Yo reciclo… ¿y tú?

/ 21 de Noviembre de 2016

Chile se pone a tono con la tendencia mundial de Reducir, Reciclar y Reutilizar, convirtiéndose en país pionero a nivel latinoamericano en promulgar una ley de reciclaje. ¿Qué pasa con cada uno de nosotros, ciudadanos consumidores? ¿Nos subimos o no al carro?

 

Por María José Burmeister.

 
Cerca de 17 millones de toneladas de residuos se producen cada año en nuestro país. De ellos, siete millones corresponden a lo que generamos cada uno de nosotros en nuestros propios hogares, es decir, casi kilo y medio diario por habitante, y al alza.
sin-titulo-2Al comentarlo entre amigos, todos nos escandalizamos. A la hora de hacer algo, los basureros siguen llenos de latas, vidrios, botellas y cartones, elementos hoy en día ciento por ciento reciclables que incluso pueden ser depositados en los llamados “puntos limpios”, para ser luego recogidos y revalorizados por la industria del reciclaje.
Sin embargo, y contra todo sentido común, todos ellos siguen yendo a parar a vertederos y rellenos sanitarios, desperdiciando las materias primas y energía que podrían generarse de ser reincorporados a la cadena productiva.
¿Qué nos pasa que seguimos haciendo vista gorda frente a un tema que no tardará en pasarnos la cuenta? ¿Tan poco nos preocupa seguir llenando el planeta de toda esa enorme cantidad de basura?
 

Mis residuos, mi responsabilidad

El reciclaje es hoy un tema de conciencia y cultura. Conciencia de la responsabilidad que nos cabe a cada uno en esta materia; cultura, en la medida en que como país y comunidad vamos tomando acciones que nos permitan hacer de esto una opción diaria y personal, que incluya no sólo comenzar a separar los residuos en su origen para facilitar su tratamiento, sino también consumir distinto, eligiendo productos que tengan un bajo nivel de desecho y comprando no en base a lo que nos resulta más cómodo, sino con criterio de sustentabilidad.

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María José García junto a colaboradores en una actividad de la fundación El Árbol.
Papeles, botellas de plástico y de detergente, tapas y javas de bebidas, bolsas de supermercado y envases de galletas, tetrapacks de leche y jugos, envases de yogur, radiografías, sillas, mesas, conos de tránsito, baldes y todo tipo de envases de vidrio son algunos de los muchos productos que hoy pueden ser reciclados mediante distintos procesos. La clave está en que lleguen en buen estado a los lugares desde los que son retirados ya sea por los recicladores de base (también conocidos como cartoneros) o bien por alguna de las empresas que forman parte de esta naciente industria del reciclaje.
 

Un paso adelante

En mayo de este año, Chile promulgó su primera Ley de Reciclaje y Responsabilidad Extendida del Productor que, en el plazo de un año, obligará a fabricantes e importadores de determinados productos a recuperar un porcentaje de sus artículos cuando dejan de ser utilizados, financiando la gestión de los desechos que de ellos se deriven.
Este porcentaje es fijado por el Ministerio del Medio Ambiente (MMA), organismo encargado, además, de entregar las directrices generales y específicas para la correcta aplicación de lo exigido en la nueva Ley y estructurar un registro de gestores de residuos, del cual serán parte fundamental los más de 60 mil recolectores de base que existen en Chile.
Otros actores claves en este proceso serán los municipios, los que deberán estructurar las condiciones básicas para poner en marcha el sistema, otorgar permisos para la instalación de sitios de recepción de productos, materializar convenios y capacitar a los involucrados, sensibilizar a sus comunidades y promover una mayor educación ambiental.
Tal como se explica en las comunicaciones oficiales dadas por el MMA, “para cumplir con las metas de recolección y valorización, los productores tendrán la obligación de organizar y financiar los llamados sistemas de gestión, cuyo objetivo será la recuperación de residuos. Estos podrán ser individuales, correspondiente a un solo productor, o bien, colectivos, conformado por varios productores organizados a través de una persona jurídica sin fines de lucro”.
Si bien aun hay muchos aspectos y herramientas de gestión por definir, la iniciativa permitirá, sin duda, disminuir la generación de residuos y formalizar una industria del reciclaje, en un propósito que debiera involucrar no sólo a los fabricantes e importadores de los seis productos inicialmente contemplados, sino a toda la sociedad. En ellos está el cambio cultural que se necesita, al cual el Estado y sus distintos estamentos deben aportar para generar las condiciones e incentivos adecuados.
 

