TADEA GARCÍA DE LA HUERTA, PIONERA CRIOLLA DE LA POESÍA FEMENINA

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María Angélica Blanco Periodista y escritora.

Las lluvias precordilleranas, principales causantes del reciente aluvión en el Cajón del Maipo que dejó a su paso muerte, destrucción y miles de damnificados, me hicieron recordar a una mujer considerada precursora de la poesía en Chile, tal vez la única que incursionó en dicho género en el siglo XVIII.

Tadea García de la Huerta, más conocida como Sor Tadea de San Joaquín, joven y hermosa aristócrata confinada por su propia voluntad en el Monasterio del Carmen Bajo, escribió un Romance de más de 500 versos octosílabos en 1783 tras el desborde del río Mapocho. Fue una catástrofe que sobrepasó el colonial puente de Cal y Canto y anegó un extenso sector de Santiago, arrasando con templos, abadías y barrios, e inundando también el monasterio donde guardaba voto de clausura la bella carmelita.

Después de ser rescatadas, las religiosas fueron acogidas en la Recoleta Domínica. Es allí donde por mandato de su sacerdote confesor, bajo precepto de obediencia y con el fin de dejar constancia de la tragedia, Sor Tadea escribió no sólo un texto lírico, sino un  valioso legado histórico.

Sorprende su ágil, versátil y cultísima pluma: “Qué violento/ el aire, rompiendo montes/ con altivo movimiento/ con armados huracanes/ mostraba, que en un  momento/ desquiciaba de sus ejes/ el globo, que más desatento/ presentó al cielo batalla/ y viniendo a rompimiento/ en mucha lid disputaban/ con recíproco ardimiento/ por cuál de los dos quedaba/ el campo del vencimiento”.

José Toribio Medina la señala como una de las primeras féminas que versifican a fines del período colonial y resalta sus rasgos alegóricos y su teatralidad barroca.

Notable es que el famoso historiador y crítico español Ramón Menéndez Pidal la incluya entre otros autores destacados de Romances Noticiosos. Fragmentos de su manuscrito se conservan en el Archivo Central Andrés Bello, así como delicados grabados del Convento del Carmen Bajo.

Ya entrando en el siglo XIX siguió dando muestras de su pluma chispeante y compuso nuevas poesías que no se conservaron. La víspera de Navidad de 1827, enferma y en agonía, se despidió de las religiosas que la atendían entonando el Te Deum Laudamus y así, cantando, dio su último suspiro.

Expresión tardía del barroco literario, Sor Tadea luce “como flor única en el páramo poético de nuestro siglo XVIII”, anota José Toribio Medina.

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