Vejez, soledad y miedo | Coletazos de la pandemia

El encierro y las condiciones del exterior generan angustia en los adultos mayores. Se pueden acelerar sus procesos degenerativos, depresiones y perder funcionalidad. Es clave ayudarles a mantenerse activos, para superar este contexto que a todos perturba.

Por Carola Venegas V.
@CarolaVe

“Ya me he tejido dos chalecos”, dice Norma González al teléfono. Tiene 76 años y vive sola en su departamento en Concepción. Desarma prendas y vuelve a tejer para no aburrirse y sentirse activa luego de tres meses de pandemia. “Ahora estoy un poco más acostumbrada, porque para mí era una rutina salir, hacer ejercicios, juntarme con mis amigas… Encerrada y sola, lloraba y lloraba. Pero ya estoy mejor, hago palabras cruzadas, miro la televisión y me voy haciendo una rutina para distraerme”, comenta la abuela, que es parte del 12 % de población adulta mayor que vive en Chile en la actualidad.

Biobío es una de las tres regiones con mayor cantidad de personas sobre 65 años, y por ello hay una preocupación por lo que puede estar sucediendo con su salud física y sobre todo mental en esta situación Covid. A los problemas sociales de falta de recursos, de independencia en ciertos casos y de abandono, se suman también otros componentes que ellos cargan al intentar seguir la norma de quedarse en casa y no recibir visitas.

El porcentaje más alto del total fallecidos por Coronavirus en nuestro país, 84,55 %, lo tiene el segmento de mayores de 60 años. Ser población de riesgo conlleva sentir miedo, soledad, angustia por lo que va a pasar y, por eso, hay una especial atención al rasgo poco solidario y apático que ha demostrado la sociedad con los más viejos. Salir, no cuidarse, no prevenir es sinónimo de despreciar su bienestar y amenazar los años que quedan a las personas de este grupo.

Culto a la juventud

Alejandra Valdés, directora ejecutiva de la fundación Amanoz (www.amanoz.cl), que trabaja en acompañamiento de adultos mayores, señala que el edadismo, o discriminación por edad, está presente en la sociedad actual, porque está muy inserto en nuestra cultura el valor por la juventud, la belleza, la productividad, la vitalidad, por sobre la experiencia. “Sin embargo, las personas olvidan que envejecemos cada día que pasa, que es un proceso continuo y que la mayoría llegará a ser mayor. Entonces, si no hay un cambio cultural, cada uno vivirá en carne propia esa discriminación a futuro”, recalca.

Hace 20 años, Amanoz trabaja brindando acompañamiento presencial a adultos de residencias de alta estadía y, desde el 16 de marzo, lo hace también al teléfono. Tienen más que claro cómo sufren y cómo se sienten los más adultos en este contexto. “Evidentemente, con la pandemia los programas presenciales están parados, por ahora, y se han suplido con llamados telefónicos. Actualmente estamos con más de 300 voluntarios de todo Chile acompañando a más de 400 personas mayores también de todo el país. En el acompañamiento telefónico se hacen dos o tres llamadas a la semana, la duración depende de la conversación que se dé”, indica Alejandra.

Soledad y depresión

La directora de Amanoz señala que un tercio de las personas a las que llaman viven solas, un 20 % vive con su pareja y el otro 50 %, con familiares. “Pero todos se sienten solos y casi podriamos decir con inicios de una depresión moderada, por las circunstancias, por eso es tan importante el rol de los voluntarios que acompañan. Ellos han sido capacitados en emergencia psicológica y manejan técnicas de relajación que ayudan a pasar las crisis. Todos estamos asustados, y la mejor forma de atravesar la crisis es compartiendo los miedos con otro y obtener una escucha activa, junto con sentir afecto y cariño”, puntualiza.