No es basura, es un recurso

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Colores de contenedores para distintos residuos Norma Chilena NCh3344
La promulgación de la Ley REP dio pie a que surgieran nuevos emprendimientos, entre ellos, en nuestra Región, Acegreen, iniciativa familiar que vio en ella una interesante oportunidad de dar forma de negocio a su convicción sobre el reciclaje como estilo de vida.
Su foco es la recolección de artículos producidos con polipropileno y polietileno, materia prima para diversos envases de plástico en distintas densidades. Desde que partieron, hace menos de un año, han tenido una alta demanda, estableciendo convenios de trabajo con municipalidades, constructoras y universidades, e instalando sus contenedores en condominios, edificios, colegios y campings, entre muchos otros. “Cada contacto lleva a otro, pues en general la gente tiene la intención de reciclar pero no sabe cómo”, comenta Óscar Contreras, gerente de Acegreen. “Para ellos somos una solución frente a una problemática de la que nadie se hace responsable, y aunque a veces hay gente que se opone, al ver los resultados comienzan a sumarse. Por eso, siempre que instalamos un contenedor hacemos una pequeña capacitación, en la que intentamos romper el paradigma de que lo que estamos reciclando es basura, en realidad es un recurso, algo que se puede reutilizar”.
 

Convicción que mueve montañas

En sólo unos pocos años de trabajo, María José García (arquitecta UDD, Diplomada en Urbanismo Sustentable de la UdeC y Magíster en Arquitectura y Medioambiente de la U. Politécnica de Cataluña), movió no sólo montañas sino a un edificio entero en pro del reciclaje.
Al volver de Barcelona, la absoluta convicción de que ése era el camino correcto, la llevó a hacer de este desafío su actividad diaria, descartando varios e interesantes trabajos estables para lanzarse “con furia” a su cruzada por convencer a otros de que la única alternativa cuerda era aportar al planeta reciclando y reutilizando.
“Mi llegada al reciclaje fue desde las entrañas. Me marcó haber vivido en Barcelona, donde los contenedores para segregar residuos estaban cada tres cuadras. Al volver a Chile, en diciembre de 2009, en casa de mis padres todo se mezclaba… me volví medio loca, no podía concebir botar una lata con el resto de los residuos orgánicos. Empapelé la casa con carteles recordando apagar la luz, y compré contenedores de colores que puse en todos lados… Ése fue mi regalo de Navidad para mi familia. En febrero fue el terremoto y comencé a trabajar como voluntaria. Al poco tiempo me uní al grupo Abrazos, ayudando en las zonas más afectadas. Ahí surgió la idea de mejorar la aislación de las viviendas de emergencia. El tetrapack podía funcionar. Investigamos, inventamos un sistema parecido a la instalación de tejuelas convencionales y forramos una casa en Coliumo”.
Después de esa primera experiencia, vinieron 350 viviendas más. “Hicimos campaña de recolección, llegaron cajas de todo Chile, y vimos la necesidad que tenía la gente de dejar sus tetrapacks en alguna parte… Ahí me di cuenta de que si uno vinculaba el tema del cuidado del medio ambiente con el apoyo social, la gente se motivaba. Ésa fue la semilla de la Fundación que hoy tenemos dedicada a la educación ambiental, gestión de residuos y diseño sustentable”.
Los dos primeros años los hizo a puro ñeque, en paralelo a su otra pega, donde aprendió lo que tenía que aprender para comenzar a moverse en un mundo que le era desconocido. Comenzó luego a definir un modelo de trabajo, conoció a las agrupaciones de recicladores de base, golpeó puertas, entusiasmó a otros y fundó El Árbol. “Mi primer proyecto fue la gestión de residuos en el edificio Cochrane, en el que vivía con mis padres. A punta de voluntariado hicimos primero una encuesta, hablamos con el administrador del edificio y la motivación fue total. Nos contactamos con Cristalerías Toro para instalar una campana de vidrio, instalamos gráficas y contenedores de segregación en cada shaf de basura, y nos coordinamos con la “señora Bernarda”, recicladora de base que hasta el día de hoy hace el retiro de lo que se separa”.
 

