“Yo soy el que soy, no más”: ¿Y qué le pasó a Bolívar Ruiz…?

El abogado experto en derecho ambiental nunca esperó tanta virulencia por el caso de HidroAysén, sobre todo en Concepción, su tierra por adopción y dónde ha criado a sus siete hijos. Forzado por las circunstancias, botó 40 años de militancia socialista. Le duele y lo admite. Para él -y partiendo por sus ahora ex camaradas- lo que hay es una profunda falta de información, y “hasta de hipocresía” en pedirle al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental más de lo que realmente es. Hablamos con él en Coyhaique, y en Concepción hurgamos entres amigos y detractores. De roca, dicen que es, y  fiel, como muy pocos, a su servicio público.


De roca,  dicen  que es este abogado de 62 años, hoy expuesto al canibalismo del PS que aboga por una Patogonia sin represas. Y aunque es perspicaz y le bastan pocos datos para hacerse un cuadro social de lo que se avecina, no se esperaba la pifiadera ni las amenazas ni los gruesos epítetos por visar el proyecto HidroAysén que pudo rechazarse en la fase temprana, en 2008, bajo el mandato de Michelle Bachelet.
Era una facultad de la autoridad ambiental de turno, tan socialista como él, “y no lo hizo”, dice Bolívar Ruiz Adaros. Porque en  el escenario de Coyhaique, esta vez, -aclara- no era el momento de poner marcha atrás, sino visar si el proyecto cumplía o  no con la normativa vigente y si se hacía cargo o no de los impactos que provocará.
Sus cercanos aseguran que se sobrepondrá al linchamiento público, tal como hizo cuando un bus embistió el auto en que viajaba la familia y junto a sus tres hijos pequeños vieran morir a su primera mujer, Angélica Moore. Hoy es padre de 7 hijos. O cuando fue a la Universidad Internacional de Andalucía, España, bajo condiciones extremas durante 6 meses para obtener su Magíster en Derecho Ambiental.
Y es que conserva  -dicen- la fuerza del remero olímpico en la Laguna de San Pedro; una personalidad explosiva e impaciente, y un “aguante” para la pega como pocos.
Algunos le critican ser poco “transador”. Y otros le celebran ese particular modo suyo, medio en serio medio en broma, de decir las cosas: Como en 1990, cuando la Intendencia del Bíobío preparaba un viaje a Italia para hermanar la Región con la de Emilia Romagna. En la comitiva viajaría Antonio Deij, dirigente provincial de la CUT, quien le requirió algunos consejos para lo que sería su primer viaje a Europa. Cuentan que en 2 ó 3 oportunidades se acercó a Ruiz, por entonces  jefe de gabinete del intendente Adolfo Veloso Figueroa, y éste, ocupado como estaba, le pidió paciencia  y lo despidió con un  “¡no te preocupes, (en el viaje) te voy a botar hasta los chanchitos…!”.
De La Serena es Bolívar Ruiz -el segundo de cinco hermanos, todos profesionales- hijo de un empleado del BancoEstado y una dueña de casa enamorada de la poesía y de Vicuña, su pueblo, como Gabriela Mistral, que atravesaron medio país para instalarse en Arauco. A los 22 años, este ex alumno del Liceo Enrique Molina, aficionado a la historia de griegos y  romanos, ya se había recibido como abogado en la U. de Concepción y luego de un fugaz paso por la Tesorería y Servicio de Impuestos Internos, tras el golpe se dedicó a “cosas tributarias y de cobranza”.
A la conducción de la Conama regional llegó en 2005, y bajo el gobierno del presidente Lagos y del intendente Jaime Tohá, paralizó el proyecto de la celulosa Nueva Aldea, porque se estaba construyendo de acuerdo con parámetros que no eran los que se habían aprobado. “Tuvimos que paralizar  la construcción y obligar a la empresa a presentar un nuevo estudio que reflejara lo que realmente se estaba construyendo”, evoca.
Y no trepidó tampoco en anular el permiso ambiental del proyecto “borras asfálticas” que implicaba almacenar residuos industriales en la Mina de Schwager. El titular incumplió, de manera reiterada, dijo por entonces, con las condiciones bajo las cuales se le autorizó el depósito.
