¿Y Pedro?

La pregunta es por Pedro de Valdivia o, mejor dicho, por su estatua, que hace un año y cinco meses fue derribada de su plinto de piedra sin que hasta la hora se sepa si regresará o no a su sitio en la Plaza de la Independencia. Desde el municipio penquista responden que no hay fecha ni lugar para su reubicación porque, entendiblemente, están concentrados casi ciento por ciento en la pandemia. Ninguna repartición del Estado o privados han ofrecido recursos para la faena primera y principal: su restauración.

Por Pamela Rivero Jiménez.

El 14 de noviembre de 2019, Chile cumplía 27 días de manifestaciones desde iniciado el estallido social, en octubre de ese año. Aquella jornada, sin embargo, tenía también, otra connotación. Se conmemoraba un año del crimen del joven mapuche Camilo Catrillanca.

Como solía suceder en esas semanas, la Plaza de la Independencia de Concepción era el punto de encuentro, sobre todo de jóvenes, que llegaban a partir de las 14 horas, para iniciar desde allí sus marchas por distintas calles de la ciudad. Aquellas caminatas casi siempre terminaban con enfrentamientos protagonizados por descolgados de las manifestaciones que se enfrentaban con carabineros. Esas “peleas” se extendían por horas. El orden en el centro penquista recién se recuperaba totalmente a eso de las 10 de la noche, aunque hubo excepciones, como ese 14 de noviembre.

Ese día las actividades se iniciaron cerca de las 16 horas, con una marcha para recordar a Camilo Catrillanca, que llegó hasta la Intendencia del Biobío y luego retornó por avenida Los Carrera hacia el centro de Concepción.

Una vez disuelta la manifestación, otro grupo se congregó en la esquina de Aníbal Pinto con Barros Arana. Era un centenar de personas dispuestas a cumplir un objetivo que había quedado pendiente en dos ocasiones anteriores: botar de su plinto a Pedro de Valdivia, el fundador de Concepción. Lograron su cometido pasadas las 19 horas. Las mismas cuerdas que usaron para derribar la estatua de bronce, de unos tres metros y medio de altura, sirvieron para arrastrarla hasta la intersección de las calles Caupolicán con O’Higgins, donde la figura del conquistador fue utilizada como barricada junto a una pila de adocretos que habían sido retirados de la plaza.

Armando Cartes, historiador y secretario de la Corporación Social y Cultural de Concepción, SEMCO.

El historiador y secretario de la Corporación Social y Cultural de Concepción, SEMCO, Armando Cartes, llegó hasta ese punto a las 21 horas. La idea era sacar la estatua del lugar y llevarla a resguardo a una dependencia municipal.

Así se hizo antes con la estatua de medio cuerpo del mismo Pedro de Valdivia, que hasta el 30 de octubre estuvo emplazada frente a la Sala de Arte Federico Ramírez del municipio penquista. Ese día, manifestantes la sacaron de su base, y la “empalaron” a los pies del monumento del toqui Lautaro, ubicado en el extremo opuesto al que ocupa Valdivia en la Plaza de la Independencia.

Cuando esperaba por el traslado, Cartes miró hacia el norte y vio fuego. Provenía del Paseo Peatonal. Un incendio destruía la sucursal del centro de la tienda Preunic, mientras decenas de personas la saqueaban. El siniestro hizo ceder la estructura y tres bomberos resultaron heridos. Los daños también alcanzaron a comercios vecinos. Esa noche lo ocurrido en el centro de Concepción fue noticia nacional.

Ni parecido a Baquedano

La mañana del viernes 15 de noviembre, la capital regional amaneció soleada, pero con bastante viento. Quizás por lo mismo, todavía sorprendían las bocanadas de humo que salían de la siniestrada tienda de productos de belleza. Eran las 10 de la mañana, y aún se veía a voluntarios de bomberos asegurándose de que todo estaba controlado. La gente, separada del lugar por una cinta de seguridad, intentaba hacer fotos y videos. Toda la atención estaba puesta en las ruinas de ese espacio del Paseo Peatonal. Algo muy distinto de lo que ocurría en la esquina de Aníbal Pinto con Barros Arana. Los transeúntes circulaban normalmente, sin reparar la ausencia de la estatua de Pedro de Valdivia. Solo algunos adoquines sueltos y manchas de pintura que cubrían el plinto quedaban como testigos de lo sucedido. A nadie pareció importarle. No hubo manifestaciones, ni debates por lo que sería el futuro del monumento del fundador de la ciudad. Nada ni siquiera parecido a la polémica que suscitó el retiro de la estatua del general Baquedano desde la plaza que lleva su nombre. Menos, todavía, el rápido compromiso de fondos para su restauración.