La unión hace la fuerza

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Los hermanos Óscar y Aldo Contreras formaron Acegreen.
Con mucha voluntad y asociatividad, su sueño fue tomando forma. “Conocí el trabajo que estaba haciendo la gente de la Seremi de Medio Ambiente, las campañas de reciclaje que se organizaban en distintos barrios de Conce, la feria de reciclaje electrónico y empezamos a trabajar con ellos, poniendo nosotros voluntarios y la vinculación con los recicladores de base, y la Seremi la difusión y la gestión con empresas y municipalidades”.
Hoy, a cinco años de haber partido formalmente con El Árbol, la Fundación ha logrado sistematizar un trabajo serio con empresas, municipalidades, juntas de vecinos, colegios y agrupaciones de recicladores de base, llevando a cabo con ellos talleres, capacitaciones y certificaciones ambientales, así como gestión de residuos inorgánicos y proyectos de compostaje comunitarios, entre muchas otras iniciativas.
 

Hacernos cargo

“El tema de la basura es un problema real y lo estamos generando nosotros, por lo que tenemos que hacernos cargo”, comenta María José. “En los últimos 40 años se ha producido la misma cantidad de basura desde que apareció el hombre en la Tierra hasta 1970, básicamente por el boom de productos en base a plásticos, algunos de ellos con una importante cantidad de tóxicos y de cuya disposición final nadie se hace responsable. Hoy la gente sólo vive, no sabe o no quiere saber el daño que está produciendo al planeta porque es más cómodo. Hoy existen plataformas y alternativas para el reciclaje, y con la nueva ley tenemos una gran oportunidad. Pero al final se trata de una decisión personal, una responsabilidad ciudadana de lograr reciclar, como lo han hecho otros países, hasta un 80 por ciento de nuestros residuos”.
 

¿Cómo andamos por casa?

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Los envases y embalajes conforman más del 10 % de los residuos sólidos municipales. Aunque ya hay reciclaje de varios de estos productos, no es un servicio que exista en todo el país debido al costo de transporte hacia la Región Metropolitana, que es donde se concentra la industria recicladora.
Así como Chile fue pionero latinoamericano al promulgar la ley REP, así también Biobío ha aportado lo suyo, exportando al resto del país una interesante propuesta de trabajo en esta materia.
Efectivamente, y aunque pocos lo sepan, el primer programa de Reciclaje Regional fue presentado el 2015 por la Seremi de Medio Ambiente del Biobío al Fondo Nacional de Desarrollo Regional (FNDR). Paradojalmente, el proyecto ya fue implementado en la Región Metropolitana y en la nuestra aún no logra contar con los fondos necesarios para ponerse en práctica.
En suma, este Programa Regional de Reciclaje considera la instalación de una amplia red de al menos 180 puntos limpios y 26 galpones de acopio, en las 37 comunas que se sumaron de las 54 invitadas a participar. Ello permitiría además potenciar la labor de los recicladores de base, con la adquisición de enfardadoras, triciclos, uniformes y elementos de protección personal, así como capacitaciones y mayor difusión del tema entre la ciudadanía. Tal como se ve, el programa es ciento por ciento coherente con lo que pide la OCDE y varias de las líneas de trabajo de la Estrategia de Desarrollo Regional pero, al parecer, falta mayor voluntad política para lograr apalancarlo.
 

