Trauma por violencia delictual

Paulina Spaudo Valenzuela
Psicóloga Clínica Infanto-Juvenil
Perito Forense Infanto-Juvenil
Terapeuta de Juego orientado al Trauma.

Desde hace un tiempo, hemos sido testigos de un sinnúmero de noticias relacionadas con eventos violentos, como robos, asaltos, encerronas, balazos al aire, homicidios, peleas en la vía pública, etc. Todas situaciones donde el uso de la violencia es la principal característica, siendo utilizada para conseguir algo, sin importar la forma ni quiénes son las víctimas, aun cuando sean niños.
Según un reporte de Paz Ciudadana, en 2021, comparándolo con la medición del año previo, aumentó la proporción de delitos violentos de un 24% a un 28%, cifra que posiblemente este año se incrementará. En estos hechos delictuales, las víctimas son tanto adultos como niños y niñas, cuya presencia no frena el proceder delictual. Por el contrario, pareciera que genera un escenario más propicio para el agresor, quien logra fácilmente que el adulto ceda al amedrentamiento, a fin de proteger al pequeño. Es así como nuestra infancia se ve expuesta y vulnerada.


Reflexionando en torno a cómo afecta y procesa un pequeño una experiencia de este tipo, y, cómo prosigue su vida tras vivir una situación traumática donde la violencia podría haberle generado un terror paralizante o, incluso, haber terminado con la vida de un ser querido, surgen algunas preguntas. ¿Qué secuelas psicológicas sufrirán las víctimas de estos hechos, y por cuánto tiempo? ¿Pueden afectar su normal desarrollo? ¿Cómo retoman su normalidad o tranquilidad? ¿Está la infancia preparada para reaccionar frente a un hecho de esta naturaleza, y los padres, para actuar durante y después del evento?
Algunas investigaciones en esta línea coinciden en que las víctimas de experiencias violentas, independiente de la edad, experimentan alta sensación de intrusión en sus vidas, recuerdos recurrentes del episodio vivido y malestar psicológico relacionado con el hecho. También sufren de dificultades para dormir, así como para disfrutar de sus actividades habituales. Ansiedad, angustia, miedo, son otros de los síntomas, junto a reiterados pensamientos y sentimientos asociados al evento, o a eventuales hechos que pudieran ocurrir en el futuro. Ese extremo temor puede llegar a paralizarlos, y gatillar en ellos el no querer salir de casa, generándose una desconfianza en el ambiente que los rodea.
Los niños y niñas víctimas de hechos delictuales pueden también experimentar sensación de irritabilidad e hipervigilancia, y sentir desde moderada a extrema tristeza. Asimismo, los eventos traumáticos se relacionan con disminución de la concentración y problemas de memoria. En síntesis, generan un cuadro de estrés agudo, o en los casos de mayor intensidad, estrés post traumático.

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