Una ciudad cada día más verde

De nuestra biblioteca

Este artículo fue publicado en 2018, por lo que algunos datos podrían haber cambiado.

Concepción se tomó en serio la lucha contra los desechos y el trabajo por la sustentabilidad, dejando fluir entre sus calles numerosos emprendimientos que buscan la transformación hacia una vida más amigable con el medio ambiente. Las bolsas solubles en agua, Solubag, parecen ser la punta de esta lanza; no obstante, otras iniciativas también buscan permanecer y marcar la diferencia, unidas desde el reciclaje, la recuperación de desechos y la ruptura en las rutinas cotidianas.

Por Rayen Faúndez Merino.

 

Centro de Acopio de la Municipalidad de Concepción, donde se almacenan diversos desechos, entre ellos residuos electrónicos. La empresa Biobío Recicla administra el recinto, ubicado en el sector Lorenzo Arenas de Concepción.

Fue en marzo de este año cuando las bolsas de plástico solubles, creadas por chilenos oriundos del Biobío, hicieron su aparición ante el mundo, en un salto que lo cambiaría todo.

Roberto Astete, uno de los creadores de esta idea, presentó el emprendimiento Solubag ante el jurado SingularityU Chile Summit, el concurso de emprendimiento de la universidad de la NASA y Google en Chile, atravesando una de las bolsas con su lengua. Bastó solo un poco de saliva para que el material se disolviera, y para ganar el concurso.

Su socio, Cristián Olivares, ya ha recorrido todos los programas televisivos del país mostrando cómo estas bolsas plásticas, tan parecidas a las que se encuentran en cualquier negocio o supermercado, terminan por desaparecer dentro de un vaso de agua. En agosto, cuenta, National Geographic les contactó para uno de sus reportajes, y el 9 de septiembre, la empresa formada también por Patricio Cabezas y Alejandro Castro, iniciaba la instalación en Silicon Valley.

Ya 60 países les han contactado para trabajar con su materia prima y productos, y las bolsas no son lo único, pues según explica Cristián Olivares, están desarrollando un pañal soluble, y ya lograron una tela TNT (tela no tejida) también soluble, que podría incorporarse al plan de ventas de dos grandes marcas del país.

Son los campeones de la sustentabilidad y de la lucha contra el plástico, y sobre todo, del uso único, o sea, aquel que sólo puede ocuparse en una ocasión. Según datos de la Organización para las Naciones Unidas, ONU, la situación actual es que cinco billones de bolsas de plástico se utilizan cada año, y un millón de botellas de este material son compradas cada minuto en el mundo. Anualmente, un 70 % de aquello va al medio ambiente o a vertederos, y más de 13 millones de toneladas directo al mar. Según eso, para 2050 habrá cerca de 12.000 millones de toneladas de desechos plásticos en los basureros y en la naturaleza. Plástico que puede tardar hasta mil años en degradarse. Eso permite deducir que el primer elemento de plástico creado en el mundo, potencialmente, aún estaría en algún lugar del planeta.

El plástico soluble de Solubag es el mismo material que se utiliza en las cápsulas de medicamentos. Tal como explicó Cristián Olivares, es un material conocido hace décadas, pero ahora se reformuló para producirlo a un bajo costo. Y el éxito ha sido tanto que ha alcanzado un valor de 2 dólares por kilo, muy cercano a los 1.8 dólares que cuesta el kilo de polietileno tradicional. Por eso, indica, el producto disuelto en agua no significa ninguna alteración para el medio ambiente o la salud humana, y permite pensar en múltiples posibilidades, como vasos, cubiertos, bombillas o cepillos de dientes. Incluso, el material puede ser programado para disolverse a mayor temperatura, evitando así que una lluvia lo disuelva.

Pero a la vez, la gente de Solubag es solamente la punta del iceberg, al menos en el Biobío, donde su capital, Concepción, hierve con emprendimientos e iniciativas que buscan aportar con un grano de arena a la lucha por un medio ambiente más limpio. Desde cómo hacer para recuperar y dar nueva vida a los desechos de todo tipo, como celulares o computadores en desuso, hasta los restos de las frutas y vegetales que a diario componen cada comida. Asimismo, el aceite vegetal ya no se queda en las cañerías de la cocina, e incluso hay quienes luchan por un cambio en los hábitos para llevar una vida con la menor cantidad de desechos.

