Turismo moderno o ¿qué haces las próximas vacaciones?

Hasta la década de los ochenta del siglo XX el turismo como actividad económica y social se desarrolló a un ritmo vertiginoso. Ello, principalmente, debido a los mejoramientos en las condiciones de vida de una proporción creciente de la población mundial y de los avances en los medios de transporte y de comunicaciones.
La experiencia y la literatura muestran que este desarrollo se focalizó en el uso intensivo de áreas litorales con accesibilidad y servicios básicos, que favorecían la instalación de hoteles y restaurantes como apoyo fundamental para que miles de “veraneantes” pudiesen disfrutar de las playas y de un sol que son suficientemente calientes como para atraer a millares de residentes de países fríos, pero que para habitantes de regiones mediterráneas son más moderadas que las de sus ciudades, a veces sobrepobladas y muy a menudo, con escasas áreas verdes u otros lugares aptos para capear las altas temperaturas estivales. El objetivo era entonces ofrecer a los turistas la posibilidad de descansar realizando actividades recreativas de mínimo esfuerzo y de ritmos distintos a los habituales, es decir, para “romper la rutina”.
Sin embargo, a partir de los ‘80 empezó a hacerse evidente un cambio que venía desarrollándose de manera silenciosa, en particular en países desarrollados del hemisferio norte, en los intereses de las personas en cuanto al uso de su tiempo libre  que hizo girar desde un ¿“donde vas las próximas vacaciones”? a un ¿”qué haces las próximas vacaciones”? Lo que quiere decir, que de manera creciente, más personas están eligiendo realizar actividades en espacios naturales escasamente intervenidos con el fin de conocer aspectos de sus ecosistemas naturales y de la cultura de las comunidades locales.
Esta nueva tendencia es una oportunidad para que muchas localidades que no cuentan con playas, puedan desarrollar formas de turismo alternativas o complementarias a las de las costeras, basadas en el uso sustentable del territorio. Es necesario decir que la sola existencia de bellos paisajes naturales o culturales interesantes no garantizan el éxito del turismo, si éstos no son integrados por emprendedores en productos turísticos integrados. Esto quiere decir que se los debe ofrecer con una frecuencia, precio y estándar de calidad conocidos por los potenciales turistas (clientes) con el fin de que éstos puedan informadamente decidirse a visitar una determinada localidad, de otra manera, podemos decir que ésta virtualmente no existe para los consumidores, por lo que se puede asegurar que con una alta probabilidad la localidad en cuestión no logrará transformarse, en el corto o mediano plazo, en un destino turístico real. ¿Conoce usted en la Región del Biobío alguna bella e interesante localidad que se encuentre en esa situación?
Dr. Víctor Leiva Romero
Director Escuela de Ecoturismo
Universidad Andrés Bello.

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

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