Por  esa calidad profesional,  a los profesores Oscar Parra y Alberto Arrizaga, socialistas como él y -con las cuotas al día, recalcan- no les ha gustado nada el trato indigno al amigo  por gente “que ni siquiera se la jugó en dictadura” o “no esté técnicamente capacitada” para criticar a quien bien podría ser ministro del Medio Ambiente  en cualquier gobierno.
Ni siquiera el error de haber pedido “suspensión” en vez de renunciar al PS, justifican el trato porque, coinciden, resolver  problemas ambientales del país “es una cuestión transversal” y el terruño no está preguntando “si el que me va a salvar es de derecha o izquierda”.
“Desde el punto de vista ambiental, hay temas como país que hay que sacar adelante y él es demasiado leal con su servicio y con la verticalidad del mando que implica ser funcionario público”, dice Oscar Parra. O, como afirma Alberto Arrizaga: “Lo que está protegiendo este campeón es la sociedad del futuro”.
-Sinceramente ¿no previó que su voto a favor de HidroAysén le ocasionaría problemas políticos? ¿Intentó hacer algo para que no se diera el escenario en que está hoy?
Evalué que esto podía complicar al PS, pero como siempre hay distintas maneras de interpretar un hecho… estimé que era necesario, por lo menos, pedir una suspensión de mi militancia. Pensé que eso daba al partido más libertad y así yo no sería motivo de discordia  y podría cumplir mejor mis deberes funcionarios y técnicos.
La pedí (suspensión)  a través de una carta al presidente regional del partido, Dante Gebauer, antes de viajar a Coyhaique. No me contestaron la carta, pero supe por amigos militantes que se había planteado que lo que yo solicité no estaba dentro de los estatutos, que no cabía esa figura de la suspensión y que, por lo tanto, lo que procedía era pasarme al Tribunal de Disciplina del partido. Lamentablemente, no calibré la profundidad de la crisis y esto fue creciendo, a final, lo más racional y doloroso al mismo tiempo fue presentar la renuncia.
-Quizás los problemas venían de antes, por haber aceptado trabajar con un gobierno de Derecha.
Opté hace muchos años por tener un proyecto de vida de profesional especializado en el área ambiental. Y eso lo voy a seguir haciendo y, por lo tanto, me preparé, hice posgrados,  y por eso me quedé donde me quedé. Contrario a lo que se dice, quiero aclarar que con fecha 25 de febrero dejé mi renuncia en la mesa de las nuevas autoridades.
-¿Por qué se quedó?
Primero por el terremoto. Hubo funcionarios bien complicados, de hecho una funcionaria fue sobreviviente, del piso 13, del edificio Alto Río; otros tuvieron problemas con el tsunami, y después porque había que echar a andar la nueva institucionalidad y se me pidió que hiciera uso de mi experiencia para no tener grandes problemas en la Región. Lo cumplí y se fue extendiendo el tiempo. De hecho, ya me estaba cuestionando mi permanencia en el cargo, pero hoy ya no tiene ninguna importancia referirse a eso, porque cualquier persona puede decir: “Ahora se está intentando blanquear”.
-En la Octava Región usted tiene compañeros militantes que en su momento apoyaron proyectos energéticos  muy cuestionados por la ciudadanía ¿o no?
Ese es un punto que me sorprende sobremanera, y por eso yo no calibré bien la virulencia de la reacción por HidroAysén. Creo que esto va más allá  de un interés ambiental. Me da la impresión que  esto sobrepasó el estrecho marco de la evaluación de impacto ambiental y se transformó en un problema político. Y en ese contexto yo no he participado porque, sencillamente, no era mi papel. Los motivos y las razones que esgrimí -y lo sigo haciendo en torno a la resolución del proyecto- están exclusivamente circunscritos al ámbito de la evaluación técnica ambiental  y del cumplimiento de la normativa que corresponde aplicar a ese tipo de proyectos. No hay que pedirle más al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA). Creo que hay mucha falta de información y al mismo tiempo  hipocresía en pedirle al SEIA más de lo que realmente es. Cuando se habla de que Chile necesita energía pero no a ese precio, esas son políticas energéticas que no corresponde resolver a un servicio público del Estado  y que además tiene facultades que son muy acotadas en la ley. No le corresponde resolver sobre las políticas energéticas del país o sobre quién tiene los derechos de agua; o si acaso es escandaloso o no  que la mayoría de los derechos estén en unas pocas manos. Esas son materias que escapan al SEIA y que, sin embargo,  la  gente por falta de información -y actores políticos, que deberían saberlo- le piden siempre más de lo que pueda dar.
