SNA y su apuesta por la educación Técnico Profesional: Golpe a la cátedra

Empresarios, profesores y familias unidas con un sólo objetivo: educación de calidad y mejores perspectivas laborales. A continuación presentamos los secretos de este desafío encabezado por un grupo de decididos empresarios agrícolas sureños para quienes la educación y el trabajo caminan de la mano.
Lorenko Codjambassis prepara las maletas para partir dentro de unos días a Nueva Zelanda. Este joven técnico agrícola recién egresado del Liceo Agrícola “Vista Hermosa” de Río Negro, trabajará por al menos un año en Oceanía, en medio de uno de los polos de desarrollo agrícola más tecnificado del mundo.
Con tan sólo 18 años, Lorenko poco sabe que la génesis del viaje  de su vida ocurrió hace más de 3 décadas, cuando empresarios reunidos bajo el alero de la Sociedad Nacional de Agricultura se pusieron a trabajar de cabeza en un proyecto educacional que, con los años, causaría una verdadera revolución en la vida de miles de familias vinculadas a sectores rurales y campesinos de escasos recursos.
Revolución silenciosa
Tras la antigua y tradicional fachada del edificio de calle Tenderini, ubicado en pleno centro de Santiago, los equipos técnicos de la SNA apuraban el tranco para la puesta en marcha de la Corporación de Desarrollo Social del Sector Rural, CODESSER. Corría 1976 y la agricultura y el país en general atravesaban por momentos difíciles. En lo inmediato, se hacía imperioso un cambio radical en la manera de entender la educación rural. El campo se tecnificaba, se abrían nuevos mercados y la agricultura demandaba personas más preparadas, más despiertas, pero, sobre todo, más emprendedoras.
“Nadie hablaba entonces de RSE”, recuerda Sergio Haeger Berner, ingeniero agrícola y educador ligado al proyecto desde sus comienzos. Sin embargo, ya germinaba en el empresariado agrícola la necesidad de vincular de un modo más estrecho a productores, trabajadores y familias. “La SNA hizo un diagnóstico exhaustivo de la situación educacional en las zonas agrícolas”, explica Haeger. Los estudios demostraron graves falencias formativas y de infraestructura, “pero también en cuanto a valores asociados con el mundo del trabajo, como la puntualidad, la responsabilidad o el emprendimiento”.
Se requería actuar en forma rápida y decidida, por ello, a través de donaciones, los agricultores consiguieron predios para construir nuevas escuelas, liceos y centros de práctica. En forma paralela, convencieron a las autoridades de la época para modificar los planes de estudio de acuerdo con la realidad productiva y social del agro.
Hoy, este modelo de educación gestionado por la SNA a través de su filial, CODESSER, muestra sus logros: 8.700 alumnos, 1.600 egresados anualmente, tasas de ocupación superiores al 90% y una infraestructura de primer nivel a lo largo de su red de 20 liceos ubicados entre Ovalle y Coyhaique. La inmensa mayoría de los estudiantes estudia en forma gratuita, pues el modelo ha demostrado ser particularmente exitoso para manejar los montos de subvención que entrega el Estado, una suma que alcanza el 73% del total de los recursos empleados. El resto se obtiene de la producción propia que generan los establecimientos y, en menor medida, vía donaciones.

Empresarios a la cabeza

Para quienes conocen el tema de cerca, una de las causas que explican la extraordinaria inserción laboral de los técnicos egresados de los establecimientos de CODESSER, se encuentra en el funcionamiento del llamado “Consejo Regional Empresarial”. En estos organismos colegiados participan unos 160 empresarios a lo largo del país quienes, en síntesis, constituyen el nexo entre el mundo docente y la realidad productiva local en la que se inserta cada liceo. De esta forma, cada plantel va adecuando sus objetivos de acuerdo con las características propias de su comunidad y los requerimientos y parámetros específicos que supone la formación técnica agrícola, forestal, gastronómica o industrial impartida según sea el caso.
Así, cada consejo actúa en forma directa junto a los directores de las escuelas y liceos. Apoyan los proyectos de crecimiento, consiguen prácticas profesionales y, quizás lo más importante, van entregando un valioso know how de gestión empresarial, que enriquece los planes de estudio.
Por eso hoy, Lorenko y muchos otros como él ven el mundo laboral con otros ojos. Porque, para ellos, la educación rural lejos de ser una desventaja, terminó transformándose en un pasaje para tiempos mejores.