¡Despeguemos de una vez!

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Compromiso total con el reciclaje tienen los alumnos del Colegio Palestina, de Palomares, extendiendo su acción hacia los vecinos del sector. Son ellos quienes están promoviendo el cambio de mentalidad que hoy se necesita, motivando a la comunidad a separar desde el origen los residuos que generan.
Para el Seremi de Medio Ambiente, Richard Vargas, esto se explica fundamentalmente por la amplia gama de proyectos medioambientales hoy en curso en la Región del Biobío y que han contado con el apoyo del Gobierno Regional. “Sabemos cuánto vale el proyecto y de seguro podremos llevarlo adelante a la brevedad. Somos la Región mejor preparada dentro de lo débil que estamos a nivel país. Llevamos cinco años haciendo campañas de reciclaje electrónico y de residuos voluminosos. Tenemos la mayor red de colegios certificados ambientalmente y muchos más postulando este año. Se acaban de cerrar los concursos de ‘Recicla en tu escuela’, con 73 proyectos presentados en el país y 23 en Biobío. Tenemos una acción coherente, porque la cadena es coherente. Y a la base de todo, una fuerte organización de los recicladores en cada comuna, además de la primera Asociación Gremial de Recicladores de base del país. La industria para el reciclaje tendrá de parte nuestra todo el apoyo y respaldo. Pero no toda la gestión ambiental pasa por recursos económicos, sino también por voluntad. Debemos hacernos responsable en la gestión de nuestros residuos. Como comunidad no tenemos conductas responsables. Le pedimos a las autoridades, a los políticos, al empresariado, que tengan conductas responsables, pero nosotros como sociedad chilena no la tenemos”. Ahí está la base, ¡despeguemos de una vez!
 

Claudia Carrillo, recicladora de base de Hualpén: “Reciclar es dar una segunda vida”

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Claudia Carrillo y Enrique Dominguez, presidenta y vicepresidente de la Asociación gremial de recicladores de base de la Región de Biobío
Su historia es la de muchas mujeres que nacieron líderes y que nunca lo supieron hasta que la vida les dio el espacio para demostrarlo. Hoy, como presidenta de la primera Asociación Gremial de Recicladores de Base de la Región del Biobío, y presidenta de la Agrupación de Recicladores de Hualpén, sabe que tiene un rol importante que cumplir luego de la entrada en vigencia de la ley REP, y que está haciendo historia, aportando con su entusiasmo al desarrollo de una cultura del reciclaje en Chile.
Colegios, empresas, casas particulares, puntos limpios y jardines infantiles son los lugares que cada día recorre Claudia Carrillo en su triciclo, retirando los desechos que de otro modo llegarían a los vertederos municipales. Su máximo orgullo es haber participado de la ceremonia de promulgación de la primera ley de reciclaje en Chile, que reconoce a los recicladores de base como el eslabón básico en la cadena de recuperación de residuos. “Esto ha sido un gran triunfo para todos nosotros, y por eso estamos adelantándonos a lo que se viene, preparándonos adecuadamente para hacer nuestra tarea tal como lo exige la normativa”.
Contrariamente a lo que muchos pudieran suponer, para ella el reciclaje no es sólo una forma de ganarse la vida. “Quienes estamos en este oficio tenemos claro el aporte que implica nuestro trabajo. La mayoría está muy comprometida, trabajamos muy organizados y cada día son más los kilos de desechos que se retiran desde los puntos limpios. Ahora lo que falta es que la gente tome más conciencia acerca de sus propios residuos, pues aún son muy pocas las personas que separan su basura. Al menos así lo vemos en Hualpén, por ejemplo, si tenemos 200 casas, no creo que sean más de cuatro las que separan”.
“Reutilizar es dar una segunda vida”, dice el volante que confeccionaron como agrupación y con el cual difunden sus números de contacto (976815040) para el retiro a domicilio. ¿El llamado? “Separa, junta, lava y seca”. Ésa es la tarea que se nos pide, y a la que hay que darle urgencia.

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

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