Quienes forman parte de este movimiento verde explican que son cinco “erres” las que mandan sus acciones. Uno, rechazar lo que no necesitas o aquellos productos que contaminan y alteran el entorno; dos, reducir el consumo y los desechos; tres, reutilizar lo que ya existe y puede tener una segunda oportunidad en otro lugar o transformarse en otro objeto; cuatro, recuperar aquellos elementos que sirven como materia prima para otros procesos, y cinco, reciclar aquello que no pudo cumplir con las erres anteriores, pero puede volver al ciclo productivo. Eso también se conoce como economía circular.

Aunque muchos también agregan otras dos erres que completan las reglas de una vida más sustentable: reflexionar al inicio, sobre el poder propio de cada persona como consumidor y responsable del cuidado del medio ambiente, y resistir en cada decisión. Todo esfuerzo cuenta.

A compostar

El compost es definido como el abono que se obtiene de la descomposición natural de residuos orgánicos, con ayuda de oxígeno, ya sea por medio de microorganismos, que es el compostaje clásico, o bien, con el uso de lombrices, especialmente las “rojas californianas”, lo que es conocido como vermicompostaje.

 

Los hermanos Camila e Ignacio López, de The Zero Waste Company, se encargan de compostar los desechos orgánicos que recolectan de sus suscriptores, para transformarlos en compost y en humus de lombriz.

Camila López Pérez vio un potencial en el compost, y en junio de este año decidió darle un giro empresarial, bajo el estilo de vida “zero waste” o “cero basura”.

“En nuestra casa hacíamos compost, y luego de ver tanta basura, pensé en cómo ayudar al planeta y a nosotros mismos. Tomé la decisión y comencé sólo con un Instagram, donde se empezó a sumar gente y a correr la voz, en esta idea de recolectar desechos orgánicos”, relata. Su hermano Ignacio se sumó al proyecto con energía, y poco a poco, locales comerciales y casas fueron seducidas por la idea, hasta alcanzar 40 clientes en solo un mes con el proyecto The Zero Waste Company, que propone la recolección de desechos orgánicos para compostaje a través de una suscripción mensual. La iniciativa creció tanto que en agosto alcanzaron la cifra 1.172 kilos de residuos orgánicos recolectados.

Quienes se sumen, reciben un balde y bolsas compostables -de la marca australiana Biobag, fabricadas a partir de maíz– para recolectar los desechos orgánicos en sus casas. Estos son retirados semanalmente, se compostan y luego de tres meses, cada cliente recibe humus en proporción a la cantidad de desechos que generó, pues cada retiro es pesado y registrado. Siendo así, en noviembre los primeros clientes recibirán su humus, la estadística indica que por cada 100 kilos de desechos orgánicos, se producen entre 20 y 30 kilos de sustrato o abono para cultivos.

Aquí, la educación resulta fundamental, según indica Camila, pues no todos los restos de comida, frutas o vegetales son aptos para el compostaje. La regla más fácil de seguir es que no se puede compostar nada de origen animal, ni restos de comida preparada. Tampoco cuenta el pan añejo, los lácteos, ni las fecas de las mascotas.

Los permitidos incluyen todo tipo de verduras y frutas junto a sus cáscaras y semillas, ya sean restos o las que están en descomposición. Aquí se excluyen los cítricos -pues son muy susceptibles a los hongos- y las cebollas, cebollines o ajos. Además, se pueden agregar las hierbas usadas en infusiones, bolsitas de té sin etiqueta, restos de mate y borra de café de grano. Pueden incluirse también flores, plantas, hojas, o ramas de árboles secas, en tanto que no contengan químicos o fertilizantes, lo que se ocupa como material seco en el proceso del compost, que idealmente debe conservar un 70 % de humedad.

Un dato curioso es que las cáscaras de huevo son muy nutritivas para el compost, por lo que se agradece adicionarlas. También se puede compostar el cabello humano, las servilletas de papel blanco o café, las cajas de huevo, los palitos de sushi y los fósforos usados.