-Usted declaró que está tranquilo, “porque no había otra posibilidad que aprobar este proyecto”. ¿A qué se refería?
Fue lo que dije en la resolución: que el proyecto tenía complejidades no resueltas por los titulares cuando se presentaron, y que esas complejidades fueron paulatina y progresivamente resueltas por las observaciones y las exigencias de los 37 servicios públicos consultados durante todo el proceso de evaluación. Y, por lo tanto, lo que le corresponde al SEIA es hacerse cargo de esas observaciones de los servicios públicos, de las observaciones ciudadanas y comunicarlas al titular. Eso se hace a través de instrumentos bien precisos. Es un procedimiento acotado, con plazos específicos y por eso cuando se llega al final del proyecto, éste acreditaba el cumplimiento de la normativa ambiental.
-Pero, justamente, de eso es  lo que duda la gente, de ese cumplimiento…
Había 11 permisos ambientales sectoriales informados favorablemente,  incluyendo los de la autoridad sanitaria. Se acreditaba el cumplimiento de la normativa ambiental buena, mala,  insuficiente, ese es un juicio que escapa a las labores del SEIA, y el proyecto, merced a las exigencias y las condicionantes de aprobación que le hicieron los propios servicios públicos, cumplía con la normativa ambiental y se hacía cargo de los impactos. Se puede discutir que las medidas son insuficientes, que son excesivas, que  la empresa va a tener que pagar más, hay para mucho. Pero plantearse el tema de las represas de HidroAysén, o cualquier represa grande, porque en esta Región viene otro conjunto de represas que son las de Río Cuervo, es un profundo error. No ayuda al país. Lo único que hace es exacerbar los ánimos y generar este tipo de problemas que  podría manejarse si el país realmente tuviera una política energética y un ordenamiento del territorio. Si se respetaran los niveles regionales, si realmente se consultara a la comunidad en fase temprana, como hoy con la modificación legal sí se puede, pero en aquél momento (2008), se aplicó la ley que había que aplicar no más.
-¿Fue el gobierno anterior el que no puso objeciones al proyecto?
Lo que está claro es que el proyecto pudo haberse rechazado en la fase temprana porque faltaban los antecedentes a los que aludí al comienzo. Eso era una facultad de la autoridad ambiental y no se hizo. Eso pasó en el 2008-2009. Así de simple. Eso, ahora, no se podía arreglar porque el procedimiento de evaluación de impacto ambiental tiene plazos muy acotados. Los abogados entendemos muy bien esto porque es una parte esencial del derecho procesal. Éste da una ventana de tiempo en la cual uno puede hacer peticiones, aclaraciones o exigencias. Cuando se pasa esa ventana, pasó la oportunidad. El SEIA es igual. Hay momentos en que la autoridad puede requerir el rechazo anticipado de un proyecto, y ese momento fue en 2008-2009. Y hay momentos en que ya no cabe hacer eso sino simplemente verificar si se cumple o no con la normativa, y si el proyecto se hace cargo o no de los impactos que provoca.
-¿Este proyecto no se retiró y se volvió a instalar en el Gobierno de Sebastián Piñera?
No, empezó en julio o agosto de 2009 y culminó en el gobierno que siguió.
-¿Nunca HidroAysén retiró el proyecto?
No, se suspendió en varias ocasiones, precisamente porque los servicios públicos requerían mayores informaciones y hacían mayores exigencias. Suspender no es lo mismo que retirar. Suspender está contemplado en el mismo procedimiento, es como que se pare el reloj, y eso le da tiempo al titular para entregar los antecedentes que le exigen los órganos del Estado.
-¿Alcanzó a conocer el proyecto, como para tomar una decisión realmente informada?
Esa pregunta tiene una doble respuesta. La primera es que yo no llegué a Coyhaique como un Superman, como una especie de interventor. Lo más racional que tuve que hacer fue confiar en el trabajo técnico que desplegó el equipo de profesionales del Servicio de Evaluación Ambiental de Aysén, que llevaba más de tres años trabajando en el proyecto, y confiar en los informes técnicos emanados de los ya 37 nombrados órganos del Estado. Yo no podía llegar a descubrir la pólvora de nuevo. Ahí estaban todos los antecedentes.
