¿Y EN QUÉ QUEDAMOS?

SONY DSCEl problema de buena parte de la gente de Ñuble es que está convencida que para los penquistas la Región del Biobío termina en Chaimávida. Y algo de eso hay. Basta conversar con la gente de Concepción y de sus alrededores, para darse cuenta de que del resto de la Región son bastante ignorantes. Y aunque lo mismo ocurre con los de Ñuble en relación con Arauco y la zona del carbón, Lota y Coronel, al comentar que en Arauco hay unos lagos espectaculares, se admiran y casi no creen. Pero ése no es un problema para Chillán y sus alrededores, porque sostienen que, independiente de la falta de conocimiento de la Región, es en Concepción donde se radica el poder de Biobío y no en los lagos de Cañete y Tirúa que, a pesar de su belleza, a ellos no les resuelven nada.

Ñuble se siente incómoda. Observa que la fuerte inversión pública se radica fuera de sus límites provinciales. Su poderosa raíz folklórica, con sus clubes de rodeos, los más numerosos del país, no ha sido fuerza suficiente para cambiar su sensación de abandono. Y es que los pueblos rurales languidecen sin perspectivas para la juventud que marcha a otros destinos, Chillán entre ellos, provocando espacios de desesperanza que los municipios, salvo excepciones, no se esmeran en detener.

Chillán a su vez, activa en esta suerte de lucha épica, cuenta con quién sabe si la más numerosa colonia de jubilados y montepiados con tiempo y capacidad de liderazgo, reconocida y temida por las autoridades, que se dan los tiempos necesarios para lograr ser Región independiente. Se suman los parlamentarios, siempre dispuestos a decir que sí a todo y, últimamente, la propia Presidenta, que les prometió el apoyo legal.

Yo no soy partidario de que mi Región, con indolencia y desinterés manifiesto, no tenga opinión sobre la automarginación de una provincia de tanta raíz histórica, atractiva y repleta de buenas esperanzas. Menos que sea independiente. Siendo senador no contaron con mi apoyo, y aunque reconozco que tienen razones para sostener el fuerte centralismo, ya no sólo de Santiago, sino que también de Concepción, la solución no pasa por mandarse a cambiar. Hay decenas de normas legales que la Presidenta pudo invocar antes de comprometerse a destruir nuestra actual Región.

De partida, la alternativa señalada en la Ley Orgánica Constitucional de Gobiernos Regionales que le permite al intendente traspasar todas las potestades que estime necesario al gobernador de Ñuble. ¿Por qué no lo hace? Misterio. Hay otras más.

También las autoridades locales de Ñuble deberán -algunas ya lo hacen- actuar como un Estado más moderno. No es posible que sus autoridades locales anden preocupadas de cosas menores mientras toda la juventud se les va o los vecinos comienzan a comprar casas en Chillán, arrancando de la desesperanza. ¿Cuáles son sus proyectos de desarrollo? Otro misterio. ¿Conocerán las políticas nacionales elaboradas en los ministerios o mantendrán “la gestión”, consistente en ir a convencer a Santiago a alguna autoridad de que les dé recursos, generalmente acompañados con un parlamentario y un fotógrafo local?

Estamos a medio camino de ninguna parte. En Ñuble, muchos, no todos, levantan la voz. La Universidad de Concepción en sus estudios sobre Región posible logró bajar el tono de las súplicas, pero la promesa de Michelle los tiene tranquilos. ¿Y qué piensa nuestro Gobierno Regional? Otro misterio.

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

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