Transantiago: Lo más curioso

A estas alturas el gravísimo problema del Transantiago parece haber dejado la portada de las noticias de la prensa hablada, escrita o vista. Desgraciadamente eso no significa ni remotamente que las dificultades que experimentan nuestros compatriotas de la capital para desplazarse diariamente en cumplimiento de sus obligaciones laborales, de estudio, sociales, etc. hayan desaparecido.


El problema sigue. Se repite a diario y afecta más severamente a personas de menores recursos y, lo que es peor, su solución parece todavía lejana.


Un rápido recuento de lo ocurrido nos permite establecer que el Transantiago concebido, publicitado y puesto parcialmente en funcionamiento como una transformación emblemática -quizás la más importante de la administración anterior- se presentó como la solución para el traslado de los santiaguinos anunciándose que, dadas sus innovadoras características, terminaría haciendo que muchas personas le preferirían como medio de transporte en desmedro de sus propios vehículos.


Así, el Transantiago se constituiría también en un vigoroso aporte a la solución de los problemas de congestión vehicular que, en determinados lugares y horarios, ahogan la ciudad. Adicionalmente, por reducción del número de fuentes emisoras móviles (los ahora recordados buses amarillos), significaría un aporte también a la descontaminación ambiental.


En la práctica nada funcionó como estaba previsto. Los recorridos y frecuencias de buses, concebidos o diseñados en las oficinas de técnicos, aparentemente sin mucha experiencia, se alejaron de la gente y en las poblaciones más distantes, simplemente, se les hizo desaparecer.


Los sistemas automáticos de cobro no estuvieron operativos cuando correspondía, lo que llevó a “abrir las puertas” produciendo que hoy por hoy sean muy pocos los pasajeros que pagan sus pasajes. Se han repuesto en las calles miles de buses, con una burda pintura verde que apenas cubre la amarilla anterior.


Y en los últimos días, con las lluvias, el servicio que se presta es calamitoso e indigno. Víctima principal de todo lo anterior fue el Metro que de orgullo nacional por limpio, ordenado y eficiente, ha pasado a estar prácticamente colapsado. Las puertas de acceso a algunas de sus estaciones han implementado un sistema de semáforos que las cierran en las horas “peak”, haciendo que las personas deban esperar en la calle.


La opinión de técnicos y especialistas es que difícilmente se podrá encontrar otro caso comparable, en nuestro país o en el extranjero, de una política pública y de un plan de puesta en marcha tan mal concebido y peor ejecutado.


Unas segundas víctimas muy importantes de todo este verdadero carnaval del error son los millones de chilenos de regiones. En efecto, para “salvar” el Transantiago se le deben inyectar aproximadamente US$290 millones (“para que no suba la tarifa”) que serán “compensados” a regiones en igual cifra, entregada como préstamo, el año que viene para ser devuelta en cinco años más.


Curioso tal criterio de equidad, ya que en la capital no vive la mitad de los chilenos por lo que, a la hora de hacer compensaciones a las regiones, se les debe dar, proporcionalmente a la población, más o menos el doble que a Santiago. Que además sea préstamo para regiones y regalo para Santiago, constituye una verdadera afrenta y falta de respeto.


De todo lo anterior quizás lo único verdaderamente novedoso lo constituye la pasividad de nuestra sociedad. No se entienden bien las razones por las cuales los santiaguinos no reivindican con mayor fuerza sus derechos a un mejor servicio de transporte público. Mucho menos el por qué las regiones parecen aceptar su inexorable destino y siguen financiando los adelantos o las metidas de pata de las autoridades en Santiago. ¿Curioso no?.
TEXTO: Eugenio Cantuarias

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