Vanrom El mejor equipo

Su nombre ya es marca registrada en el rubro de la construcción. Tienen probada experiencia en edificaciones en las áreas clínicas, educacionales, corporativas y habitacionales, y el prestigio de ser una de las mejores de su rubro. Un sueño de un hombre que tras 20 años de esfuerzo, hoy sólo agradece a su equipo, que se empapó de una filosofía de trabajo que actualmente rinde muchos frutos y entrega motivos para celebrar.

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El 14 de octubre, Vanrom cumplió dos décadas de vida. Un hito que para esta empresa regional formada por José Luis González coincide con una etapa de consolidación y de proyecciones de la que cada uno de sus colaboradores, sin distinciones, se siente protagonista y responsable.

Hoy están en las grandes ligas del rubro de la construcción y ostentan una experiencia probada en la edificación de hospitales, de colegios, de edificios corporativos y de viviendas que la consolidan como una de las más prestigiosas de la zona sur. Sin embargo, acá nadie olvida los comienzos, y a pesar de los evidentes logros con los que llegan a este nuevo aniversario, tanto en su propietario como en su equipo de trabajo existe un  sentimiento de seguir siendo “los mismos de siempre”: un grupo cohesionado, “camiseteado” y alineado en torno a los principios de una empresa que hizo del “hacer las cosas bien” su eje rector y la base de un éxito que hoy tiene a Vanrom como una de las constructoras más sólidas, requeridas y reconocidas del sur de Chile.

Cierto es, como reconoce José Luis González, que en estas dos décadas muchas cosas han cambiado en Vanrom, “y para mejor”, algo que se nota al recorrer las amplias instalaciones de su oficina central, ubicada a un costado de la avenida Alessandri, y al revisar la lista de proyectos en los que han participado durante toda su trayectoria. Así también lo avalan las cifras -340 mil metros cuadrados construidos- y una presencia constante y creciente en el mercado, sobre todo en el área habitacional.

Un resultado que está a años luz de lo que fueron los comienzos de esta empresa que González inició a los 31 años en el patio de su casa, sin más capital que sus ganas de empezar un negocio propio y su experiencia de casi una década como administrador de proyectos en una constructora de un ex profesor suyo de la Universidad del Bío-Bío, plantel del que se tituló como constructor civil -el mejor de su promoción- y luego como ingeniero en construcción.

“Claro que hemos cambiado, que esta empresa alcanzó un desarrollo y una envergadura que jamás hubiera imaginado cuando era niño, pero todo ello está relacionado con mi origen, con los valores que me inculcó mi padre, quien sustentó a a nuestra familia con su trabajo de gásfiter hojalatero, y con las aptitudes y talentos que entrega la vida, con la actitud que se tenga frente a ella, con ser disciplinado, transparente y honrado; con tener fortaleza para enfrentar las vicisitudes que pone el destino y con sentir amor, dedicación y respeto por lo que uno hace. Por ello creo que más que hacer balances de estas dos décadas, lo conveniente en este aniversario es recordar de dónde uno viene, cómo comenzamos y a quiénes debo lo fundamental de mi formación”, explica José Luis González.

Los protagonistas de estas rememoranzas son, sin duda, sus padres: ella, recuerda, una abnegada mujer que siempre estuvo atenta para ofrecer una taza de café y abrigo en aquellas frías noches de estudio, y él, un gásfiter aficionado al jazz, que aprendió a tocar la trompeta y a componer música “de oído”, y cuyas enseñanzas marcaron a fuego al mayor de sus hijos varones. Una fotografía suya ubicada en un lugar privilegiado de la gerencia general de Vanrom acompaña día a día a José Luis González en su ajetreado quehacer. “Él me mostró su mundo, desde pequeño lo acompañé a sus ‘pololos’, y ya de estudiante comencé a trabajar al lado suyo durante mis vacaciones. Así me fui vinculando con este rubro, a compartir con los ‘viejos’ en los comedores durante el almuerzo, en los vestidores, en los tijerales. Pude conocer el valor de los maestros, ese calor humano de esta fuerza laboral que tienen un papel súper relevante en nuestra área. Los conozco, trabajé junto a ellos, mi papá fue uno de ellos, y por eso mi relación con los maestros de Vanrom siempre ha sido muy potente”, enfatiza.