El aceite también

El problema del desecho del aceite vegetal, usado en todo hogar para cocinar diversos alimentos, fue resuelto por la empresa Biobío Recicla, dirigida por Mauricio Jarpa. Basta con dejarlo enfriar y verterlo en una botella plástica, idealmente boca ancha, cerrarla muy bien y depositarla en alguno de los tres puntos de reciclaje del Gran Concepción: Vega Monumental, Mercado del Gran Concepción o la bodega de Biobío Recicla, ubicada en calle Francia, en Talcahuano. “Nos sorprendimos mucho cuando dimos a conocer estos puntos limpios en nuestras redes sociales; tuvimos más de dos mil compartidos. Fue una locura, porque las personas querían reciclar pero no sabían dónde. Muchas personas tenían botellas con aceite guardado sin saber qué hacer con ellas. Fue una muy buena respuesta de la comunidad”, explica Mauricio.

La idea de Biobío Recicla comenzó hace tres años, aunque Mauricio está vinculado al reciclaje hace más de 15, desde que trabajaba en Los Traperos de Emaús. Allí fue donde se apasionó por la economía circular, y comenzó a observar las posibilidades de crear una empresa amparada en la Ley de Responsabilidad Extendida al Productor, o Ley REP, que indica que cada productor debe hacerse cargo de sus residuos. La ley se tardó en su implementación, y llegó la posibilidad de resolver el desecho del aceite de uso alimentario, pues solo el 10 % del aceite utilizado se estaba reciclando. Y un litro de aceite puede contaminar unos mil litros de agua.

En un principio, el aceite era procesado en Santiago, y luego se enviaba a Austria para transformarlo en biocombustible. Pero, considerando la gran contaminación que significaba la salida del país, se encontró una manera de utilizarlo como combustible en la generación de energía en el Biobío, lo que está en etapa piloto. La segunda opción, aunque a menor escala, es su utilización como lubricante.

Pero Biobío Recicla no sólo se ocupa del aceite. También está a cargo del único centro de acopio de residuos electrónicos en Concepción, que es un lugar normado para confinarlos -perteneciente a la municipalidad penquista- que permite apartar este tipo de desechos para su proceso posterior.

Así, los residuos se acopian en el sector de Lorenzo Arenas, y luego se trasladan a la planta procesadora de Biobío Recicla de Talcahuano, preparando cada elemento para su reciclaje, que se realiza acá en la Región, en Santiago, y también fuera de Chile.

Hoy trabajan en personalizar la entrega de desechos, de forma de calcular la huella de Carbono de cada persona que aporta. “La idea es mostrar a quienes están contribuyendo y haciendo cosas. Y también propender a la economía circular, y que todos los desechos se queden y procesen aquí”, detalló Mauricio Jarpa.

Esto no es basura

Hace dos meses que La Casa de Diógenes se instaló en el sector Boca Sur de San Pedro de la Paz, para abrir el primer punto limpio de la población, donde se podrá reciclar todo tipo de desechos domiciliarios. Su objetivo principal es crear un ecosistema de emprendimientos ligados a la sustentabilidad, al cuidado del medio ambiente y a la economía circular, de modo de brindar el espacio y las herramientas para su funcionamiento, con el acopio, separación y procesamiento de desechos incluido.

Alejandro Trigo, Julio Castillo, Marco Ruiz y Kennedy Hernández, el equipo de la Casa de Diógenes, ubicada en Boca Sur. Hoy también cuenta con un punto limpio para reciclaje de todo tipo de desechos domiciliarios, incluyendo plástico.

La iniciativa surgió de la unión entre el emprendedor Alejandro Trigo Cifuentes, quien contaba con el espacio y la iniciativa, y el ingeniero Marco Ruiz Delgado, quien tenía en sus manos un proyecto para transformar el plástico PET en paneles que sirven de materia prima para todo tipo de productos decorativos y de uso doméstico. La dupla virtuosa permite hoy que en la Casa de Diógenes se reciban los desechos, se procesen y luego se fabrique un nuevo producto a partir de ello.

