Tormenta Perfecta

Así califica María Cecilia Romero cada uno de los hechos que terminaron con su marido, un ex ejecutivo de una transnacional, condenado a 30 años de cárcel, acusado de ser líder de una red de tráfico de menores en Venezuela. Desde Concepción, ella repite una y otra vez: “No somos secuestradores ni traficantes de niños, sino una pareja que no ha podido tener hijos y que adoptó a dos pequeñas abandonadas. A él lo involucraron injustamente, no sé porqué razón”. Miles de puertas sigue tocando hasta hoy para demostrar su inocencia y traerlo de regreso a Chile.

Por  Pamela Rivero / Fotografías Gino Zavala.

 

foto10001 (1)La noche del 23 de julio del 2014, Ricardo Landeros Burgos llamó por teléfono desde Venezuela a su mujer María Cecilia Romero Peña. Conversaron cerca de dos horas. En esos 120 minutos él le organizó la vida: lo que debía hacer con el negocio familiar en Chile, dónde y cómo tenía que educar a sus hijas adoptivas, María Matilde y María Teresa, incluso le insinuó que no desechara la idea de rehacer su vida junto a otro hombre en el futuro.

Desde Yumbel ella no daba crédito a lo que escuchaba. “Era como estar viviendo una pesadilla”, recuerda.

Aquel día la justicia venezolana había condenado a Ricardo Landeros, quien ocupaba el cargo de gerente de Masisa en ese país, a 30 años de cárcel por los delitos de trata de personas y asociación para delinquir. El Ministerio Público lo acusó de ser el líder de una banda de tráfico de niños que operaba en el estado de Bolívar.

El Tribunal de Juicio Accidental en materia de Violencia contra la Mujer le dio la misma pena a los venezolanos Leomar Jesús Barrero, Yazmín Maurera y Humberto Guerra, consejero del Consejo de Protección del Niño, Niña y Adolescente (Cpnna), a quien también se le añadió el delito de corrupción propia y forjamiento de documento público. 

Además fueron condenados otros dos consejeros del Cpnna y un fiscal auxiliar 8° del Segundo Circuito Judicial Penal del estado de Bolívar. Ellos deberán pasar cinco años bajo régimen de presentación tras ser hallados culpables por el delito de forjamiento de documentos.

Desde Chile, María Cecilia ha movido “cielo, mar y tierra” para conseguir apoyo. Ya tiene el de la Presidenta Bachelet, de la cancillería, de la Iglesia Católica, de empresarios del rubro forestal y de senadores y diputados. En Venezuela, en tanto, el del embajador de Chile, Pedro Felipe Ramírez, y de los trabajadores de la empresa en que trabajaba. Su único objetivo es probar la inocencia de su marido y traerlo de vuelta a Chile. 

La defensa de Ricardo Landeros solicitó la nulidad del juicio para poder presentar pruebas que por una serie de irregularidades no fueron consideradas en el primer proceso. Desde julio del año pasado está esperando, preso, que se concrete esa audiencia de apelación. Al cierre de esta edición ésta había quedado fijada para el 18 de agosto.

Las cosas en Venezuela y Chile son muy distintas, los tiempos no son los mismos, es una cosa de cultura, dice María Cecilia: “Tras las condena de Ricardo, la justicia había dado cinco días para que el tribunal se pronunciara sobre esta apelación y máximo un mes para que comenzara un eventual nuevo juicio, pero ya ha pasado un año y no ha sucedido nada de eso”, reclama.

Los partners de Vista Hermosa

Cuando se abrieron las puertas de la cárcel de Vista Hermosa, en la Ciudad de Bolívar, vio que cuatro reos esperaban su llegada. Asustado, Ricardo Landeros pensó que aquellos hombres lo aguardaban para hacerle daño. Era el blanco perfecto: extranjero, gerente de una transnacional y estaba acusado de traficar niños, un delito que tiene una de las penas más altas de la legislación venezolana.

Resignado, siguió caminando para asumir lo que viniera. Era el último día de agosto del 2013. Cuando los tuvo enfrente, uno de ellos le dijo: “Somos los encargados de tu seguridad”.