Hoy, conozco mucho más del proyecto a cuando llegué, obviamente. Yo fundamenté  mi voto en el expediente administrativo del proyecto, en los antecedentes técnicos que  tenía el estudio, en los antecedentes técnicos exigidos por las autoridades, en la consolidación de ese trabajo y en las visaciones técnicas y en los informes legales de los servicios públicos consultados.

“Nunca me dijeron cómo tenía que votar”

-¿La intervención del ministro del Interior, pocas horas antes de la votación, fue una presión para los miembros de la comisión?
Eso es bueno aclararlo, a mí nunca me dijeron cómo tenía que votar. Nadie me pauteó. Después de tantos años trabajando en el sistema y con proyectos que fueron también muy conflictivos, a mí no se me ocurriría que alguien me dijera cómo votar. Yo me basé en los antecedentes que había. Y en ese momento tampoco sabía qué había declarado el ministro porque estaba tan ocupado con la preparación de la sesión, así es que no me preocupé de los medios. No supe sino hasta después cuando se generó la polémica.
-¿Considera que fueron inoportunas sus declaraciones?
No voy a opinar políticamente porque sería mezclar las cosas. Yo quiero que queden claros los puntos de vistas en que se basó mi votación en este proyecto.
-¿Usted cree que le están pasando alguna cuenta?
Probablemente. No sé, creo que puede haber factores políticos y humanos. Uno nunca sabe dónde puede haber dejado heridos en el camino o dónde pudo haber provocado algún daño. Pero tampoco estoy arrepentido de lo que hice. Actué tal como lo había hecho antes en otros proyectos. Desgraciadamente, me tocó una coyuntura muy especial con HidroAysén, porque despierta muchas pasiones y de cierta forma se transformó en perno guía o  guía maestra de las inquietudes ambientales y políticas de la coyuntura.
También, desgraciadamente y sin quererlo, sin pensarlo, me vi metido en algo que yo nunca esperé. Pero cuando uno tiene un desafío técnico y ambiental, tiene que asumir. Yo era el único director que podía asumirlo. No quiero ser tan pretencioso, pero soy el más viejo, el que tiene más experiencia y venía el plazo legal que se vencía el 16 de mayo. Se corría el riesgo cierto de que la empresa pidiera silencio administrativo y obligara a aceptar el proyecto tal cual como lo presentó. Ya he dicho que el proyecto tiene complejidades y deficiencias que fueron exigidas por los servicios públicos. Entonces, tuve que asumir y lo hice concientemente de las dificultades, aunque le reitero: nunca esperé tanta virulencia, sobre todo en Concepción y en mi contra.
-Las críticas más fuertes no han sido de todos los penquistas, sino de sus compañeros de partido…
Probablemente con algunos de los que compartí; el partido tiene miles de militantes. Ahora,  también me han llamado varios para decirme que discrepan de mi posición, pero que me respetan como militante y como amigo. Esto es complejo, pero es peor arrancarse de las coyunturas que la vida le pone a uno.
-¿Su renuncia es con elástico?
No. No quiero ser motivo de discordia, de disenso o de conflictos al interior del Partido Socialista. Pienso que el partido tiene desafíos mucho más grandes que el problema que le generó uno de sus miles de militantes. Ya dije: no estoy para provocarle problemas al partido en el que  milité desde 1968.
-¿Y qué pasa con las ideas, con las convicciones?
Tomé esta decisión con bastante dolor, pero eso no significa que dejo de ser socialista, porque los ideales y las convicciones no me los pueden quitar. Yo no voy a cambiar de opinión, yo no voté por el Presidente Piñera, ni me voy a cambiar de partido ni nada por el estilo. Yo soy el que soy.
-¿Piensa también renunciar a su cargo?
-No se me ha pasado por la cabeza, no lo tengo previsto y no pienso hacerlo, menos en este momento. Tampoco nadie me ha pedido que me vaya, a pesar que yo, le reitero, presenté mi renuncia en dos ocasiones. En algún momento tendré que dejar el cargo igual, porque no espero morirme ni jubilar acá. Hay otros desafíos tanto o más interesantes que ese cargo. Lo que sí voy a seguir siendo es un profesional, un abogado especializado en temas ambientales y, además, voy a seguir trabajando en lo que sé, porque tengo hijos estudiando y tengo que mantener una familia. Eso evidentemente no me lo pueden quitar.