A un año y cinco meses de esa jornada, de la vuelta a la plaza de Pedro de Valdivia no hay noticias. Solo persisten recuerdos de algunos testigos de aquella tarde, en que un grupo de personas decidió por mano propia, que una estatua del centro de la ciudad ya no podía ocupar más ese lugar.

Una estatua y un Chemamûll

El chirrido del metal sobre el pavimento. Eso es lo que recuerda el periodista y director de Bio-Bio Chile, Christian Leal. Testigo de la caída del monumento ese 14 de noviembre, tiene todavía en su mente el impresionante sonido que produjo el arrastre de la estatua por la plaza. “Era como si estuvieran pasando un arado por el pavimento”, señala.

Los instantes de esa jornada trató de mantenerlos en su mente. Por esos días el trabajo de la prensa no era fácil, y un periodista grabando con un teléfono no era bienvenido por la multitud.

Llegó a la Plaza de la Independencia, cuando de la cabeza de Pedro de Valdivia ya pendía una cuerda que era tironeada desde ambos extremos. “Serían unas 300 personas alrededor de la estatua, mientras otro grupo estaba abocado a derribarla. Lo intentaron días antes, pero no les resultó porque participaron muy pocos o se les cortaban las cuerdas. Pero esta vez se reunió mucha gente. Así pudieron remecerla de su base”.

Hasta que finalmente Pedro de Valdivia cayó de cabeza al pavimento, en dirección a la calle O’Higgins. “Los gritos se hicieron más intensos y la multitud se abalanzó sobre la estatua para patearla o hacerle gestos”. En ese momento, el monumento lucía unas manchas de pintura verde en su costado derecho, y Valdivia aún mantenía su espada en la mano izquierda, pero al llegar a la calle Caupolicán, el arma desapareció. Nunca fue hallada.

Otro hecho que tiene presente el periodista fue un robo que ocurrió esa tarde, pero que se hizo público días después, cuando el municipio hizo un llamado a la comunidad: la desaparición de un Chemamûll (estatua de madera utilizada en los ritos funerarios) que habían instalado en la plaza agrupaciones mapuche de Concepción en el acto de conmemoración de la muerte de Camilo Catrillanca.

“Vi gente mayor mirando toda la situación que se produjo aquella tarde con pena, con impotencia. Recuerdo la cara de un taxista, del grupo de los antiguos que tienen paradero en Aníbal Pinto. Movía su cabeza en señal de reproche, pero quién se iba a atrever a defender una estatua en contra de esa cantidad de sujetos exacerbados. Más aún si en ningún momento se vio la presencia de carabineros”, rememora Leal.

El custodio de Valdivia

En el momento en que el historiador Armando Cartes llegó a resguardar la estatua, la cara y las manos de Pedro de Valdivia estaban pintadas de rojo. De la espada, rastros ya no había.

“Cuando supe que la habían derribado me espanté. Llegué al centro a las 9 de la noche y me paré al lado hasta que estuviesen las condiciones para sacarla de ahí. Estuve esperando hasta la medianoche para supervisar su retiro. Acompañé al vehículo que la trasladó hasta que quedó bien resguardada en un container, en un lugar especial”.

 

Los monumentos públicos son propiedad fiscal y la municipalidad tiene la obligación legal de custodiarlos, explica Cartes, mientras que quien supervisa su instalación o retiro es el Consejo de Monumentos Nacionales (CMN).

Por ello, se preocupó de realizar un informe para el CMN donde daba cuenta de su traslado y de los daños que a primera vista tenía: trizaduras, manchas de pintura y la pérdida de la espada. “No tenemos una estimación sobre cuánto costaría su restauración. Eso tiene que evaluarlo un taller especializado. Recuerdo que reparar el monumento de Juan Martínez de Rozas, dañado en el terremoto del 2010, costó en torno a 40 millones de pesos, y se hizo en una fundición en Santiago, pero los daños de Pedro de Valdivia no se han estudiado”.