Por consejo de sus abogados, la familia había contratado a esos presos para salvaguardar su integridad. Vista Hermosa es una de las cárceles más grandes de Venezuela y, también, una de las más peligrosas.

bb noviembre 2012 1158Durante  todo el tiempo que se mantuvo recluido en ese penal, los hombres se convirtieron en su sombra: lo acompañan a caminar, a comer. Sólo se separaban de él cuando lo dejaban seguro en su celda. María Cecilia dice que esa medida – de contratar “partners”- se toma con personas con las características de Ricardo que llegan a a ese sitio. “El delito de tráfico de niños es repudiado por los reos, además, ellos veían a Ricardo como un hombre rico, no como un profesional que vivía de un sueldo, y por eso se arriesgaba a ser víctima de golpizas u otros ataques para sacarle dinero”.

El día anterior a su llegada a la cárcel de Vista Hermosa, a Ricardo Landeros la Guardia Nacional venezolana lo había detenido en una carretera cercana a Puerto Ordaz, mientras iba camino a reunirse con la directora de un hogar de menores -Yazmín Maurera- que le había ayudado a gestionar la adopción de dos niñas en ese país. Ahora Ricardo y Cecilia buscaban convertirse en padres de una tercera. Ese día conocería a la pequeña.

Ahí la trama de esta historia se enreda para la familia Landeros Romero. Según la investigación, Yazmín Maurera era parte de una red de tráfico de menores. Junto a otros cómplices había robado a una niñita de siete meses para entregársela a Ricardo. Cuando la detuvieron ella lo sindicó como el cabecilla de la banda.

“No entiendo por qué lo culparon. Nosotros íbamos a adoptar a una niña, siguiendo el proceso que la ley indica. No somos secuestradores ni traficantes de niños, sino una pareja que no ha podido tener hijos. Con ella (Maurera) siempre tuvimos un trato cordial, colaboró con nosotros en la adopción de nuestras hijas, por eso cuando se dio la oportunidad de adoptar a una tercera pequeñita no desconfiamos ni tampoco vimos que detrás hubiese algo ilegal. Con el tiempo descubrimos que la chiquitita que nos iban a entregar no era la que nosotros adoptaríamos. La niña que se convertiría en nuestra hija sigue creciendo en un hogar de menores de Venezuela”, explica María Cecilia.

La llegada de su primera hija

“A las niñitas las mandó Dios a nuestra casa”, dice ella, para explicar cómo decidieron convertirse en padres durante su estada en Venezuela. Se radicaron en Puerto Ordaz en el 2007 por el trabajo de Ricardo. Llevaban tres años juntos y no tenían planes de tener hijos juntos. Ricardo sí era padre de tres. 

-Apenas llegamos a esa ciudad comenzamos a colaborar en un hogar de ancianos. A los dos nos llenaba mucho ayudar, sobre todo en este país donde tú ves tanta necesidad, tanta desigualdad a tu alrededor. Un día llamé a la cónsul de Chile en Puerto Ordaz, Nora Quiroga, para canalizar una ayuda. Ella me indicó que había un hogar de niños llamado La Cigueña, que tenía muchas carencias. Con Ricardo decidimos ir a conocerlo. Era un lugar muy deprimente, oscuro, donde vivían 30 niñitos que eran cuidados por tres funcionarios. Algunos eran huérfanos y otros habían sido enviados allí por su situación de vulnerabilidad.

Les llevamos dulces y golosinas. Ellos estaban felices, pero había un pequeño que parecía molesto con nuestra presencia. Se llamaba Josué y tenía 12 años. Preguntamos qué le ocurría y nos contestaron que a él nadie nunca lo había apadrinado, por sus modales. Era bastante huraño. Nos acercamos a él, y tras mucho rato le sacamos una sonrisa. Conversamos con Ricardo y nos dijimos por qué no lo apadrinamos nosotros.

Se lo propusimos a la directora del hogar, Yazmín Maurera, y ella nos pidió infomes de la parroquia, de residencia y también financieros para presentar nuestra solicitud al directorio. Si la aceptaban, Josué podría pasar con nosotros los fines de semana.

Cuando Yazmín Maurera los llamó para decirles que la respuesta era positiva, les pidió como favor que también ayudaran a una pequeña de dos meses que había sido abandonada por su madre, en noviembre del año 2008, en el hospital Uyapar, de la misma ciudad. Accedieron.

