Yo no tomo leche

El 1 de junio fue el Día Mundial de la Leche. Es el alimento dorado de nuestra dieta, pero pocos saben que su consumo se asocia, en ciertas personas, a graves complicaciones del sistema inmunológico, causando alergias, males respiratorios y enfermedades de la piel.


Cuando comencé a escribir este texto imaginé la advertencia de la cajetilla de cigarros. “El tabaco mata”, con la imagen de Don Miguel y su cáncer de tráquea, o esa horrenda foto de lesiones bucales… E incluso el dedo para abajo, ocultando cierta parte y que insinúa la impotencia sexual.
El cigarrillo hace mal, lo sabemos. Pero ¿qué pasa cuando un producto que se ha santificado por décadas y que pertenece al olimpo de nuestra cultura culinaria comienza a ser cuestionado?
“La leche de vaca es un veneno”, dice un artículo de revista e impresiona ver la cantidad de referencias y estudios que dan soporte a esa tesis.
Pero cómo… Si por todos lados nos dicen que la leche es esencial en nuestra dieta, que hay que consumirla, pues no sólo contiene calcio para los huesos, sino que también el azúcar que se llama lactosa, y que ayuda a la absorción del calcio. Las campañas del ministerio de Salud se enfocan en alentar su consumo y los padres la instauran con fe ciega dentro de los menús, colaciones o incluso en reemplazo de las comidas principales. Sin embargo, expertos en alimentación, vegetarianos y veganos indican una visión bien trasgresora: la leche de vaca sería la causante de numerosas patologías como la artrosis, la artritis, disfunciones hepáticas, biliares, intestinales e incluso de ciertos cánceres. También, que ella y sus derivados favorecen la aparición de alergias y que sería culpable del asma.
¿Qué? ¿Se siente en medio de un 8.8? Pues eso es un sacudón a todo lo que comprende nuestra cultura occidental. Porque los orientales no consumen leche y casi no se enferman de todos esos males que acabamos de mencionar.
“Pero claro, porque más encima la leche que se consume hoy y que se compra en los supermercados es cualquier cosa menos leche. Es un producto inflado e innecesario para los niños mayores de cuatro años, quienes perfectamente pueden encontrar los nutrientes que supuestamente se le atribuyen a la leche, como calcio y vitaminas, en vegetales o frutos secos”, explica con énfasis la nutricionista Ana María Vidaurre, quien agrega que la leche de vaca es justamente para la alimentación de los terneros. “No sé por qué el ser humano insiste en consumir un alimento que no fue hecho para ellos”, recalca.
La profesional comenta que ha visto mejorías increíbles en pacientes que se despojaron de los lácteos y que nunca más sufrieron malestares estomacales, intestinales, alergias, bronquitis y otras principalmente asociados al aparato respiratorio.
En todo tipo de leche hay una sustancia que se llama caseína. En la leche de vaca hay trescientas veces más caseína que en la leche humana, para que el ternero pueda formar huesos mucho más grandes. Esta sustancia, tan exagerada para el humano, provoca en nuestro interior gran cantidad de mucus, flema y psora. Esta sustancia mucosa ahoga las vísceras y el organismo lucha para librarse de ella y busca hacerla salir por nuestras fosas nasales o por otras vías. El médico que vea esto lo tratará a punta de antibióticos y corticoides correspondientes y finalmente el moco no podrá salir. La caseína será la responsable de todo tipo de catarros, alergias diversas, otitis, trastornos de la tiroides y también obesidad.