Sí, agrega, espera que el Estado también pueda destinar fondos para su restauración, tal como se ha hecho con otras obras que en la Región Metropolitana sufrieron daños durante el estallido social. “Como sucede con la estatua del general Baquedano, para el que no van a faltar recursos públicos para restaurarlo y reponerlo, porque no creo que los pague la municipalidad de Providencia. Pero eso no sucede con todos los otros monumentos dañados en el resto de Chile, que son responsabilidad de los municipios, los que hoy tienen sus prioridades alteradas y sus recursos limitados por causa de la pandemia”, sentencia Armando Cartes.

Presente desde 1950

La estatua de Pedro de Valdivia habría llegado a la Plaza de la Independencia en la década del ’70, pero su instalación en la ciudad ocurrió mucho antes, en 1950, cuando la capital regional cumplía cuatro siglos.

“Se hizo copiando al Pedro de Valdivia que está en el cerro Santa Lucía. Fue confeccionada por los alumnos de la Escuela de Artesanos Industriales de Concepción (hoy UBB), lo que ya le otorgaba un valor patrimonial. No fue una pieza comprada”, cuenta el historiador.

Aquel aniversario fue el motivo para hermosear urbanísticamente la ciudad. “De esa época viene la bandera de Concepción, el monumento de O’Higgins de los tribunales, la inauguración de la catedral”. Eran elementos que mostraban el gran momento que vivía Concepción, como una ciudad potente y pujante, que se venía reconstruyendo después del terremoto de 1939. “Primero el monumento de Pedro de Valdivia fue instalado en la Plaza España, frente a la estación de Ferrocarriles, pues aquella era la puerta de entrada a la ciudad y donde todo el mundo llegaba. En algún minuto, fue trasladada a la Plaza de la Independencia”.

El año 2007, otra figura llegó a la plaza principal de Concepción, específicamente, a su ángulo que da a la calle Caupolicán: la estatua de Lautaro, el líder militar mapuche, que tiene las mismas dimensiones de Pedro de Valdivia. “Así se completaba la identidad ‘Biobense’, mestiza y fronteriza. Un acto que nos representaba como una raza nacida de la fusión de dos pueblos. Por eso me sorprende, y esto lo digo a título personal, que hoy no haya espacio para Valdivia en la ciudad que él mismo fundó”, reclama Armando Cartes.

¿Hay futuro?

La tienda Preunic abrió sus puertas durante febrero del 2021, en plena pandemia, con una infraestructura totalmente renovada. No quedaron rastros del incendio. Pero en la esquina de la plaza que da a las calles Barros Arana y Aníbal Pinto, nada cambió. El plinto de piedra sigue rayado y vacío, y nada se sabe sobre si volverá a sostener la figura del conquistador o tendrá otro destino.

Consultado por Revista Nos, el alcalde subrogante de Concepción, Aldo Mardones, respondió que no está definido ni el lugar ni una fecha para una reubicación del monumento. Nuestro municipio, añadió, hoy se encuentra enfocado casi al ciento por ciento en lo que es la pandemia y en brindar a la comunidad salud, seguridad y asistencia social, que es un tema trascendente para la comuna en estos momentos. “Ya habrá tiempo para analizar esta circunstancia (el eventual retorno de la figura de Valdivia a la plaza), toda vez que no es un tema que sea prioritario para nuestra gestión, considerando los tiempos de pandemia que estamos viviendo”.

Desde su opinión como historiador y defensor del patrimonio local, Armando Cartes es partidario de que la estatua vuelva a su lugar. “No soy hispanista y no siento una admiración especial por Pedro de Valdivia. Si fuera la estatua de Lautaro la dañada, también estaría reclamando y la habría ido a recoger como lo hice ese 14. No son preferencias, es una forma de ver el pasado como algo que uno no tiene que juzgar o condenar, sino que comprender en su contexto, de manera que sirva para entender la ciudad y el país que somos”, recalca.

El periodista Christian Leal añade que es un tema complejo el hecho de saber si Pedro de Valdivia merece o no una estatua con respecto a los actos que haya cometido, y que lo mismo puede suceder con la figura de Lautaro. “Pero en una democracia hay formas de definir estas cuestiones. Podría hacerse, por ejemplo, con una consulta vinculante donde la gente, con base en datos históricos, diera su argumento a favor o en contra. Y ahí será una mayoría la que decidirá si quiere o no tener de vuelta la estatua, o si hay que reubicarla”.

Lo que no debería suceder, complementa Cartes, es que una multitud anónima y, por la fuerza, decida que ese ya no es su sitio.

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

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