“Queremos resolver todos los problemas domiciliarios. Todos los desechos que se producen en casa nosotros podremos recepcionarlos y procesarlos”, manifestó Alejandro, en medio de sacos repletos de plástico picado, procesados por una máquina que puede triturar hasta 500 kilos por hora.

Los productos que surgen de sus procesos son varios, partiendo por todo lo que se pueda fabricar con placas de plástico colorido; hasta ladrillos a partir de cemento y residuos electrónicos picados, y también vasos a partir de botellas de vidrio. Todo apoyado por recolectores de base, que buscan los desechos en diferentes puntos de acopio y domicilios, aunque también está la opción de dejarlos directamente en la Casa de Diógenes.

Y para iniciar en casa, explica Marco Ruiz, basta con incorporar a la rutina solo un cambio en el pensamiento: los plásticos no son basura, sino un elemento apto para reciclar. “Tienes que tratarlo como un plato en tu casa. Y qué haces tú con un plato, lo lavas, lo secas, lo guardas y lo cuidas”, dice el emprendedor con palabras sencillas.

La regla también corre para los envoltorios y paquetes plásticos, y además para las botellas. En el caso de estas últimas, lo ideal es que estén completamente libres de su líquido original y aplastadas. Cuidado, porque aquí no pueden incluirse las botellas plásticas de aceite o vinagre.

Agente de cambio

El hábito más fácil de incorporar a la vida diaria, dice Antonella Gattini Kenchington, es llevar siempre una bolsa reutilizable en la mochila o cartera, o poner una en el gancho de las llaves. Una estrategia sin costo que permitirá estar preparado ante las compras de último minuto, y decir un gratificante “sin bolsa, por favor”.

En abril de este año, Antonella lanzó el sitio LivEco (liveco.cl), en el que comparte ideas, sugerencias y alternativas reutilizables para apoyar un estilo de vida más amigable con el medio ambiente. Aquí se aloja un blog y una tienda online con productos como cepillos de dientes de bambú, completamente compostables, bombillas de acero inoxidable que reemplazan las de plástico, tazas reutilizables, botellas de acero, y bolsas y mallas de compra.

Todo comenzó durante su permanencia en Australia hace dos años, donde inició junto a su esposo un estilo de vida más sustentable. Luego, a fines de marzo de este año, vino su certificación como Agente de Cambio por parte de la Academia Circular de AdC Circular, en Santiago, que es la primera asociación de consumidores sustentables del país. Aquello la impulsó a lanzar la página y a reconstruir la visión respecto a la sustentabilidad.

“Cuando se habla de sustentabilidad se pone como algo imposible de lograr. Pero es paso a paso, no es que de un día para otro eres súper sustentable, empiezas a compostar tus desechos y a fabricar tus productos de aseo. Comienzas con una bolsa reutilizable y luego continúas con otros elementos. La gente se abruma con tanta información, y hay que bajar ese ideal, entender que es paso a paso, e invitar a las personas a cambiar hábitos día a día. Por ejemplo, dejar de usar el automóvil para trayectos cortos, o llevar productos reutilizables en la cartera, como tazas o bombillas. En mi caso, no siempre tuve la forma de vida que promuevo, pero una vez que iniciamos en casa, reducimos en gran nivel la cantidad de productos que consumimos y con ello, logramos ahorrar más dinero”, explica.

Antonella no es la única agente de cambio. Javiera Ortiz, oriunda de Tomé, también se certificó y a partir de aquella experiencia formó la ONG Estoy Verde, que busca crear una comunidad en torno a la vida sustentable, potenciando intervenciones, talleres, charlas y proyectos. Con ello nació un grupo de WhatsApp, también llamado “estoy verde”, donde se comparten datos, avisos y consejos para una vida más sustentable.

Estas actividades le permitieron observar el movimiento del que forma parte desde el Biobío, y cómo se acopla a la realidad local, notando la gran cantidad de iniciativas que surgen en la zona, y también la desinformación en torno a la sustentabilidad, como una forma de vida cara o dificultosa. Pero, afirma Javiera, mientras más cosas evites, menos desechos se producirán. “Me he dado cuenta que todo resulta muy teórico, pero también hay que entender que hay personas que tienen otras prioridades, y la forma de cambiar es revelar los beneficios de la sustentabilidad. Mi objetivo es que ésta  no sea tan teórica, sino que vaya a todas las realidades. Que no sea impositivo, sino que las personas de a poco se den cuenta de los cambios que quieren o pueden hacer en su vida”, expresó.