El día que debían ir por Josué pasaron antes por el hospital para visitar a esa niña.

-Nos enamoramos de ella apenas la vimos. Sus ojos eran grandes, dos polcas negras maravillosas. Estaba llena de vías porque tenía problemas respiratorios y arritmia. Su estado era muy delicado. Ricardo no se resistió y la tomó en brazos. Recuerdo que vestía un buzo damasco desteñido y que cuando le cambiamos ropa, para ponerle la que le habíamos llevado de regalo, nos dimos cuenta que su cuerpecito estaba lleno de escaras porque en el hospital nadie se preocupaba de ella. Nunca más la dejamos sola y empezamos a cuidarla en el hospital. También apadrinamos a Josué y lo incorporamos a esta dinámica de cuidar a esta pequeñita abandonada.

Esa niña es María Matilde, su hija mayor, quien este 2015 cumple siete años. Su situación no es un caso aislado en Venezuela. Según cifras de la Unicef, en ese país hay más de 10 mil niños en condición de abandono. Así y todo, allá los procesos de adopción son largos y engorrosos. Son muy rigurosos en cerciorarse de que los padres adoptivos cumplan con todos los requisitos de idoneidad contemplados en la Ley Orgánica para la Protección del Niño, Niña y Adolescentes (Lopnna).

La edad juega en contra de los pequeños que viven esta realidad, pues después de que cumplen seis años es muy difícil que alguien se interese en ellos.

Tampoco son frecuentes las adopciones abiertas. En lugar de dar directamente a sus hijos en adopción, las madres, sobre todo las adolescentes, los abandonan en los hospitales tras el parto, lo que dificulta aún más los procesos, “pues el Estado se encarga de buscar por todos los medios a la madre u otros familiares antes de entregarlos a otros padres”, cuenta María Cecilia.

La mamá biológica de María Matilde dio un número de cédula falsa en el hospital donde dio a luz a la niña. Jamás pudieron hallarla.

Por una medida de salud dictaminada por el Instituto Autónomo Consejo Nacional de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes (Idenna), los Landeros Romero consiguieron llevarse a la niña a su hogar.

Decieron adoptarla. A pesar de todos los cuidados que le brindaban, la niña no mejoraba su condición de salud. “De un momento a otro comenzaba a convulsionar y su temperatura subía a 40 grados. Le hicimos cerca de 100 exámenes y no nos daban un diagnóstico. Recién cuando cumplió dos años supimos que tenía prolapso cardiaco, que significa que la válvula mitral es más larga de lo normal. Aún no es candidata a una operación, pero hasta hoy toma drogas en la mañana y en la tarde para evitar las arritmias”. 

La niña que nadie quería

Mientras realizaban los trámites para la adopción de María Matilde, los Landeros Romero recibieron un nuevo llamado de Yazmín Maurera. Había otra pequeña, recién nacida, en situación de abandono en el hospital. “Nos dijo que no tenían dónde llevarla, que había una jueza interesada en adoptarla, pero que mientras se hacían los trámites alguien tenía que hacerse cargo de ella”. El hogar que dirigía la mujer ya casi no daba abasto. Por eso Cecilia y Ricardo se ofrecieron a cuidarla. “Llegaron a nuestra casa con una bebé pequeñita, desnutrida y envuelta sólo con un pañal”. Esa niña es María Teresa. La conocieron en julio del 2009.

Venezuela y Chile feb-abril 2011 250-Un día fueron por ella a nuestro departamento para realizarle exámenes rutinarios. No volvieron. Cuando llamé para preguntar qué había sucedido, me dijeron que la niña era VIH positivo y que la jueza había desistido de la adopción. Creo que les contestó que los niños eran para llevar alegría a los hogares y no problemas. También nos dijeron que en su condición no era adoptable para ninguna familia. Su destino era ir a morir a un hogar. Decidimos hacernos cargo de ella, la llevamos nuevamente a vivir con nosotros, pero el Idenna nos lo prohibió porque era un peligro para María Matilde y nuevamente se la llevaron. Por meses no supimos dónde estaba. Una noche Ricardo me preguntó si yo iba a poder vivir tranquila el resto de mi vida sin saber qué había sido de ella. “Yo no puedo, me dijo”. Con ayuda de amigos, la encontramos en un hogar en Caracas. A esas alturas María Matilde ya se había convertido en nuestra hija, así es que no nos podían prohibir tenerlas juntas. 

