Último intento

Si no se interesa en el tema laboral, deje de leer, porque esta columna trata sobre empleo (y desempleo). Si sigue leyendo, hace bien, porque pocos temas son más relevantes para Chile.
Reconozco que escribo desde la rabia. Porque la mayor parte de lo que sigue ha sido reiteradamente dicho, desde hace casi diez años, por economistas oficialistas, opositores e independientes. Pero el Ejecutivo y los legisladores, responsables de impulsar y aprobar las políticas y cambios regulatorios necesarios para resolver nuestras falencias laborales, no han leído, no han escuchado, no han entendido, o no han querido.
Partamos con las cifras. La última década nos plantea tres preguntas relevantes: por qué aumentó tanto el desempleo con la crisis asiática, por qué tardó tanto en volver a su nivel de largo plazo, y por qué es éste hoy 2 puntos porcentuales más alto que en 1998. Además, un problema de larga data: la tasa de participación femenina sigue siendo inaceptablemente baja, apenas sobre 40%.
Las encuestas de empleo de la Universidad de Chile y del INE reportan, por razones metodológicas, tasas de desempleo distintas durante las crisis. Con el aumento de los trabajos informales, la Chile registra un mayor desempleo que el INE. Por ejemplo, cuando comenzó la crisis asiática, y partiendo desde una tasa cercana a 6%, el INE reportó un 12% de desempleo para Santiago en 1999; la medición de la Chile superó el 15%. Irónicamente, recién este año, cuando comienza una nueva crisis, ambas encuestas volvieron a igualarse, pero en torno a 8%. Es decir, el mercado laboral tardó 10 años en estabilizarse, y lo hizo casi 200 mil desempleados sobre su nivel previo. El impacto ha sido 1,6 puntos porcentuales menos de crecimiento por año.
Más duele el efecto en los pobres. Según la última CASEN, estar empleado es fundamental para superar la pobreza: sólo uno de cada 12 hogares ubicados en el 20% más pobre tiene ingresos provenientes de ambos cónyuges. En cambio, en casi un 60% de los hogares que se encuentran en el 20% más rico, ambos cónyuges trabajan.
Lamentablemente, la crisis asiática sugiere que viene más de lo mismo. El Comité Nacional de Empleo anunciado esta semana por el gobierno probablemente atacará el aumento cíclico que generará esta crisis. Por ejemplo, un subsidio transitorio al empleo en las pymes atenuaría el impacto. Pero la solución para la recuperación lenta y la convergencia a un mayor nivel de desempleo requiere de medidas estructurales. Porque nuestra crisis laboral no llegará el 2009, ha estado con nosotros durante una década.
Se necesita una combinación de flexibilidad laboral y protección para el consumo. Esto se logra protegiendo los ingresos laborales, pero sin impedir el necesario flujo de trabajadores entre empresas. También debemos facilitar el empleo a tiempo parcial para permitir la incorporación permanente de más mujeres y jóvenes al mercado laboral. Pero el principal instrumento de política actual – las indemnizaciones por años de servicio – no permite esta movilidad laboral. Tampoco protege a los actuales trabajadores, pues sólo 6% de los que deberían recibirlo lo hacen. Es el seguro de cesantía lo que debe ser sustancialmente potenciado, tarea que sigue pendiente.

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