Y en ese ebullir de ideas e iniciativas, agrega, “veo que está surgiendo un movimiento súper potente, y que recién estamos viendo solo la punta del iceberg. No sé si será bueno o malo, o si saldrán quienes se cuelguen de esto, o que empresas comiencen a hacer greenwashing (eco blanqueamiento, o lavado de imagen verde), impulsando iniciativas sustentables para limpiar sus pecados. La idea es que sigamos existiendo personas que intentamos hacer las cosas bien”.

Fábrica de plástico soluble, de Solubag, en China. Actualmente, la empresa chilena ha recibido solicitudes de 60 países y ha podido bajar el costo de este plástico a 2 dólares por kilo, muy cercano a los 1,8 dólares en promedio que cuesta un kilo de plástico tradicional, lo que permite la rentabilidad y próspero futuro del proyecto.

La ley

Dos leyes se levantan, como una suerte de colchón para el movimiento verde en el Biobío y el país, que es la Ley de Fomento al Reciclaje, más conocida como Ley REP, pues crea la Responsabilidad Extendida del Productor. Esto obliga a empresarios y fabricantes, a los consumidores de productos prioritarios y a los gestores de residuos de productos prioritarios (aceites lubricantes, aparatos eléctricos y electrónicos, baterías, pilas, envases y embalajes, y neumáticos), a hacerse cargo de los desechos que generan, declarándolos y asegurando su recolección y tratamiento.

Se suma la recientemente aprobada ley que prohíbe la entrega de bolsas plásticas en el comercio de todo el país, quedando fuera del juego todas las bolsas plásticas usadas para el transporte de mercadería, incluyendo las bolsas de plástico derivado del petróleo, la bolsas de TNT y aquellas llamadas biodegradables, pues no hay norma que certifique realmente aquella característica. Los grandes comercios tienen un plazo de seis meses para cumplir con la norma, mientras los negocios de barrio cuentan con dos años.

El Secretario Regional Ministerial del Medio Ambiente, Mario Delannays Araya, explicó que el Ministerio se encarga de cuatro áreas, donde está la biodiversidad, la contaminación ambiental, la economía circular y la educación ambiental, con el objetivo central de levantar a los recicladores de base y a las iniciativas que surgen de la zona, para sumarlas a un sistema completo. Allí, destacó, el Biobío marca la pauta con gran innovación.

“También fuimos pioneros en la Región con el programa de reciclaje, donde el Gobierno Regional aprobó hace un mes y medio $ 3.090 millones para implementar puntos limpios. La distinción es que no sólo serán establecimientos físicos para entregar desechos de forma segregada, sino que también financiamos la construcción de galpones para recicladores de base, implementándolos, y acompañándolos hasta que se logre la venta, lo que incluso puede llegar a los municipios”, explicó.

Aquello permitiría resolver los grandes problemas en materia de contaminación, que trascienden al Biobío, pues Chile está lejos de una adecuada gestión de los desechos. Sobre todo si se considera que a nivel estatal, no existen políticas de separación de residuos, y que las empresas recolectoras de basura domiciliaria no realizan ese trabajo, sino que cada persona debe gestionarlo por sí misma. Son los privados los que han resuelto tal dificultad con sus emprendimientos e ideas. 

Y así también, mejorar las cifras que la zona registra: según datos de la Secretaría Regional Ministerial del Medio Ambiente, en el Biobío se debe calcular aproximadamente la producción de 1 kilo de basura por persona al día. Eso significa 1.500.000 kilos a diario, 45 mil toneladas al mes, y 540 mil toneladas al año. Si se reduce al Gran Concepción, la cifra de basura es de 900.000 kilos día, 27 mil toneladas mes y 324 mil toneladas año. Los últimos estudios realizados por la entidad gubernamental, que datan de 2009, indican que un 6,3 % , es decir, sólo 34 toneladas de estos desechos, serían reciclados cada año en la Región.

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

SÍGUENOS EN NUESTRAS REDES SOCIALES