Aquí María Cecilia se detiene para explicar que por consejo de funcionarios del Idenna, María Matilde se convirtió en parte de su familia a través de un reconocimiento voluntario. “Habíamos realizado gran parte del proceso de adopción, pero el trámite de los informes era lentísimo. Como ya estaba corroborado que no había sido posible encontrar a la familia biológica de María Matilde, nos dijeron que usáramos esta alternativa, que también es legal. Corríamos el riesgo de que la adopción demorara al menos dos años más, así es que aceptamos”.

Hace poco María Cecilia dio con una información que le hizo entender por qué la gente del Idenna les había propuesto esa figura legal en lugar de la adopción: “En uno de los capítulos de su programa Aló Presidente, del año 2008, Hugo Chávez había pedido a las instituciones que cautelaban el bienestar de niños abandonados que apuraran los trámites para que esos pequeños tuvieran sus familias definitivas. Eso seguramente hizo que para nuestro caso, como debe haber sucedido con muchos otros, se ofreciera este proceso llamado reconocimiento voluntario”.

Ya eran una familia

María Teresa también se convirtió en su hija mediante un reconocimiento voluntario. En una de las visitas que le hicimos al hogar donde la tenían en Caracas, la directora, una monjita, nos alentó a que iniciáramos los trámites. “Ella tiene posibilidades de acceder a un tratamiento y de crecer sana. No es justo que venga a morir acá y que no conozca el cariño de una familia”, le dijo a María Cecilia.

Con ella el trámite fue mucho más rápido. La pequeña había sido abandonada por su madre, una mujer alcohólica y con VIH positivo. “Supimos estos datos porque un vecino nuestro en Puerto Ordaz, que es inmunólogo y que con su mujer pediatra veían a nuestras niñas, la atendió en un hospital. Ella le contó su historia y él le comentó que sabía donde estaba su pequeña, pero la mujer escapó del lugar antes de que se pudiera avisar a las autoridades. Tampoco se pudo dar con su paradero.

María Teresa vivió en el hogar de menores hasta marzo del 2010. El 25 de febrero de ese año, les avisaron que toda su documentación estaba lista para que hicieran el reconocimiento voluntario. María Cecilia había viajado junto a su hija mayor a Chile. “Vino el terremoto y no pudimos salir del país en 15 días”.

-Cuando finalmente llegamos a buscarla al hogar, ya en marzo de ese año, a María Teresa la tenían en un patio de luz, sola. Ella gateaba por todas partes. Era muy inquieta. Nos llamó la atención que las monjitas hicieron pasar a María Matilde a un sala de juegos donde había otros pequeños, pero a María Teresa no.

Al despedirnos, la madre superiora me dice: “Leí en un artículo que los niños que chupan toallitas húmedas es porque tienen alcoholismo”. Yo lo tomé como un comentario.

Nos fuimos, pensando que tal vez la mayor la iba a rechazar por celos, pero fue al revés. María Teresa era la que no la aceptaba. La mordía, la tiraba abajo del sillón, tenía muchas reacciones violentas. Lloraba todo el día y dormía muy poco. La llevábamos al médico, pero nos decían que estaba bien. El asunto se puso más complicado cuando nos dimos cuenta que comenzaron a desaparecer las toallitas húmedas, los perfumes, y que siempre estaba con una etiqueta en la boca. Después supimos que las etiquetas estaban impregnadas en alcohol. La llevamos a un neurólogo infantil.

Ahí nos dicen que tiene un síndrome del desafío. Luego vinimos de vacaciones a Chile y la llevamos a una neuróloga, Doris León, que le diagnósticó alcoholismo fetal. Sus reacciones violentas eran provocadas por un síndrome de abstinencia. Empezamos un tratamiento, en una resonancia apareció que está perdiendo la mielina.

