¿Síndrome del vencedor?

Desde la época de los romanos la tríada ganadora expresaba Vine, Vide et Venci. El caso es que las distintas épocas significan períodos de tiempo diferentes. Y no por casualidad hoy, como dicen los sabios abuelos, el tiempo pasa más rápido. Vivimos en medio de un caudal de hechos y actos que de un tris parecieran diversificarse progresivamente. En efecto, el tiempo encerrado en el paréntesis de un mes o un año es significativamente distinto si lo comparamos mirando por el espejo retrovisor de la historia y de la sociología humana. ¡Qué duda cabe! La regla temporal es como la regla física: uniformemente acelerada. Y, los Vine, Vide et Venci son también raudamente diferentes.
Los más antiguos hablan de refundar, concepto que la sociopolítica ha trasladado a hechos como los vividos en estos dos últimos períodos presidenciales, en que los triunfantes expresan su deseo de cambiarlo todo o casi todo bajo el presupuesto de que el cambio será de todas maneras mejor que lo que hay o había. Indecoroso planteamiento que dibuja un artilugio demagógico, toda vez que la nueva implementación a favor del mentado nuevo cambio o no la conocemos o hemos sido notificados de la misma sólo a través de promesas y palabras, casi como el chileno en el pololeo. Piñera fue soberbio cuando recién comenzaba su mandato, y eso le pasó la cuenta. Bachelet hasta el momento igual o peor. Hoy nos sitúa en medio de una pretendida Reforma Tributaria en la que los deslindes de los hechos grabados no están claros y definitivos, solicitándole al ciudadano que se pronuncie clara y definitivamente. Como dicen mis alumnos ingenieros comerciales: “No me cuadra”.
Piñera en su momento venció. Bachelet ganó por paliza. Sin embargo, el cordón umbilical entre ambos se afianza en dos tipos extraños de Soberbia. Sí, con mayúscula. Todavía hay más: en el caso de Piñera una presencia excesiva, del todo exagerada, nos salía el Presidente hasta en la sopa. Y, en el caso de la Presidenta, todo lo contrario, por ausencia, incluso desde su misma campaña en la que posó como candidata fantasma, ejercicio que sigue cultivando con esmero cuando se trata de afrontar temas de gran complejidad o delicados, tal como ocurrió para el 27 de febrero con ocasión del terremoto.
Ambos paradigmas son lamentables, de mala madera, impropios de estadistas. Ni uno ni otro cimentados en el minimum ético del buen político y su correspondiente buena política. Ambos tipos de actuar son afectados, no naturales, contribuyendo como el que más al cansancio, al hastiamiento y hasta a la repulsión que los chilenos muestran por el hacer político de quienes se autoproclaman como servidores públicos. Con evidencia y claridad trátase de una crítica a los políticos, jamás hacia la política de todos los tiempos.

Prof. Dr. Marcelo Contreras Hauser. Master y Dr. en Derecho y Ciencias Políticas y Sociología.
Prof. Dr. Marcelo Contreras Hauser.
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