-¿Se construirá HidroAysén? ¿Cuál es su pronóstico?
No lo sé. Y ahí hay otro tema, el proyecto tiene un plazo de ejecución que supera los 10 años. A lo mejor ni siquiera estamos en este mundo cuando el proyecto empiece a hacerse. Queda mucho camino por recorrer. Yo una vez dije en un lenguaje no muy elegante, pero creo que es muy gráfico, que la decisión que tomó la comisión evaluadora de Aysén es como el paseo de la cueca:  ni siquiera le alcanza para hacer la primera vuelta, porque quedan todos los recursos de reclamación que pueden presentar tanto los titulares del proyecto como quienes se oponen a él. Y queda también una amplísima gama de recursos judiciales; por lo tanto creo que va a pasar un buen tiempo antes que se aclare cómo va a quedar el proyecto. Porque en el transcurso, aparte de resolverse el tema legal, también puede suceder que se produzcan conversaciones entre la empresa y algunos detractores para lograr acuerdos y ahí entramos al mundo de las especulaciones. Lo único claro es que éste es un proyecto de largo aliento.

“La Región tiene que redefinir sus áreas industriales”

-¿Cuáles son los problemas ambientales que usted vislumbra en el corto o largo plazo en la Región del Bíobío?
Desde el punto de vista ambiental, tiene que resolver los temas de manejo integrado de la zona costera. Yo soy  partidario de que en los planes de relocalización de esa zona se considere la dimensión ambiental, porque si no -al cabo de algunos años- vamos a caer en los mismos problemas.
-¿Qué hay que hacer entonces?
Considerar, por ejemplo, la existencia de humedales costeros, como Rocuant; Los Batros en San Pedro de la Paz, en Coronel también hay algunos humedales, el humedal Tubul- Raqui, que fueron afectados también por el terremoto y el tsunami en la provincia de Arauco.
Yo creo que la Región tiene que redefinir sus áreas industriales, tiene que conversar con la comunidad, con sus organizaciones representativas para reordenar el tema de las actividades productivas. Hablo de Concepción y de Los Ángeles, porque esta ciudad tiene una actividad productiva bastante fuerte y creciente; y lo mismo Chillán con la agroindustria. Todas las instalaciones industriales tienden -por lógica- a ubicarse a la salida de las carreteras y resulta que ahí los terrenos son también más baratos, y es donde el Ministerio de Vivienda compra para construir viviendas sociales. Ahí tenemos el conflicto, porque las fábricas van a estar rodeadas de poblaciones y las personas que vivan en esas poblaciones van a tener deteriorada su calidad de vida. Entonces, un segundo tema es sincerarse y bajo bases serias, con fundamento, ver cómo la Región del Bíobío retoma su senda de crecimiento y se pone a construir de forma ordenada sus actividades productivas.
Actividades productivas tienen que haber, porque si no la gente no tiene trabajo. Quien diga que queremos puro ambiente está soñando, está equivocado El tema es cómo obligamos a que esa actividad productiva sea lo más sustentable posible desde el punto de vista de la calidad ambiental. Cómo logramos que incluso, como pasa en Colombia, los barrios industriales estén a 10 ó 15 kilómetros de donde están las viviendas. Claro, la gente tendrá que viajar un poco más y demorar más para ir a sus lugares de trabajo, pero las emisiones y los impactos directos de esos sectores industriales no caerán en la población. Hay un tema de reordenamiento urbano que es fundamental  enfrentar en la Región del Biobío.
-¿Qué se hace cuando las industrias ya están instaladas en medio de la población?
Por eso digo que hay que establecer un diálogo constructivo entre los representantes de los gremios empresariales y ver cómo se reordena la ciudad. Yo creo que hay iniciativas interesantes de parte de universidades y de oficinas de arquitectos.
Las autoridades están considerando ese tema con el plan de reconstrucción. Ese plan es una oportunidad. Conozco a muchos consejeros del gobierno regional y ellos están preocupados de cómo potenciamos la Región sin afectar demasiado la calidad de vida de gente que no tiene por qué estar soportando las externalidades negativas de empresas que a ellos no les dan nada. Ese es el tema.

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
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