Esta complicación sumada a los medicamentos que tiene que tomar hasta hoy provocaron un leve retraso en la edad cronológica de María Teresa. “Tiene problemas con la memoria a largo plazo. Un día, por ejemplo, cuenta perfecto hasta 20, pero a la semana siguiente no llega a cinco. Nos queda harto trabajo por esa parte, pero somos optimistas. Además, las dos últimas PCR (prueba que detecta el material genético del VIH) salieron negativas.

Los hijos de mujeres VIH positivo se prueban con este examen, porque su sangre contiene anticuerpos del VIH de la madre durante varios meses. Esto significa que un test estándar de anticuerpos puede dar positivo, pero una prueba de PCR puede determinar definitivamente si los bebés tienen el virus.

La acusación 

report dete venezuela-2Cuando se produjo la detención de Ricarlo Landeros, en agosto del 2013, María Cecilia prácticamente estaba radicada en Chile junto a sus dos hijas. “Las niñas necesitaban comenzar su etapa escolar. En Venezuela los secuestros están a la orden del día, se vive un clima de constante inseguridad. Eso nos llevó a pensar que era mejor que ellas se educaran en nuestro país. Además, faltaba poco para que el contrato de Ricardo en Venezuela terminara y por eso también nos preocupamos de iniciar un negocio familiar en Chile. Yo estaba a cargo de eso junto al hijo mayor de mi marido. Igual viajábamos mucho a Venezuela. Al menos una vez al mes. Si no podíamos ir, Ricardo venía a Chile”.

Tras el arresto, la prensa venezolana informó que la red de tráfico que presuntamente encabezaba el ejecutivo chileno funcionaba a través de una fundación que ofrecía paquetes de beneficencia a familias de escasos recursos con niños pequeños. Según versiones de la policía, esos niños eran ofrecidos a parejas en el extranjero y que era Ricardo Landeros quien pagaba por los pequeños y los sacaba del país. 

-A Ricardo lo culparon por el tráfico de más de 100 niños, una de las pruebas que se usó en el juicio fue su pasaporte, donde se ratificaba que viajaba por todo el continente. Y claro que era así, si por su trabajo él tenía que hacerlo, pero sus abogados no supieron demostrarlo. También se nos acusó de haber vendido a nuestras hijas. A través del Ministerio Público llegó una solicitud para conocer su estado. Tuve que enfrentar un proceso en Chile para demostrar que estaban conmigo. Toda la documentación que conseguimos para probarlo no fue incluida como prueba en el juicio en Venezuela. Nuestros abogados la entregaron a la persona equivocada. Estuvimos muy mal asesorados al comienzo, confiamos en las personas equivocadas y eso nos costó caro porque a Ricardo lo terminaron condenando siendo totalmente inocente y a pesar de que según supimos despues, Yazmín Maurera se desdijo de las acusaciones en contra de mi marido. 

Empezó la pesadilla para los Landeros Romero

En marzo del 2013, Yazmín Maurera llamó a los Landeros Romero para contarles que existía la posiblidad de adoptar a una tercera niñita abandonada. Aceptaron.

-Yo estaba en Chile y viajé a Venzuela para conocerla en junio de ese año. Finalmente nos dijeron que la niña no era adoptable porque se habían perdido los documentos. Regresé a Chile.

La última semana de agosto del 2013, Ricardo tenía que viajar a México a una reunión de directorio de su empresa. Días antes de su viaje, lo llamó Yazmín Maurera y le dijo que los documentos de la niña ahora sí estaban listos. Él le comentó que estaría por una semana fuera del país, pero que a su regreso la podía recibir.

Por los problemas de María Teresa yo había comenzado a estudiar sicología acá en Chile. Estaba en exámenes así es que no pude viajar inmediatamente a Venezuela para ir a buscar a nuestra nueva hija. Entonces Ricardo tendría que hacerse cargo solo de ella por unos días hasta que yo pudiera viajar.

Regresó a Venezuela el 30 de agosto. Se puso en contacto con Yazmín y quedaron de encontrarse en la tarde. Nuestra pediatra nos dio un listado de alimentos que teníamos que comprar para la pequeñita. Cuando Ricardo salía del centro comercial con esas cosas lo llamó Yazmín Maurera para decirle que estaban en panne en la carretera.

Él se ofreció para ir a buscarlos. En la ruta lo detuvo la Guardia Nacional.

