¿Uno o muchos Narváez?

La historia del derecho en general y de la política en particular son vigas maestras de la sociedad humana. Así, estudiosos como García-Gallo, Horowitz y K. Davis desde las temáticas históricas, jurídicas y sociopolíticas respectivamente entregan un florido ramillete de hechos y aprehensiones en solemnidad que observadas retrospectivamente desde el ángulo de mira actual certifican en mucho aquella letra tanguística, por demás celebrada, “La historia vuelve a repetirse”.
Promediando el siglo pasado, a las orillas del cerro Ñielol, río Cautín y más en el villorrio de Chol-Chol, don Diego Narváez era cacique político de todos conocido y apreciado. Allende, Alessandri, Frei, y otros peleaban por su apoyo traducido en miles  de votos. Es que en esa hora, en esta angosta y larga faja de tierra hubo caciques; ahora, también. La historia vuelve a repetirse. Sólo que los caciquismos han cambiado, y los Narváez han sido contemporáneamente sustituidos por la abusiva demagogia que taladra progresivamente a la democracia. Así, los ciudadanos votan pensando en su pega o trabajo, de manera tal que la dependencia anula la auténtica libertad política, la que ya no es necesidad sentida, tal vez porque primero está el comer y después el filosofar.
Tal cual lo predicó el anciano cientista político comunista italiano Galvano Di La Volpa cuando entre las muchedumbres exclamaba: “Primero está el mangare y después el filosofare”.
Así no más, y en mucho, fue el alero de la Concertación que partió bien y terminó mal cayéndose a pedazos al final de sus 20 años largos de tiempo vital inconducente. Hoy la tienen bajo la línea de fracción política con el menor apoyo ciudadano de toda su historia, víctima de sus propios usos y abusos, soberbias, egoísmos y ambiciones.
Extraño sector político opositor que con su incomprensible conducta va en ayuda del actual oficialismo o Gobierno que -en parte- haciendo suya  la receta concertacionista persevera en la vía del suicidio político anunciado, traicionando la fe de tantos partidarios que ayer votaron por Piñera convencidos de que la regla de tres para suceder a la anterior pésima conducción gubernamental era fácil. Y, las encuestas nos lo dicen. Los errores no forzados, dobles faltas y similares si bien no son del mismo talante anterior continúan sucediéndose, es que los jugadores ayer como hoy no eran ni son competentes.
En medio de estas incapacidades por lado y lado, el sufrido y honrado ciudadano yace perplejo, atónito, observando con interés en las pantallas televisivas lo acontecido recientemente en el “Kilómetro 0” de Madrid, en la llamada Puerta del Sol, tierra de indignados que nació de las incapacidades de la clases política en toda su extensión, a la vez que mantención de dolosos caciquismos jamás parecidos a los del buen Narváez en los predios cholcholinos.
Hay Narváez en uno y otro lado del océano, en la península ibérica y en nuestra angosta faja de América. Es que la historia no siempre vuelve a repetirse, ora en la letra del tango, ora del canto criollo.

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