La Unión hace la fuerza

Augusto Grob Fuchs se mueve como pez en el agua entre las herramientas, equipos y talleres del Liceo Industrial Ricardo Fenner de La Unión. Sin dejar de sonreír un instante, este agricultor, quien es también Presidente de la emblemática empresa de lácteos Colun, observa con indisimulado orgullo cómo buena parte de los 1.060 alumnos del establecimiento, trabajan concentrados en tareas de alta complejidad técnica, inmersos en un mundo de cables, tuercas, computadoras, tableros eléctricos y sobre todo estudio, mucho estudio.
“Cómo no voy a estar contento al mirar a estos muchachos”, aclara de entrada. Es que para Grob -Presidente del Consejo Empresarial de este liceo- resulta imposible entender la educación sin ligarla directamente con la práctica y el trabajo duro. Perteneciente a una familia de larga tradición empresarial es abiertamente crítico del sistema tradicional de educación secundaria y defiende este método de enseñanza compartida, donde los estudiantes son orientados y dirigidos hacia el mundo del trabajo, gracias al estrecho contacto y participación conseguido entre familias, profesores y los integrantes del Consejo Empresarial, ese grupo que él lidera y que facilita la inserción de los jóvenes a prácticas profesionales y trabajos remunerados altamente especializados.
“Existen diferencias marcadas entre trabajadores que han sido alumnos de estos establecimientos relacionados con CODESSER y aquellos que estudiaron en otro tipo de liceos”, explica. “Aquí se ha logrado inculcar el concepto básico de responsabilidad y esfuerzo. Hay una mística empresarial, un convencimiento de que es posible salir adelante y nosotros, como integrantes del Consejo, vamos a apoyarlos siempre para que consigan sus objetivos”.

JUGADOS POR EL TURISMO

El 5 de marzo, los 485 alumnos del Liceo Politécnico People Help People de Panguipulli, tuvieron un ingreso a clases muy diferente al de años anteriores. El establecimiento, que cuenta con casi un 80% de internos, había cambiado su cara de manera radical, presentando instalaciones completamente renovadas: laboratorios, salas de clase, patios y el internado parecían sacados de algún comercial televisivo promoviendo instituciones de educación superior. Pero no, estaban en Panguipulli, a un paso de inaugurar el liceo que ha dado fama a la “tierra de leones” en el ámbito gastronómico y turístico.
“A mis alumnos se los pelean para las prácticas profesionales, de hecho 19 de ellos ya fueron contratados por el Casino de Puerto Varas”, cuenta un entusiasmado Sebastián Pardo, el cheff internacional de mil historias, quien luego de años de trabajar en varios países de Europa y Norteamérica, terminó recalando junto al Lago Panguipulli donde hoy prepara a sus futuros colegas en el flamante taller de gastronomía y el restaurante de cocina internacional que posee el liceo.
Al igual que los casos de La Unión, Río Negro y el vecino Liceo Agrícola y Forestal de Pullinque -otra “joyita” en medio del campo-  aquí también existe un Consejo Empresarial, dirigido por Cristina Stolzembach, una agricultora de la zona que no esconde su admiración por esta obra fruto del empuje de la Fundación People Help People, administrado por CODESSER. Es que, otra vez, las cifras hablan por sí solas. El 78% de sus egresados con título técnico trabaja contratado en importantes destinos turísticos del país. Además, un porcentaje importante ha continuado sus estudios en centros de educación superior. Logros mayores, más aún si se considera que todos los alumnos provienen de sectores rurales con altos índices de pobreza. Una condición que en nada parece afectar a sus alumnos que se preparan para los desafíos futuros siguiendo la misma receta comenzada hace 3 décadas por un grupo de agricultores que entendió que la verdadera revolución del agro comenzaría por la educación.

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