Según dio cuenta la prenza venezolana, con el argumento de ofrecer ayuda a niñas de familias de escasos recursos de Puerto Ordaz, Yazmín Maurera contactó a Rosalba Rondón, madre de una niña de siete meses.

Se reunirían temprano, el 30 de agosto. Le pidieron que llevara a la niña para tomar fotos de la donación. Otra madre, que llegó sin su hija, fue descartada para recibir el donativo prometido.

Yazmín Maurera acudió a la cita acompañada de un hombre llamado Leomán Barrero. Buscaron en un vehículo a la mujer y a su guagua en el sector El Roble de Puerto Ordaz. Al llegar a la zona industrial, Maurera le indicó a la mujer que se bajara para firmar un documento, momento que aprovecharon para arrebatarle a la menor y huir del lugar.

Tras la denuncia hecha por la mamá de la niña, efectivos del Grupo Antiextorsión y Secuestro de la Guardia Nacional Bolivariana localizaron a Yazmín. La detuvieron junto a su compañero. Ahí ella culpó de todo a Ricardo Landeros. Los oficiales la obligaron a llamarlo por teléfono para que fuese a buscarla a la carretera.

Ése fue el llamado de auxilio que recibió el ejecutivo.

-Cuando los policías detuvieron a Ricardo vieron que en su auto llevaba varios artículos para niño y dos sillas portabebés. Eran las de nuestras hijas que jamás se sacaban de nuestro jeep porque nosotos estábamos continuamente viajando a verlo. Eso también fue tomado como una prueba en su contra, pues presumieron que además esperaba llevarse a la otra niña de una mujer a la que también habría contactado Yazmín Maurera.

Dijeron que nosotros le habíamos pagado por esas guaguas y que a nuestras otra dos hjas también las habíamos comprado. Todo eso se sumó para que lo condenaran.

Una verdad que probar

“No entiendo por qué culparon a Ricardo. Si tratas de explicartelo no te cuadra. Lo que nosotros hemos conversado es que aquí tiene que haber una segunda intención. ¿La razón? No la sabemos. Se armó una tormenta perfecta, ellos sabían que si nosotros veíamos a un niño llorar íbamos a correr, sabían que si teníamos que hacernos cargo de 10 niños nosotros lo íbamos a hacer. Nunca imaginamos que detrás de esas personas había una red de tráfico de menores donde supuestamente participan fiscales, abogados, jefes de la institución que es como el Sename en Chile”, dice María Cecilia Romero.

report dete venezuela-3La defensa de Ricardo Landeros logró sacarlo de la cárcel de Vista Hermosa. Lo trasladaron a una especie de comisaría de la policía llamada Patrulleros del Caroní. Allí comparte habitación junto a otros tres reos. Con la ayuda del embajador de Chile en Venezuela consiguieron que lo dejaran salir a caminar una hora todas las mañanas.

“Él no está bien, tiene una depresión severa que lo tiene muy afectado, y cómo no va a estarlo, si el tiempo pasa y no se ven soluciones”.

Desde Chile María Cecilia ha conseguido la ayuda de diputados y senadores quienes a través de proyectos de acuerdo solicitaron al Gobierno intervenir en favor de Ricardo. El senador Alejandro Navarro lo ha visitado varias veces en ese país y ha conseguido hacer llegar a la justicia nuevas pruebas para demostrar su inocencia.

-Destruyeron nuestra familia. Nosotros teníamos un muy buen pasar, también muy buenas relaciones en Venezuela y así y todo nos ha costado tanto poder sacar de la cárcel a Ricardo. 

Todos nuestros ahorros se destinaron para pagar su defensa. La lechería que habíamos instalado en Los Ángeles quebró, tuvimos que vender nuestra casa. 

A Ricardo no lo veo desde 2013, sus amigos me envían fotos, conversamos por teléfono o por WhatsApp cuando quienes lo visitan le prestan un celular. Yo no puedo ir a Venezuela porque coloco en riesgo a mis niñas, además, lo más probable es que me detengan. Esto es un proceso a la familia y mientras no finalice no podemos estar tranquilos.

Aquí hubo un error judicial catastrófico que no nos permite dormir tranquilos porque no sabemos qué puede suceder al día siguiente. Pero hay que salir adelante. Hay un juicio que seguir y una verdad que probar.

 

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