Tomar con moderación

En la Pontificia Universidad Católica de Chile, donde el médico pediatra Claudio Carrasco cursó sus especialidades, jamás leyó o revisó algo asociado con los estados que podría provocar la leche. Es más, por interés propio ha ido estudiando, revisando y comprobando que hay algo que cuadra entre varios de sus pacientes alérgicos, o que han padecido virus sincicial o que mostraban problemas digestivos: habían presentado algún trastorno asociado a la leche. Pero pide cautela, pues sabe que el tema es delicado. “Uno no puede decir que la leche es mala, pues hay ciertos niños a los que no les causa problemas. Sin embargo me impresiona el valor que tiene la leche entre los padres, poniéndola en el primer lugar de la alimentación. Yo comparto esta apreciación, pero sólo parcialmente, porque creo que el alimento inmejorable para los bebés es la  leche materna”, señala el médico de especialidad Intensivista Pediátrico.
Y Carrasco insiste: “Para algunos niños la leche de vaca puede ser nociva. Por lo que he visto y leído, aproximadamente un ocho por ciento de la población tiene alguna complicación asociada a los lácteos”.
El médico advierte también que esta excesiva confianza en la leche y sus derivados ha marcado una tendencia un tanto facilista en los padres y tutores de los pequeños. En vez de ofrecer una nutrición variada sobreestimulan el consumo de estos alimentos. “Hay niños que reciben una alimentación basada sólo en leche, sea en forma de yogurt u otros lácteos. Yo he evaluado a niños que reciben entre un litro y un litro y medio de leche diariamente y no comen nada más. Y tú los ves y son niños gorditos con harta grasa, pero que tienen anemias y un tono muscular inadecuado, y que incluso pueden tener sobrepeso”, resume el especialista.
Y continúa apuntando que la naturaleza diseñó la leche para que la madre alimente a su cría durante el período que no ha completado su dentición temporal. Esto es hasta los dos años. “Después de ese período no deberíamos tomar lácteos y menos de otras especies, pues el único mamífero que toma leche de otra especie es justamente el hombre. En los niños en que esta proteína produce alergia, los síntomas pueden ser digestivos, pueden ser dermatológicos o respiratorios. Las bronquitis, sinusitis o bronquitis asmática de algunos pacientes muchas veces están relacionadas con esta alergia y si se le suma la existencia de los virus estacionales nos enfrentamos a casos realmente complejos”, aclaró el doctor Carrasco.
Cecilia Lorca conoció a Ana Vidaurre por un artículo escrito en esta misma revista. Se contactó con ella, pues había pasado por todos los médicos y especialistas y no había encontrado solución a su malestar gástrico. “Estaba desesperada, porque mis dolores eran fatales. Me hacía exámenes y nada. Cuando leí sobre la cura con los alimentos y lo que estos hacen en el organismo, decidí probar. Lo primero que dejé fue la leche. Antes consumí leches especiales sin lactosa, pero no cambió mi malestar. Hasta que la dejé definitivamente, aunque era fanática sobre todo del yogurt. Fue un cambio tan radical que incluso no tuve más dolores de mi sinusitis crónica. La especialista me explicó esto de la mucosidad que se genera con la proteína de la leche y ahora todo me parece muy lógico. Con mis hijos actué de inmediato. Ambos eran tendientes a las bronquitis obstructivas. Chao leche y chao enfermedad. Suena como si fuera cuento, pero yo al menos estoy muy agradecida de conocer la verdad de un producto de doble filo”, indica.
El doctor Carrasco asiente y repite “esto es casi mágico. Yo he visto pacientes a los que les eliminas la leche y sólo tienen resfríos normales, en un cuadro donde no se necesitan antibióticos ni un tratamiento permanente de antialérgicos o inhaladores de corticoides”.
El especialista enfatiza que no se trata de que todos los casos de pacientes con problemas respiratorios o asmáticos sean originados por la leche, pero sí que hay un grupo importante de ellos que se ve beneficiado con la suspensión o la disminución de la ingesta”.
La comunidad médica aún ve con cierto escepticismo este tratamiento. Carrasco señala que a pesar de ser algo que nunca vio en lu facultad sí tiene la certeza de que cada vez toma más valor, porque está siendo documentado y generalizado dentro de sus colegas.
“Efectivamente hay un grupo de niños a los que la leche afecta y lo veo, pues hay pacientes a los que les suspendes la leche de vaca y se terminan los cólicos. Y sin duda que los que mejor perciben si sus hijos son o no afectados por la leche son los propios padres”, agrega el doctor.
Marie Claire Dumont no puede convencerse aún de sacar la leche de la dieta de su pequeño Agustín. “El pediatra me dijo que lo hiciera pero hay que entender que para los padres es muy difícil tomar una decisión así. Y para mí sobre todo, porque mi hijito es súper lechero, sólo he tratado de hacerla más diluida”… indica, mientras asiente que Agustín tiene permanentes complejidades respiratorias, que mantiene una sinusitis que ni con corticoides ha podido solucionar.
Pero el doctor Carrasco dice que eso no está tan mal “Yo diría que varios cuadros se mejoran disminuyendo la ingesta, porque hoy casi todas las preparaciones de productos tienen leche. Es cosa de probar”. Sin embargo, la recomendación para quienes sospechen de efectos nocivos de los lácteos es dejarlos al menos ocho semanas. En ese período el cuerpo se desintoxica y los cambios comienzan a ser notorios.
Si se considera adicto, existen leches de animales especiales sin sus proteínas y otros productos que se le asimilan. También las leches provenientes de frutos, como la de almendras, coco o avena y soya, por nombrar algunas. Estas son consumidas masivamente por personas con dietas especiales, vegetarianos y veganos quienes son capaces de obtener de otros alimentos los nutrientes que se le cuelgan como atributo a la leche de vaca.
El 1 de junio fue el Día Mundial de la Leche y saltó la siguiente cifra: En Chile se consumen en promedio 130 litros de leche de vaca al año, cifra que nos pone en tercer lugar de consumo en Sudamérica después de Argentina y Colombia. No sería nada fácil dejar de beber leche. Ahora que viene el invierno viene bien un chocolate caliente, un buen mate o cualquier combinación de manjar. Pero tenga en cuenta: no es para todos, porque la blanca y pura bebida no es tan inocente con algunos organismos. A ellos les queda solamente limpiarse el bigote y decir sanamente: Yo no tomo, leche.

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

SÍGUENOS EN NUESTRAS REDES SOCIALES