Una oportunidad constitucional

Álvaro Fernández Ferlissi Abogado

Hasta el cierre de esta columna, la fecha de las elecciones de convencionales constituyentes seguía proyectada para los días 10 y 11 de abril próximos, sin perjuicio que, recientemente, han surgido voces que piden postergar su realización por causa de la pandemia.

Nuestra región tendrá derecho a elegir 13 constituyentes: ocho en el distrito 20, Gran Concepción, y cinco en el distrito 21, Arauco, Biobío y Lota.

Serán electos por votación popular, mediante el mismo sistema proporcional para elegir diputados, con un mecanismo inédito que asegurará la igualdad de género.

Una vez instalada la Convención Constituyente, comenzará no solo la discusión sobre el contenido de la nueva constitución, sino que, más importante aún, la forma en que funcionará el órgano constituyente.

Algunos procedimientos ya fueron explicitados por la actual constitución, como elegir en la primera sesión al presidente y vicepresidente de la Convención, por una mayoría absoluta, es decir, 50 % +1 de los integrantes en ejercicio.

Por otro lado, el pleno del organismo deberá aprobar las normas y el reglamento de votación de estas por un quórum de 2/3 de sus integrantes en ejercicio. Otro aspecto reglado es que los constituyentes estarán sometidos a las normas del Lobby y de Transparencia sobre su patrimonio para evitar conflictos de interés.

Además, tendrán un plazo de nueve meses, prorrogable por una sola vez, por tres meses más, contados desde su instalación, para la elaborción del texto constitucional.

Por último, la Convención no podrá intervenir ni ejercer ninguna otra función o atribución de otros órganos o autoridades establecidas por la actual carta fundamental o las leyes. De modo que sería inconstitucional que sus integrantes pretendieran disolver el Congreso Nacional, como plantearan algunos hace algún tiempo.

Ya instalada, su primer escollo sería definir su reglamento, el que podría facilitar o complejizar el trabajo que se desarrollará.

Desde un punto de vista teórico y de experiencia comparada, hay una serie de puntos críticos que corresponde superar para lograr un texto constitucional de calidad, representativo de todos los constituyentes y consensuado por un quórum de 2/3 de sus participantes.

La mesa directiva es uno de esos nudos, el número de comisiones, otro, y la participación ciudadana es, tal vez, el más importante y delicado.

Un presidente de la Convención sin atributos para lograr acuerdos y diálogos podría ser la ruina del proceso. O bien, un elevado número de comisiones temáticas dificultaría que los grupos sociales de menor representación participasen en ellas.

Pero por lejos, el mayor problema que deberá enfrentar todo constituyente será desarrollar sus funciones considerando la temática planteada por la ciudadanía en forma prudente, racional y con sabiduría. Por lo pronto, la pandemia y el tiempo han traído tranquilidad a las calles y, por tanto, a la Convención que se instalará.

Así las cosas, esperamos, sinceramente, que los constituyentes que resulten elegidos se encuentren a la altura de la función histórica que desempeñarán, sorteando los problemas que se les puedan presentar, de modo que el texto que surja a partir de sus competencias termine uniendo a los chilenos y no desuniendo. Que repare las heridas que muchos reclaman y que, en definitiva, se construyan las mejores reglas de convivencia, que permitan a nuestro país convertirse en una nación desarrollada, no solo en lo material, sino que en lo espiritual.

Es una oportunidad inédita que corresponde aprovechar.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial de Revista NOS.

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