Fue justamente ese lazo que cultivó desde siempre con sus “viejos”, el que le permitió ejecutar, y con total éxito, su primer proyecto como independiente a comienzos de los noventa: la construcción de la sala de exposiciones del mall Plaza Trébol. “Un amigo me recomendó con ellos. Me pidieron que cotizara la obra y como les gustó mi propuesta la aceptaron, pero pusieron una condición: que la terminara en una semana. Yo no tenía gente, no tenía herramientas, ni una pala, ni un taladro, ni siquiera una carretilla. Pero me atreví y comencé esa misma noche. Contacté a maestros que alguna vez habían sido parte de mis equipos cuando era administrador de obras en mi anterior trabajo. Todos quisieron y aceptaron participar colocando sus propias herramientas y full comprometidos con la faena que realizaríamos. Cumplimos y gracias a ellos tuve la oportunidad de participar en otras obras del mall durante dos años”. Luego vino otra oportunidad que le permitió abrir una nueva área de negocios para Vanrom. Se convirtió en el primer instalador autorizado de productos Sika de la zona sur, para lo que volvió a comprometer a sus mismos maestros en la capacitación requerida para lograr la certificación. “Esto nos abrió muchas puertas en grandes industrias del país y permitió visibilizar la empresa”.

Desde esa fecha el destino se encargó de ofrecerle nuevos desafíos que no dudó en enfrentar sin mayor capital que la reputación que había conseguido en sus trabajos anteriores. Un ejemplo fue la invitación que le hiciera la inmobiliaria Fourcade para participar en la construcción de su proyecto Bayona, en San Pedro de la Paz. “Llevaba tres años como independiente, y estaba participando con ellos en algunas obras de urbanización, cuando surgió esta posibilidad de entrar a las grandes ligas. Sabía como hacerlo, tenía la gente, pero no tenía el capital suficiente para respaldar las boletas de garantía que se exigen en este tipo de proyectos. Les conté mi problema, y ellos confiaron en mí y me adjudicaron la obra”.

De ahí en adelante, Vanrom se fue haciendo un nombre en el mercado local, y poco a poco en todo el sur de Chile.

Entre las obras que ha edificado destacan la remodelación del Hospital Clínico del Sur, la construcción del Hopsital Clínico de la Universidad Mayor en Temuco, edificios corporativos (Pares&Álvarez, MACO, Virginio Gómez de Chillán y Sergio Escobar), más de una treintena de colegios y, desde 2009 hasta ahora, siempre con una creciente participación en variados proyectos habitacionales que ya suman 70 mil metros cuadrados construidos.

La “rítmica” de un trabajo bien hecho

De su padre, José Luis González, también rescata otra herencia importante: “Su amor por el trabajo. Era un maestro muy detallista, muy meticuloso y esa forma de hacer las cosas fue fundamental en la manera en que años más tarde enfrenté el mío”.

Y así lo demostró desde su primera etapa profesional. El director de la carrera de Construcción de la UBB, César Palacios, lo reclutó para trabajar en la constructora que había formado junto a su hermano, Mario, hoy uno de los colabores más estrechos que tiene José Luis González en Vanrom. Allí él partió como asistente y, de a poco, fue asumiendo responsabilidades hasta llegar a desempeñarse como administrador de contrato en proyectos residenciales en las calles Postdam y Puerto Saavedra en Hualpén, además de casi la totalidad de las etapas de Parque Las Américas, en la misma comuna.

Ahí elaboró y puso en práctica un sistema de trabajo que ha sido la base del éxito de su empresa. Una metodología sencilla pero muy efectiva, que distribuye las faenas por equipos, con fechas y metas determinadas, para que no existan tiempos muertos y se asegure así la continuidad del trabajo para sus colaboradores. Y donde se asegure la máxima producción con el mínimo de errores, para lo que cuentan con exhaustivos controles de calidad.