Es necesario llorar

Norma González, nuestra abuela tejedora, dice que tiene buena salud. Y lo agradece, pese a que es hipertensa y le sube el colesterol. También se lamenta porque está engordando por la falta de movimiento al que estaba acostumbrada. “Mi hijo me llama todos los días y se preocupa por mí. Y yo busco la forma de desahogarme. Veo mis películas antiguas y llooooooro. Me acuerdo de mi juventud y me emociono, porque la soledad hace llorar. Yo creo que es necesario botar las lágrimas para que esa sensación dolorosa no se nos quede dentro”, dice.

Miedo también Macarena Cárcamo, Terapeuta Ocupacional, magíster en gerontología clínica y funcionaria del Centro Integral del Adulto Mayor (Ciam), Juan Soto Fernández de Concepción, explica que lo más complejo que ha visto en este momento es la salud emocional de los usuarios que atiende. “Además de la ansiedad por la dificultad para salir y abastecerse, los adultos mayores sienten mucho miedo”, expresa.

Es por eso que el Ciam evaluó las necesidades de sus usuarios y con el apoyo del municipio penquista y del Senama, diseñó una caja con abastecimientos básicos que además contiene un kit de protección y materiales de actividades que reparten entre 150 adultos. “El propósito es que las personas que están obligadas a salir y pueden hacerlo, lo hagan lo más protegidas posible. Además, que los materiales de actividades les sirvan para conservar sus tareas y que no decaigan en su funcionalidad, porque lo que buscamos en el Ciam es mantener un envejecimiento activo, donde la persona se sienta social, necesaria e integrada”.

Kit de protección y materiales de actividades entregadas por Ciam, municipio y Senama.

Distancia, no abandono

El distanciamiento social no tiene por qué implicar soledad. Nos obliga a mantenernos físicamente aislados, pero no involucra cortar la comunicación y cercanía a través de otros medios. Así lo grafica Jocelyn Bon, psicóloga de AD Consulting.

“Una forma de ayudarlos a que sientan que nos importan, más allá de hacernos cargos de su abastecimiento alimenticio, farmacológico o de las cuentas asociadas a sus necesidades básicas, es creando y reforzando los canales de comunicación. En los casos en los cuales las personas de tercera edad no sean parte de nuestro hogar, podemos efectuar llamadas diarias o video llamadas para saber cómo están, cómo ha estado su día, cómo se han sentido, monitorear lo que han hecho, y también contarles lo que nosotros, sus seres queridos, hemos hecho, mostrándoles así que nos importan y que estamos pendientes de ellos”.

Hay que estar diariamente llamándolos, haciéndolos sentir que estamos presentes y preocupados por ellos, que tienen con quien desahogarse y contar. A su vez, esta comunicación nos permitirá monitorear su estado de salud físico y emocional, saber cómo se están alimentando y controlar que estén respetando sus rutinas, horarios de sueño, comidas, lo cual los ayudará a generar una sensación de estabilidad, señala Jocelyn.

Lo que les hace bien

Una buena idea es realizar actividades intergeneracionales en conjunto, que nos permitan otorgarles atención, distraernos, hacerlos partícipe y crear gratos momentos. Pedirles ayuda con la lectura de cuentos o tareas de los niños o involucrarlos con labores básicas del hogar, haciéndolos partícipes de nuestra cotidianeidad y velando porque les sean gratas.

También, en la medida que el estado físico se los permita, proponer que realicen ejercicios, que pueden ir desde salir a caminar al patio o dentro de la casa, hasta realizar elongaciones, rutinas de baile, aeróbicos y ejercicios de respiración. “Esto mejorará su movilidad, su salud cardiopulmonar y generará una sensación de mayor fortaleza física, funcionalidad y autonomía. Por otro lado, también es relevante que, si algún familiar nuestro presenta indicios de depresión o de angustia, hay que aconsejarles no saturarse de información y, sobre todo, a desechar aquella que no está confirmada. En ocasiones, fuentes no oficiales pueden aumentar la sensación de caos, temor y angustia. Por último, respetar su privacidad y tiempos de soledad, si es que los necesitan”, destacó.

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

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