaciones de sentido, es el reino  de las estadísticas en tanto con un voto más cambiamos la sociedad política, un auténtico y horroroso  people meter universal.
Febrero y marzo en este borde sur de América significa estar parados ya en el umbral del nuevo año laboral. Ahí está cada uno de nosotros, las familias, los Estados, a la expectativa como en el rodeo: al aguaite. Por cierto, lo último, una exagerada y caricaturizada Obamanía fruto de la desesperación universal en un planeta inequitativo totalmente alejado de virtudes, valores y principios
¡Se acabaron las vacaciones! Ojalá que ahora  más o menos descansados comprendamos de una vez por todas la sabia máxima de los abuelos: “la ambición  rompe el saco”, y, vayamos por la auténtica caridad y fraternidad que el difícil 2009 nos pide a gritos a fin de no continuar por la senda egoísta pavimentando el camino a otra y peor crisis moral- financiera internacional.

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