La misma “rítmica” sigue aplicando en Vanrom, donde la receta ha sido que la filosofía del trabajo bien hecho sea asimilada desde las bases hasta las líneas gerenciales. Mario Palacios, actual administrador del proyecto Adela Ester -que considera la construcción de 541 viviendas sociales para afectados por el terremoto en el sector La Berta, en Coronel-, lo grafica de la siguiente manera: “Todos los eslabones de la cadena de producción están coordinados y permanentemente comunicados sobre los objetivos y los requerimientos de cada proyecto. Las especificaciones técnicas están claramente entregadas desde el comienzo y todos quienes participan de la obra están informados sobre lo que el mandante espera. Esta comunicación nos permite avanzar en los tiempos convenidos, reducir el porcentaje de errores y, sobre todo, asegurar conformidad en lo ejecutado”.

Para adaptarse a los requerimientos de la industria, lograron la acreditación ISO 9001-2008, que regula los procesos productivos y administrativos de la empresa. Y también se someten, como sucede en el proyecto Madesal, Valle Aníbal Pinto -donde construyen la primera etapa de los 360 departamentos que contempla la totalidad del proyecto-, a estrictas certificaciones, en este caso del Idiem, que supervisa cada etapa del proceso constructivo.

Hoy Vanrom está dividida en tres áreas de negocios: edificación y arquitectura, obras civiles y pavimentación, y aplicación de productos especializados. Para el futuro, dice José Luis González, siempre hay nuevos proyectos y nuevas perspectivas. Asegura que las enfrentará con la misma tranquilidad y optimismo de siempre, pero con un valor agregado: la compañía de sus dos hijas mayores, Vania y Romina, quienes se incorporaron a la empresa, el año pasado la primera y este 2014 la segunda, para seguir construyendo y diversificando juntos este gran proyecto.

Romina  y Vania González

LAS CONTINUADORAS DE VANROM

Crecieron viendo cómo su papá daba forma a su empresa, cuya marca se creó con las primeras letras de sus nombres. “Lo vimos comenzar con Vanrom en el patio de nuestra casa, sin más recursos que su empeño por llevar adelante su proyecto”, recuerda Romina, de 24 años, quien cursa su último semestre de ingeniería comercial. Desde el 20 de enero trabaja en la empresa. Su misión por estos días es aprender de cada una de las áreas que en un futuro cercano le servirán para asumir la responsabilidad de la administración y de las finanzas de la constructora. “Me estoy preparando para hacer las cosas bien, como siempre nos inculcó mi papá. Cuento con la ayuda de toda la gente de esta área. Estoy aprendiendo, enriqueciéndome de su experiencia, preguntando, mirando, absorbiendo todo el conocimiento que me va a permitir responder a las expectativas que él tiene sobre mí. Junto a mi hermana buscaremos hacer crecer y diversificar las áreas de negocio de Vanrom, para continuar con el legado de nuestro padre. Es nuestra gran meta y el desafío para el cual nos estamos preparando en estos momentos”. 

Su compañera en este sueño es Vania (25), ingeniero constructor. Partió como asistente de administrador de contratos en Vanrom, tal como lo hizo su papá al inicio de su etapa profesional. Hoy es asistente de jefe de terreno en el proyecto de Valle Aníbal Pinto. “De todo lo que he aprendido lo que más me ha llamado la atención es ese espíritu de equipo que se vive en la empresa, eso de enfrentar los problemas de la mejor manera posible, de cumplir, de trabajar bien, de poner amor en lo que se hace. Eso lo aprendí de mi padre, pero ahora he visto cómo toda la gente que trabaja junto a él piensa de la mima manera. Eso nos hace una empresa diferente, y es por ello que me siento afortunada y agradecida de estar donde estoy, y por lo mismo, pondré todos mis conocimientos, aptitudes y capacidades para poder llegar al lugar en que hoy se encuentra mi padre, y continuar su sueño, que también es el mío”.  

