Si la gente canta, todavía hay esperanza

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María Angélica Blanco Periodista y escritora.

En medio de tanta odiosidad, agresiones verbales y descalificaciones que enturbian el ambiente, los chilenos debiéramos agradecer el hecho de que aún hay mucha gente que canta. Niños, jóvenes y ancianos cantan y nos enriquecen el espíritu en programas televisivos que buscan pulir talentos para convertirlos, ojalá, en diamantes. Me lleno de emoción al escuchar a jóvenes de poblaciones modestas, cuyas voces se alzan como ruiseñores para entonar arias de óperas famosas. El mismo sentimiento me produce oír a mujeres y gente de la tercera edad emitir sonidos a veces tan prodigiosos que me hacen llorar.

Pronto saldrá al aire la versión chilena de The Voice. Uno de los miembros del jurado, el ex integrante de Los Bunkers, Álvaro López, apuntó hacia algo que constituye la esencia del canto del ser humano y que es el propósito de dicho programa: ”Queremos liberar las emociones”. Porque eso es el canto, desde que nació en tiempos inmemoriales. Expresar una emoción y transmitirla. Los etnomusicólogos sostienen que el hombre primitivo habría sentido la necesidad de cantar frente a estados de ánimo de alegría, de dolor o de júbilo por haber cazado alguna presa. Cantar hace bien. Se genera endorfina y oxitocina, previene la depresión, protege el sistema inmunológico y quien canta siente una sensación de felicidad.

Luis Fonsi, otro miembro del jurado de The Voice, expresó que cantar alegra el espíritu y libera el alma de sus tribulaciones. “Si alguien encuentra el éxito que alcanzó Susan Boyle en la audición de Talento Británico, y que hoy es una estrella internacional, nos parece fantástico. Pero, el objetivo de esta audición es que la gente que canta sienta que el verdadero éxito es encontrarse a sí mismo y traspasar una genuina emoción al público”, agregó.

Pienso que está en lo cierto y sueño con un país en que todos cantemos para sacudir la negatividad que se ha instalado en la mente de miles de compatriotas, aquellos que sólo elevan su voz para agredir, atacar, ofender y mirar con los ojos entintados de negro todo lo que ven y ocurre a su alrededor. Propongo que se formen grupos corales por doquier y que canten los políticos, los empresarios, los estudiantes, los profesionales, los gremios, las organizaciones sindicales, los dueños de medios de comunicación, los periodistas, los niños, adultos y ancianos. Tal vez, si todo Chile cantara, desde Arica a la Antártica, podríamos construir un país mejor.

Porque el canto es un grito de esperanza, los invito a entonar el Himno a la Alegría que compuso Beethoven para la Novena Sinfonía Coral. “Ven, canta, sueña cantando, vive soñando el nuevo sol, en que los hombres volverán a ser hermanos”.

Nos hace falta cantar y mirarnos con los ojos del alma para volver a sentirnos hermanos.

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