Solange Mirandagerente de operaciones:

“Acá me han permitido crecer profesionalmente”

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Recita casi de memoria las obras que Vanrom ha construido en los últimos 13 años, los mismos que ella lleva trabajando en la empresa. Llegó recién egresada como ingeniero constructor de la Universidad del Bío-Bío. Comenzó en el departamento de estudio de propuestas, asumió jefaturas de obras para llegar a ser la directora de la unidad que la vio partir en Vanrom. Hace tres años es su gerente de operaciones, pero no deja el trabajo en terreno y a su cargo está el proyecto Madesal. “Para cada desafío, la empresa me ha preparado y me ha permitido seguir especializándome”. Su mentor fue el propio José Luis González, de quien destaca la libertad que le ha entregado para tomar decisiones y para desarrollarse profesionalmente. “Eso no siempre es posible cuando se trabaja en empresas que son manejadas por sus propios dueños. Pero acá es distinto. Él ha creído siempre en mis capacidades lo que, sin duda, ha sido un tremendo respaldo en mi gestión. Trabajar en esta constructora es para mí un desafío constante. Hoy somos una empresa consolidada, con prestigio en todo la zona sur del país, recibimos constantentemente invitaciones para participar en licitaciones, lo que avala la importancia que tenemos dentro del rubro, que es muy competitivo, sobre todo por la presencia de grandes constructoras que llegan con muy buenas propuestas al mercado regional”.

Mario Palaciosadministrador de proyecto:

“Eficiencia, comunicación y trabajo en equipo son esenciales”

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Tiene 40 años de experiencia en el rubro de la construcción, y hace cuatro es parte de Vanrom. Hoy es administrador de un proyecto habitacional en Coronel para 541 familias damnificadas del 27/F. Llegó a la constructora motivado por la filosofía que resume la visión y la misión de la empresa: “Aquí la eficiencia, la comunicación y el trabajo en equipo son esenciales, y son elementos que están presentes en cada obra, sin importar si es de gran o de pequeña envergadura. Pero también es importante el liderazgo que ha sabido imprimir a su empresa José Luis González, y en el que radica ese sentimiento de pertenencia que se hace patente en todos sus colaboradores. Ésa es la base para enfrentar cada proyecto, y lo demás viene dado por una rigurosa metodología que cruza todo el proceso constructivo, y que establece un atractivo sistema de incentivo por productividad para sus trabajadores. Creo que en todo lo anterior radica la presencia que hoy tenemos en el mercado y lo que ha hecho que importantes compañías prefieran a esta constructora local, antes que a otras afuerinas”.

Víctor Martínezmaestro carpintero:

“Somos una familia”

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“Vanrom jamás ha dejado una pega botada”, cuenta con orgullo. Y habla del tema con propiedad porque desde hace 14 años es parte del equipo de maestros “de planta” de la constructora. Dice que gracias a las faenas donde la empresa ha participado, ha podido conocer desde Vallenar hasta Punta Arenas. Recuerda con especial cariño su paso por la mina Maricunga, cerca de Copiapó, donde a más de cinco mil metros de altura remodeló las dependencias de la gerencia. “Costaba hasta respirar, pero fue un trabajo muy bonito”. Tal como fue la oportunidad que tuvo de presentar los avances de una obra que ejecutaba Vanrom al ex ministro Rodrigo Pérez Mackenna. “Fue importante también porque se trataba de viviendas para damnificados por el terremoto, y fue un gran orgullo haber contribuido para entregarles una casa bonita y bien hecha”.

 Antes de llegar a Vanrom trabajó en Machasa y fue vendedor de una farmacia. “Poco y nada sabía de construcción, pero el mismo trabajo me fue enseñando, aprendí en terreno, con capacitaciones, que fueron las que a mí y a mis compañeros nos ayudaron a entender que acá la calidad de lo que se entrega es buena no sólo para el prestigio de la constructora sino que también para nosotros, porque nos asegura seguir con trabajo”. Pero hay otra cosa, destaca, “el compromiso de nosotros es también con nuestro jefe, los de planta conformamos una gran familia, donde todos nos preocupamos por todos, porque así funcionan mejor las cosas”.

  

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